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La estrella gastronómica escondida

Venta Moncalvillo

Autor: J.M.R.C.
Viernes, 2 de noviembre de 2012
Noticia clasificada en: Estrellas Michelin Gastronomia española

Este restaurante riojano, regentado por los hermanos Echapresto, es una de las estrellas Michelin menos conocidas. En su carta, clasicismo, modernidad y una excelente selección de vinos.

Ctra. Medrano, 6. Daroca de Rioja (La Rioja)
Tel.: 941 44 48 32.

 

Es, seguramente, la estrella Michelin más escondida entre las que llevan años brillando en nuestro cielo. Su ubicación en un pueblecito de La Rioja (Daroca) que apenas pasa de los veinte habitantes, y el poco afán mediático de los hermanos Echapresto, aquejados de una especie de activo ensimismamiento laboral, han hecho de la Venta de Moncalvillo una asignatura pendiente para muchos gastrónomos.

 

Estas circunstancias, sin embargo, no han anclado al restaurante en una playa vieja y solitaria. Al contrario, en sus propuestas teóricas y prácticas se advierte una modernidad latente fruto de la inquieta personalidad de sus dueños, que están orgullosos “de no venir de ninguna escuela” y de indagar en sus propias manías y costumbres familiares, pero no dejan de prestar oído a todo lo que se mueve en el mundo y de adaptarlo a su oferta. Algunas de estas incorporaciones han llegado de una manera natural a la casa de Ignacio (cocina) y Carlos Echapresto (sala), caso del gusto por lo eco y la despensa del Kilómetro Cero.

 

La convivencia de clasicismo y modernidad puede entenderse como una manera de estar discretamente al día, y así lo ponen de manifiesto los platos: cocochas de merluza, con su punto levemente baboso y un sabor fino; salmonete con puerros en salsa marinera, con acertado provecho de la cabeza del pez; la cremosa cigala laminada y la sardina marinada con vinagre de vino blanco de Rioja; el menos actualizado calabacín relleno de setas… El nivel sube mucho cuando nos adentramos en las reliquias actualizadas de la familia, como el carpaccio de manitas de lechón (al que le sobra el foie), la pechuga de pichón y unos morros con punto de picante perfecto que, por sí mismos, vuelven imperdonable seguir aplazando la visita a este bucólico restaurante.

 

> El vino recibe un tratamiento difícilmente superable.

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