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Toros con clase

Manuel Louzada y Numanthia, vinos de pasión y precisión

Autor: Luis Vida. Fotos de Álvaro Fernández Prieto
Lunes, 9 de marzo de 2015
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Toro

Llegó de Argentina para hacerse cargo de Numanthia, la joya española del grupo LVMH, y encontró en sus tintos un campo donde ejercitar su pasión por los vinos del Duero. El portugués ha encontrado en estos vinos un sueño que cumplir.

Son dos palabras que se repiten una y otra vez en el diálogo con Manuel Louzada, director y enólogo jefe desde 2009 de Numanthia, la bodega propiedad del grupo Louis Vuitton Moët Hennesy (LVMH), que cambió para siempre la imagen ruda de los tintos de Toro para ponerla en el mapa de los vinos de deseo. En esta entrevista desvelamos el camino que le ha traído hasta aquí y cómo ha ido evolucionando la interpretación de sus etiquetas.

 

La propiedad de Bodegas Numanthia pasó a LVMH en 2009, aunque los primeros contactos tuvieron lugar unos años antes. Seguramente, la multinacional del lujo tuvo fácil la elección. El currículum de Louzada parece ideal para hacerse cargo de la segunda etapa de un proyecto que vio la luz con la añada 1998, firmado por la familia Eguren de Rioja y avalado por el poderoso importador en EE.UU. Jorge Ordóñez. Nacido en una antigua familia bodeguera del Douro portugués, el directivo había estudiado en España y vivido un papel protagonista en el desarrollo del espumoso Chandon y de los tintos de finca Cheval y Terrazas de los Andes, en Argentina, una vez que el grupo desistió de su aventura en el cava.

 

Numanthia había sido recibido por el mercado estadounidense como uno de los grandes nuevos vinos españoles, el siguiente paso en el tempranillo. ¿Fue una gran responsabilidad tomar el timón con el cambio de propietarios?

 

Tomar el testigo de un vino con este prestigio es siempre un gran desafío. Creí que no debía hacer lo que yo sabía hacer, sino intentar entender el porqué de las decisiones que se tomaban y a dónde conducían. Tuve la fortuna de charlar mucho con Marcos Eguren y me sentí perfectamente identificado la primera vez que ensamblé el vino de la añada 2006. Sentí que tenía el conocimiento científico, aunque me faltaba la parte empírica, la experiencia.

 

Usted se inició en el vino en la bodega familiar, Messias, una casa mediana celebrada por sus Oportos de perfil clásico. ¿Qué hay de Oporto en Numanthia?

 

Crecí en el Douro y la pasión del vino me viene por esta conexión. Tras mi posgrado en enología en 1996 empecé haciendo oporto y, aun cuando era un estudiante en España, volvía allí los fines de semana para trabajar en la bodega familiar. Después era fantástico sentarse en casa, tomando el vino con castañas asadas en el fuego. Me encantan los tawny de 10 y 20 años de mi familia.

 

Mi abuelo me decía siempre que el mundo del vino es el mundo de la diversidad y me enseñó esa libertad: la expresión de cada región, que los vinos sean un reflejo del lugar de donde vienen sin estar atados a una fórmula… Eso es lo más divertido.

 

Fueron casi 10 años en Argentina, entre 1999 y 2009, primero a cargo de los espumosos de Chandon y luego de los tintos de Terrazas de los Andes y su evolución, Cheval des Andes, una joint venture con el Château Cheval Blanc de Burdeos. ¿Qué hay de esas aventuras en Numanthia?

 

Sobre todo, experiencia. Allí aprendí la precisión del ensamblaje. Tienes que estar absolutamente pendiente de detalles muy pequeños que marcan la diferencia. Fue un ejercicio complejo, y más viniendo de Oporto, donde catar el vino es como que te atropelle un camión, tan lleno está de fuerza y sensaciones.

 

Aprendí la diversidad de los terruños y las variedades. Qué decisiones tienes que tomar en cada momento para llegar a donde quieres, porque las escalas son muy distintas. Los viñedos en Argentina pueden ser 200 veces más grandes y una vendimia de Toro la podríamos hacer en medio día… Pero mi visión como enólogo siempre ha sido la misma: no “marcar” el vino y respetar las características de cada zona, independientemente de si es en el Viejo o en el Nuevo Mundo.

 

El gran momento del proyecto Numanthia inicial llegó cuando Jay Miller otorgó en febrero del 2007 los soñados 100 puntos del Wine Advocate a Termanthia 2004, el top de la bodega, un vino nacido de un único pago, Teso de los Carriles. ¿Volveremos a ver otro 100? ¿Cuál es el secreto para hacer un vino perfecto en Toro?

