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LA PASTA DE LOS HUMILDES

Autor: Sir Camara
Sábado, 13 de febrero de 2016

El queso era la debilidad de su padre. Además tuvo la gran suerte de disfrutar de ello en el paraíso de los quesos, en Francia. Ya saben, ese país en el que, haciendo alusión a las divisiones internas de la IV República, el general de Gaulle dijo aquello de “no se puede gobernar un país que tiene 246 clases de queso”.

 

El padre de mi amigo debía de tener,  escribo un poco de oído, una especie de fresquera donde tenía concentradas sus joyas lácteas.  Sí, era una fresquera, que por lo visto era algo así como una  especie de cajón de madera con un par de estantes y tela metálica muy tupida en el fondo y en el frente, con puerta,  que se afianzaba en el alféizar de la ventana, generalmente de la cocina.  Allí se conservaban a temperatura ambiente los embutidos y los quesos. Pero cuando se acababa la primavera  y  los quesos más cremosos y olorosos  liberaban sus encantos marketinianos:  “¡¡Apestaban…!!”  decía  mi amigo, que no podía entender cómo era capaz su padre de zamparse aquello, por muy veteranos vecinos de Clichy que fueran, que lo eran. Chorreaban unos, otros se resquebrajaban y otros estaban ahí, como mirándole extrañados de que fuera francés y no comiera queso.

 

Lo detestaba, hasta que, como suele ocurrir en todos los cuentos, llegó una princesita y le enseñó a comer en español, luego en francés, hizo un vuelo rasante sobre las más tradicionales cocinas indias, pakistaníes, incluso le descubrió que eso que comía, carnaza porquesí, tenía un sentido. Y le hizo las verdaderas hamburguesas y costillas tradicionales con criterios yanquis. Cuando le tenía así, ya con las papilas recuperadas, el paladar entrenado y los piños en perfecto estado de revista, le ofreció un trozo de queso y un trago de vino. Receló, pero algo debió decirle aquello más allá de “hola, soy queso manchego”. Repitió y empezó a comer quesos de cierto porte y prestancia, de una pasta consistente. No había superado aún el trauma de los quesos cremosos.

 

Yo,  que he sido testigo de esta evolución, concluyo que, como al cine, a la comida le ocurre algo similar. Si has tenido un mal día, no pretendas ver una peli con una cierta enjundia. Me temo que mi amigo probó el queso en un día difícil y sin la coach gustativa que tuvo después.

 

Y así hasta que el queso se hizo normalidad. Y así hasta que un día, al regresar de Madrid Fusión, ella dejó en la mesa de la cocina un queso y una botella de vino. Eran paisanos, el queso y el vino. Nacieron, uno en Les Coves de Vinromà, Castellón, y el otro en Les Useres. Al queso, de leche de oveja,  le pusieron en circulación con el título de TOT DE POBLE y, como ya habrán descubierto, se lo estoy recomendando. Sí, es un queso extraordinario, de aspecto parmesano, pero nada más que eso, y, además, ¡¡¡le ha gustado a mi amigo!!! Bueno, y la apoteosis final fue con el vino, ese que hacen no lejos de la quesería, en Les Useres. Era un Clotàs 2010, elaborado con uva tempranillo, como cualquier vino hoy día, pero describe otras sensaciones. No es preciso ceñirse al comentario de cata de la bodega, que en boca dice que propicia un encuentro seco con una estructura y acidez equilibrada con golosas sensaciones a un tanino que se agranda para dejar u n gusto final a fruta madura y tal y tal… Como decía Emilio Moro de lo suyo  ante un auditorio de australianos: “Pues está muy bueno”.

 

Y cuando me estaba acabando de comentar  el milagro del queso y el vino, va el amiguete y me dice al ver que me dirigía al teclado: “Y lo vas a escribir”.  Le contesté afirmativamente y añadí que hay que detener nuestra atención en esos productores artesanos, pero los de verdad, no los que ahora te vienen con las majorettes, banda de música y excesos idílicos sobredimensionados. Esos artesanos de una pasta humilde, en ocasiones también cremosa, como cuando hicieron el primer queso azul  del que sólo he oído piropos. Había que decirlo. Y deberían probarlo. Con el vino de la bodega de Vicente Flors.  Lástima que no lo pueda probar el padre de mi amigo. Habría sido una tarde histórica en Clichy…  Pues eso.

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1 Comentario
Juan Ignacio
Fecha: Lunes, 15 de febrero de 2016 a las 19:19
No quito ni una coma.Que bonito.!!

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