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Potencial vitícola

La DO Calatayud cumple 25 años buscando su espacio

Autor: Mara Sánchez. Imágenes: Archivo
Martes, 10 de enero de 2017
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Calatayud

Se cumplen 25 años desde la fundación de su consejo regulador y la DO Calatayud hace balance. Una zona prometedora que pivota sobre cooperativas que extraen toda la personalidad y el potencial de la uva garnacha.

Se cuenta entre las denominaciones de origen vitivinícolas más pequeñas de nuestro país porque son16 las bodegas que la conforman, pero también su historia como organismo vinícola tiene tan solo 27 años, aunque a sus máximos responsables les parezca una eternidad. La Denominación de Origen Calatayud data de 1989 y pasado este primer cuarto de siglo de vida ha sido en los últimos tiempos cuando sus vinos y bodegas empiezan poco a poco a recibir algunos frutos en forma de reconocimientos. No obstante, tienen muy claro que queda mucho por hacer a pesar de lo ya avanzado, pero ésta es una situación que a su vez enfrentan como un mundo de posibilidades. Y en ello están.

 

Es importante apuntar que lo que comenzó siendo una zona vinícola con más de 44.000 hectáreas de viñedo cuenta a día de hoy con una extensión que no supera las 3.800 hectáreas. Fueron los monjes cistercienses los que promovieron la plantación de la vid a finales del siglo XII, si bien es verdad que sus orígenes se remontan al siglo II a. C. (lagar en el pueblo celtíbero de Segeda). Pero fue la llegada de la filoxera a Francia lo que provocó que su cultivo de extendiera hasta superar aquellas 44.000 hectáreas, favorecido también por las buenas comunicaciones ferroviarias de Calatayud. Más tarde, en la década de los 60, los viticultores se unen dando lugar a las numerosas cooperativas que ha habido en estas tierras hasta hace muy pocos años.

 

Cambio y evolución

 

[Img #11769]En este momento, de las 16 bodegas que ampara la denominación ya solo cinco son cooperativas (SAT Niño Jesús, San Gregorio, San Alejandro, Cooperativa San Isidro y Virgen de la Sierra) lo que da una idea del gran cambio que se ha producido en su seno y que además ha resultado determinante para la evolución que ha protagonizado; la uva ha ido ganando valor, se dedica mayor atención al trabajo en el campo y la calidad se ha ido imponiendo sobre la cantidad de la mano de los nuevos bodegueros-viticultores. Argumentos que coincide en señalar José Félix Lajusticia, actual presidente de la denominación pero antes que nada viticultor (miembro de la cooperativa de Munébrega, uvas que elabora en exclusiva Jorge Ordóñez) y hasta nueva elección, también vocal del Consejo Regulador.

 

Es esa nueva hornada de profesionales jóvenes, ya sean viticultores, bodegueros o enólogos, están quienes parecen tener claro que solo por la vía de la identidad y la calidad podrán hacerse con un hueco en un mercado cada día más competitivo. A su favor cuentan entre sus compañeros de viaje con Jorge Ordóñez, con los vinos de Bodegas Breca (Garnacha de Fuego y Breca, su etiqueta top), y los hermanos Gil (Bodegas Juan Gil), con Bodegas Ateca (Honoro Vera; Atteca, y su premium Atteca Armas). Dos nombres de referencia en el panorama nacional e internacional y, por ende, positivos reclamos cuando se trata de los vinos de estas tierras aragonesas. Valores seguros que sin duda sirven de gancho a esta denominación.

 

Junto a estas dos destacadísimas firmas, también sobresalen los vinos Baltasar Gracián, de la Cooperativa San Alejandro (representa un tercio de la denominación en cuanto a viñedo pues dispone de 1.300 hectáreas divididas en 1.600 parcelas), donde cuentan desde hace cuatro años con un nuevo, joven y experimentado equipo técnico al frente, responsable de interesantes elaboraciones como Las Rocas 2013, una garnacha seleccionada que se caracteriza por un carácter mineral. Y luego están los vinos de Bodegas Langa, en este caso una firma familiar con el joven César Langa en la dirección técnica y enológica, empeñado en lograr que el Consejo Regulador prohíba el uso de levaduras foráneas al tiempo que en la bodega están llevando a cabo intensos y minuciosos trabajos con las levaduras autóctonas seleccionadas de sus viñedos. Embotellan al año en torno a un millón de botellas, donde incluyen un cava, vino ecológico de Aragón y algo de biodinámica que aún no certifican como tal. Además, también es suyo el vino que conquistó el paladar de la famosísima actriz americana Sarah Jessica Parker, protagonista de Sexo en Nueva York. Ella misma hizo su aportación a la zona recomendando un vino de Calatayud (Siendra) que le había dado a probar un amigo. Buena publicidad a pesar del malestar que la noticia generó en el seno del Consejo al ser un vino de estas tierras, pero no etiquetado como D.O. Calatayud.