 

Soy enólogo, no hago milagros. Para hacer un vino grande es necesaria la mejor uva que puedas imaginar, conocimiento, pasión y cariño. En Numanthia, el equipo de viñedo participa en todas las catas durante la fase de elaboración de los vinos para entender cómo les afectan las decisiones que toman en la viña. Daniel del Río, el responsable de viticultura, es mi brazo derecho, casi como una proyección de mí mismo en cuanto a objetivos, filosofía y forma de trabajo. Pocas veces tienes la suerte de encontrar almas gemelas, gente que comparta contigo la visión y la pasión.

 

Mi visión como enólogo siempre ha sido la misma: no “marcar” el vino y respetar las características de cada  zona, independientemente de si es en el Viejo o en el Nuevo Mundo.

 

Es muy importante conseguir la máxima expresión del viñedo. Todos los enólogos del mundo te van a decir que tiene que haber equilibrio entre la cantidad de hojas y la de racimos y esto en Toro es crítico, porque la viña se expresa de forma dramática. Es vital que el racimo no esté nunca expuesto al sol, pues puede herirlo. La forma en que cicatriza la piel de la uva es acumulando unos taninos que pueden llegar a ser secos y agresivos. La protección del racimo preserva la frescura ácida y la de la fruta. En vendimia, tienes que respetar una secuencia cronológica, conectada al clima. Tienes entre tres y cinco días para definir el momento en el que tienes la fruta jugosa y fresca, las especias… y dos para vendimiar, a partir de ahí.

 

En bodega no soy muy intervencionista. Solo actúo en la maceración en frío y en la fermentación alcohólica, más o menos, hacia la mitad, cuando el alcohol rompe la pared celular de la uva liberando una gran cantidad de taninos. Hemos aprendido a reducir la interacción con el hollejo.

 

¿Un tinto, entonces, alejado de la imagen tópica que quiere que el Toro sea siempre poderoso y tánico?

 

[Img #6504]Tenemos que entender las distintas expresiones de cada microclima. Con unas 5.800 ha, de las que 1.600 son de viñedos viejos, Toro es una región pequeña. Los suelos arenosos no permitieron a la filoxera entrar su momento. Debajo, una cama de arcilla retiene la humedad y hace a la arena funcionar como una esponja. Algo perfecto en añadas, como 2012, en la que cayeron menos de 200 mm de lluvia. Luego, dependiendo de la zona, encontrarás más arena o más cantos rodados, que van a modificar la expresión. La zona de La Jara, Valdefinjas y Matalobos, que supone una franja de aproximadamente 20 kms al sur del Duero, produce unos vinos con una fruta tipo frambuesa, grosella, algo de mora, con mucha complejidad de especias y, en boca, con una carnosidad increíble y textura bastante grasa. Quizás porque por la noche hay una liberación de calor por parte de estos cantos que se han calentado durante el día. Tienes otras zonas, al norte del Duero, como Morales, El Palo o Argujillo, más arenosas en superficie, que dan vinos con fruta más fresca y una mayor profundidad. En los años frescos, pueden recordar al pomelo rosa y en boca tienen mucha “sucrosidad” con una textura un poco más delicada y taninos granulosos que no secan la boca.

 

¿Cómo se crean los ensamblajes?

 

Termanthia es un vino de pago único. Numanthia tiene tres, cuatro o cinco componentes y, al menos, un 85-90% de cada depósito viene de una viña individual. Estos depósitos “con identidad” se vinifican y envejecen por separado. El ensamblaje, de alguna forma, conjunta la expresión individual de estos terruños con la propia de Toro.

 

Una asignatura clave de los grandes vinos del mundo es su desarrollo en el tiempo…

 

El desafío mayor del enólogo es hacer vinos que sean accesibles hoy, pero con un potencial de envejecimiento de 20, 30 o 40 años. Termanthia es así y el 2010 estará impresionante para el 2040 pero, mientras los Termanthia buscan el equilibrio perfecto de todos los elementos, Numanthia tiene un punto de “tensión”. A mí me gusta con 8, 10 o 12 años, según añadas. Con demasiada botella no va a estar peor, pero va a perder un poco este sello de identidad.

 

¿Cómo ve el futuro?

 

Nosotros empezamos un camino pero no acaba ahí. Tenemos que seguir evolucionando. Mis vinos expresan una evolución personal. También cambia la interpretación de los elementos que tienes y la idea de ese equilibrio entre concentración y elegancia. Esta es la parte más bonita del fantástico ejercicio creativo que es el mundo del vino. Creo que estoy en un buen momento de madurez personal como para hacerme cargo de un vino del que, cuando hice el primer ensayo en 2006, me dije que era un sueño hecho realidad.

 

Cata de los vinos de Numanthia

 

 

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