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Fuerza volcánica

Vinos de Lanzarote, una completa erupción de sabor

Autor: Marián Campra García de Viguera
Martes, 22 de septiembre de 2015

Nacen entre ceniza y lava, se impregnan del océano y se crían suavizados por los alisios en una isla volcánica que divisa África. La centenaria malvasía, adaptada a una tierra casi desértica, deja unos singulares vinos blancos.

El día 1 de septiembre de 1730 se empieza a escribir la verdadera historia del vino en Lanzarote. Hasta entonces, el vino llegaba a esta isla sobre todo desde las bodegas andaluzas y algo de la isla portuguesa de Madeira. Fue entonces cuando las temidas erupciones de las Montañas de Fuego, que duraron unos seis años, dejaron a su paso la lenta lava y la negra ceniza esparcida por buena parte del territorio. Hasta entonces, solo se plantaba algo de moscatel para pasificarla. Los viticultores se dieron cuenta del potencial que había llegado de las mismas entrañas de la corteza terrestre, primero en forma de un ardiente magma y después, al asomar a la superficie, en lava. En la semidesértica ínsula, la ceniza volcánica, esparcida a golpe de erupción, tiene todas las cualidades para convivir con las viñas. La ceniza o rofe (así también le llaman en el lugar) guarda la humedad, protege del calor, es rica en minerales, magnesio y sodio. Además, el aire rocía y proporciona un toque salino gracias a los vientos marinos que soplan predominantes del Norte. Dos premisas que constituyen un verdadero paraíso para el cultivo vinícola, en especial para la siembra de la malvasía volcánica, una uva, una variedad autóctona adaptada por el paso de los siglos a las rudas condiciones climáticas lanzaroteñas. En los años siguientes a las erupciones se multiplican las zonas de viñedo. Cuentan algunas crónicas de la época que los pocos campesinos que había en la zona de La Geria, en el centro de Lanzarote, intentaron quitar con la ayuda de los camellos toda la ceniza que “había llovido del cielo”, pero ante tan titánica e imposible tarea, solo les quedó la posibilidad de hacer hoyos en la tierra cubierta por la ceniza y sembrar. Tres siglos después de las erupciones esta parte de la isla, conocida como La Geria, es la cuna del vino. Está enclavada en un Espacio Natural Protegido cubierto por un gran manto negro que contrasta con el cielo azul que envuelve a Lanzarote. Únicamente en la época estival, entre los hoyos, se divisan y salpican en el terreno las vides verdes antes de ser recogidas. La viticultura garantiza así un entorno sostenible con grandes valores medioambientales.

 

Bajo ceniza

 

La uva en la isla se cría en unos peculiares hoyos, una modalidad única de cultivo en todo el mundo, bajo un manto de rofe o picón (ceniza volcánica), que va de unos 30 centímetros hasta casi tres metros de espesor en algunos lugares. Esta tierra nacida de las entrañas de los volcanes de Timanfaya tienen un efecto termorregulador que evita que se evapore la escasa luvia de la isla, inferior a los 200 mm anuales. En estos hoyos, a unos 20 centímetros de profundidad, se planta la vid en una tierra negruzca y con ceniza, se rodea con pequeños muros de piedra con oquedades para que los combatientes vientos alisios que azotan la ínsula solo rocíen levemente con humedad marina y protejan la preciada uva malvasía. Existe otra forma de cultivo característica y única de Lanzarote: el chaboco. Así se llama a los huecos que ha dejado la lava brotada del magma en el terreno, con la mano del hombre y el uso de aperos (como la rejada) han usado en este rudo terreno para lograr oquedades para cultivar. Se planta aquí, sobre todo, la uva moscatel que necesita más agua y humedad en su crecimiento.

 

Vendimia veraniega

 

[Img #8302]La recogida de la uva se realiza en pleno mes de julio o agosto, y de manera totalmente manual, entre hoyos, bancales y parras. Antes, con la ayuda de los camellos, y ahora –aún sin mecanizar el proceso de la vendimia–, se recolecta la preciada malvasía volcánica y muy pequeñas cantidades de otras variedades como listán blanco y negro, diego, moscatel de Alejandría y syrah, cepa por cepa, artesanalmente. La producción y rendimiento no son muy altos, algo más de una tonelada por hectárea cultivada de la uva predominante, la malvasía volcánica, donde se pueden plantar entre 400 y 600 vides ocupando grandes extensiones. El camello se ha empleado hasta no hace muchos años en la vendimia, porque ha sido muy útil para arar y cargar entre los pequeños espacios de cultivo, con parsimonia y lentitud. Aún se puede contemplar al exótico animal en alguna finca entre las vides, cargando las uvas en la zona de La Geria, en recuerdo, elogio y como homenaje a su gran aportación a lo largo de la historia del vino en la isla.

 

En los siete municipios de Lanzarote hay repartidos unos 1.700 viticultores con plantaciones, la mayoría de ellas en pequeñas parcelas. En la actualidad existen 13 bodegas con actividad, aunque se llegaron a contabilizar hasta una veintena. Se producen casi dos millones de litros de vino anuales que se consumen entre los lanzaroteños, los turistas y las otras seis Islas Canarias. Tan solo un 10% de estos vinos se comercializan en la península y de manera residual llegan algunas botellas a países como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania. Los impuestos y aranceles de exportación, unidos a unos caros transportes, dificultan una mejor distribución de los vinos de Lanzarote, al igual que de las otras denominaciones de Canarias. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Lanzarote comienza a andar en diciembre del año 1993 con el objetivo de certificar el origen y garantía de la calidad de los vinos que se producen en toda la isla, suponiendo un importante empuje para la comercialización de estos productos.

 

Centenarias Bodegas

 

El viajero puede hacer un recorrido en pocos kilómetros por la isla donde puede visitar cada una de las bodegas y un Museo del Vino. Junto a algunas modernas creadas hace una década, otras se ubican en casas de los propietarios, donde se puede contemplar la arquitectura canaria. La Bodega El Grifo, fundada a finales del siglo XVIII, acoge un museo del vino con una biblioteca con 4.500 volúmenes sobre el vino, el archipiélago y su gastronomía. Por su parte, Rubicón descansa sobre una antigua casa del siglo XVII, frente a la ermita de La Caridad. La Bodega La Geria, creada en el siglo XIX, tiene unas vistas privilegiadas sobre los volcanes del Parque Nacional de Timanfaya y Los Bermejos se ubica en un caserío del siglo XVIII. Un paseo entre viñedos y casonas canarias que te transporta a otros tiempos y lugares.

 
 
 
 

Uvas a paso de camello

 

Los camellos llegaron hace más de seis siglos a Lanzarote traídos por los moriscos en sus embarcaciones, atados y a nado desde el continente africano, a unos 150 kilómetros. En 1730 había 5.000 habitantes y 1.700 camellos. Siempre se ha empleado como animal en las tareas agrícolas de la isla, resultando una herramienta animal fundamental.

 

 

 

 

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