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Prima la materia

Conoce más sobre la remolacha, energía en clave rosada

Autor: Álvaro López del Moral. Imágenes: Aurora Blanco
Miércoles, 11 de julio de 2018

Vigoroso y conveniente, este vegetal constituye un excelente antioxidante natural, así como una eficaz ayuda para nuestra salud sexual. Pariente de la acelga y la espinaca ha encontrado su lugar en la cocina de filigrana.

¿Súper alimento recomendable a todos los públicos o sorprendente aporte energético, especialmente adecuado cuando se trata de combatir la fatiga y la disfunción eréctil? En cualquiera de los dos casos, el caudal de beneficios saludables derivado del consumo de remolacha resulta, por lo menos, desconcertante, y vuelve a poner de manifiesto que, en la mayoría de las ocasiones, el remedio a muchas dolencias humanas se encontraba ya desde hace milenios en nuestro propio planeta. Considerada como el viagra natural por excelencia, esta humilde hortaliza, pariente cercana de la acelga y la espinaca (cuyo contenido en hierro, por cierto, palidece frente al de nuestra protagonista de hoy) esconde bajo el arrebolado aspecto de su raíz un extenso catálogo de bondades que convierten su ingesta habitual en un hábito muy indicado para quienes pretendan sobrellevar los sinsabores mundanos con vigor y lozanía.

 

Efectivamente, el consumo de remolacha es altamente beneficioso para la salud sexual gracias a su contenido de óxido nítrico, que ayuda a que los vasos sanguíneos se dilaten y aumenta la circulación, disminuyendo, al mismo tiempo, la presión arterial. Su pigmento natural de color intenso puede aportar un inmejorable servicio a nuestro organismo. De hecho, según un reciente estudio de la Universidad del Sur de Florida, en Tampa, este compuesto es un eficaz agente contra la formación de placas de beta-amiloide en el cerebro, lo cual llegaría a ser muy útil en la prevención precoz y el tratamiento del Alzheimer. A todas estas propiedades es necesario sumar el elevado índice de nutrientes, fibra y fitoquímicos presentes en las hojas de dicho vegetal, que lo convierten en un hercúleo titán del reino hortofrutícola.

 

Ligera y versátil

 

En el ámbito culinario este producto goza de una larga tradición, proveniente de los tiempos del Imperio Romano durante su dominio del Mare Nostrum. Al principio los antiguos pobladores de la cuenca mediterránea consumían solo las hojas de la primitiva Beta maritima, acelga marina o acelga bravía, originaria del Norte de África y que ya se cultivaba hace 4.000 años. De esta primitiva especie se desarrollarían con posterioridad la acelga, con abundante follaje, y la remolacha, cuya carnosa raíz era utilizada inicialmente como remedio medicinal o fármaco en forma de ungüento, contra los dolores de muelas y cabeza. En la actualidad, su sabor semi dulce se encuentra perfectamente integrado en nuestra dieta, siendo muy habitual encontrarla formando parte de ensaladas a las que aporta colorido (pero añadida instantes antes de su presentación en mesa para no manchar el resto de los vegetales), asada al horno o incorporada a cremas, lasañas, ensaladas y guarniciones de todo tipo.

 

Naturalmente, en todo momento nos estamos refiriendo a la variedad de remolacha de mesa, que se conoce con toda propiedad como Beta vulgaris. Aunque en el mercado podemos encontrar también las modalidades de remolacha forrajera, destinada a alimentación del ganado, y azucarera, de cuyo jugo se extrae un sólido de glucosa muy apreciado por gourmets y connoisseurs. Empezó a comercializarse a principios del siglo XIX desde una fábrica en Cunern (Polonia). Pero los bloqueos que durante este período realizaban los ingleses a ciertos productos del continente obligaron rápidamente al emperador francés Napoleón a plantar en su país más de 30.000 hectáreas de este ubicuo vegetal, creando asimismo cerca de 40 fábricas repartidas por toda Europa, desde Dinamarca hasta Rusia y Austria. En la actualidad, el consumo de la variedad de mesa está muy implantado en países de la franja templada del planeta, mientras que en el caso de la remolacha azucarera nuestros vecinos franceses se alzan con la palma productiva internacional por goleada, a considerable distancia de Rusia y Estados Unidos.

 

Es preciso constatar que, pese a su elevado contenido en azúcares, la remolacha constituye un excelente aliado en la lucha contra el sobrepeso, puesto que solo proporciona 40 calorías por cada 100 gramos consumidos, y resulta un eficaz depurativo al contener fibra, ácido fólico y vitaminas del grupo B que contribuyen a la pérdida de líquidos.

 

A la hora de acudir al mercado y comprarlas con criterio debemos verificar que las piezas adquiridas mantengan una piel lisa y tersa, con aspecto redondo y carnoso, firme al tacto, en tonalidades de rojo intenso. Las hojas, por su parte, deben permanecer verdes y tiernas, denotando una cepa joven. Las remolachas deben conservarse en el refrigerador, sin lavarlas, en el interior de bolsas aislantes y separadas de las hojas ya que estas absorben el agua de la raíz. En estas condiciones aguantarán unas dos o tres o semanas. No hay que congelarlas nunca, ya que se reblandecen y pierden su textura.

 

 

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