 

El resto de bodegas inscritas son negocios familiares con varias generaciones a sus espaldas como Bodegas Agustín Cubero; Esteban Castejón; Bodegas y Viñedos del Jalón; Valdepablo y Colás Viticultores, a los que se suman pequeños y recientes proyectos como Lugus, Augusta Bílbilis y Bodegas Guerrero Sebastián.

 

En la actualidad, el 85% de los vinos de Calatayud se venden en exportación, aunque en lo que al panorama vinícola nacional respecta tienen dos cosas a su favor: una uva autóctona, la garnacha, que desde hace unos años está de moda y todo el que puede la elabora, y por esa misma razón cuentan, si no con el absoluto beneplácito, con una crítica entre receptiva y entregada.

 

[Img #11768]Como ellos mismos apuntan es su mayor patrimonio, por lo que representa en torno al 63% del viñedo de la denominación, con plantaciones que en muchos casos superan los 50 años de edad (lo que en la zona se considera viña vieja pues así la catalogan a partir de los 35 años). La mayor parte del viñedo está situado en zonas de altura –entre 550 y 1.100 metros de altitud– y en terrenos de elevada pendiente lo que favorece su aireación, aunque eso exige que la mayor parte de labores se realicen de forma manual. Es una orografía complicada, en las estribaciones del Moncayo y con una red hidrográfica formada por diversos afluentes del río Ebro, como el Jalón o el Jiloca. Su clima es continental, con inviernos fríos y veranos calurosos, de cinco a siete meses de heladas,  una media de temperatura anual alrededor de 13º y grandes diferencias entre el día y la noche, “unas circunstancias que han favorecido que desde el año 88 aquí no se haya dado el mildiu gracias a esas bajas temperaturas nocturnas”, explica Lajusticia.

 

La denominación abarca la parte más occidental de la provincia de Zaragoza, a 87 kilómetros de la capital y lindante con las provincias de Soria, Guadalajara y Teruel. Desde el punto de vista geomorfológico, es una reproducción en miniatura de la cuenca del Ebro con tres unidades diferenciadas: las sierras exteriores, el interior de la fosa y el piedemonte. La vid convive con abundantes plantaciones de almendros, cerezos y olivos en las partes más altas, mientras los frutales aparecen en las vegas de los ríos. En cuanto al tamaño de las fincas la media ronda los 6.500-7.000 metros, y en sus suelos hay amplia variedad en función de la localización, si bien son cuatro los principales tipos en los que se dividen: calcáreos (caliza), pedregosos (canto rodado), pizarrosos y arcillosos. “Las zonas de mayor concentración de viñedo son los municipios de Cervera de la Cañada y Miedes de Aragón, y aunque no etiquetamos como ecológico la agricultura que practicamos así puede ser considerada”, apunta el presidente. Y si bien admiten que les faltan muchas cosas por hacer, también aseguran que las ideas están y entre ellas aspiran a hacer vinos de pueblo además de a zonificar el viñedo llegado el momento.

 

Junto a la predominante garnacha tinta, cultivan también tempranillo, que representa en torno a un 18% de la viña, seguido de syrah, y en menor cantidad mazuela, merlot, cabernet sauvignon, bobal y monastrell. En cuanto a variedades blancas (solo el 8% de la superficie total), domina la viura que complementan con garnacha blanca, malvasía, chardonnay y gewürztraminer, pero todas muy minoritarias.

 

 

 

 

[Img #11767]Inicios bodegueros

 

Históricamente, las bodegas de Calatayud con más de 250 años de historia fueron excavadas a mano por sus fundadores y orientadas hacia el norte para conservar humedad y temperatura. En aquellos inicios, cada viticultor elaboraba sus vinos con el raspón y fermentaba tras el pisado previo de las uvas. Terminada la fermentación, el vino se introducía en depósitos de cemento o en barricas de cerezo de hasta 1.500 litros. Luego eran los compradores los que fijaban el precio por cántaras, y así seguiría funcionando hasta que surgieron las primeras cooperativas.

 

 

 

 

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2 Comentarios
Fernando Escolano
Fecha: Miércoles, 11 de enero de 2017 a las 22:17
Tuvieron una presentacion aqui en Madrid y ademas que no pudieron entrar profesionales yo les comente el problema y ni si quiera se dignaron a contestarme , soy aragones y eso para mi doble falta. Nunca he vuelto a consumir sus vinos , hay mas y hay una cosa que se llama educacion. Asi no se puede estar en una D.O de categoria.
maluenda
Fecha: Miércoles, 11 de enero de 2017 a las 20:39
Bodegas y viñedos del jalón empresa familiar....gracias por el reportaje pero hay otros ecologistas y actores que no aparecen en el artículo.

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