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Un hombre del vino

Jean-Guillaume Prats, CEO de E & W, vino en los genes

Autor: Saúl Cepeda
Jueves, 20 de noviembre de 2014

Prats creció entre vino y, como no podía ser de otra forma, sigue formando parte de él. Hoy es el presidente de la división vinícola del mayor grupo de lujo del mundo, LVMH, un puesto que le permite tener una visión global como pocas.

No cabe duda que en el ADN del presidente de todas las bodegas del grupo de lujo LVMH (Moët Hennessy·Louis Vuitton) hay variedades de uva. Bisnieto, nieto e hijo de bodegueros y destiladores –con nombres tan memorables en la historia líquida de Francia como Château Margaux, Ginestet o Saint-Raphael–, Jean-Guillaume Prats (1969) fue, antes de su actual responsabilidad, la cuarta generación involucrada en la gestión de Château Cos-d’Estournel, empresa en la que comenzó a trabajar en 1995, y tres años después se convirtió en su presidente, coincidiendo con la venta de la bodega, hecho que no impediría que continuara siendo uno de los directivos más jóvenes del Médoc.

 

Este ejecutivo dinámico y competitivo (no por nada fue el deportista más precoz en representar a su país en competición oficial de juego de palma, campeón en varias ocasiones de la disciplina deportiva), recibió en 2012 la llamada de Christophe Navarre, mandamás de Moët-Hennessy –la división de vinos y destilados de LVMH–, para plantearle el desafío de dirigir todas las empresas y proyectos vitivinícolas de la multinacional, Estates&Wines. Cuando replicó que quizás Navarre requería un perfil más corporativo, “a alguien con un MBA en Harvard, quizás”, su futuro jefe le dijo: “lo que necesito es un hombre del vino”.

 

Desde entonces, Jean-Guillaume ha vivido en un terroir global que va de Napa Valley a la India (donde se desarrollan inesperados vinos espumosos), pasando por China, España, Argentina o Australia, respondiendo del estado de casas como Chandon, Cloudy Bay, Cape Mentelle, Newton, Terrazas de los Andes o Cheval des Andes. “Cuando uno conoce las bases de su trabajo, el resto es pragmatismo. Eso sí, en estas dimensiones no puedes hacerlo todo tú solo y debes confiar en la gente: cada bodega cuenta con un gran equipo y con mucha independencia para alcanzar sus objetivos de calidad. Yo me encargo fundamentalmente de que no tengan problemas para conseguirlos: financieros, de distribución, contables, de recursos humanos..., pero sin intervenir, obviamente, en cuestiones como la vinificación o la cosecha”.

 

Preguntado por el descenso general de consumo de vino en España, se muestra muy satisfecho con la proyección de Numanthia, bodega de referencia en Toro, una de las más prestigiosas del país, también propiedad del grupo, y señala que “si bien es cierto ese retroceso en volumen absoluto, es igualmente verdad que esto sucede entre los vinos de menor calidad: lo que se está perdiendo en términos cuantitativos, se está ganando en lo cualitativo”. 

 

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