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Siete vinos, siete

Finca Museum Reserva en vertical, continuo equilibrio

Autor: Raquel Pardo
Jueves, 17 de marzo de 2016
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Cigales

La bodega del grupo Barón de Ley celebró ayer en Madrid una cata vertical de su reserva de Cigales desde 99 a 2010, una muestra poco habitual con este tipo de vinos en la DO, bastante inusuales.

No son muchas las bodegas, o más bien, son muy pocas, las que elaboran en Cigales vinos tintos de reserva desde hace más de diez años. Una de ellas es Lezcano-Lacalle, que empezó en el 91, y la otra Museum, que comenzó en el 99. Esta última decidió mostrar ayer siete tintos en una cata vertical de las añadas 99, 2000, 2001, 2002, 2004, 2008 y 2010 de Museum Reserva, de manos del enólogo asesor de la casa desde el año 2000, Gonzalo Rodríguez, y de su gerente, Tomás Jurío.

 

Jurío, quien también realiza en esta bodega del grupo Barón de Ley labores de viticultura, comentó que en el grupo estaba buscando a finales de los 90 un terreno donde elaborar tintos, pero que su primera opción fue Ribera del Duero. Finalmente se decantaron por Cigales, cuyo clima, explicó Jurío, “se parece a Ribera pero es más benévolo”. Comentó además que la filosofía de Museum es vendimiar tarde para conseguir la óptima maduración de la uva, cuyas plantaciones se asientan sobre una diversidad de suelos que van desde el calcáreo al arcilloso y con piedras de materiales como el sílice.

 

La cata, presentada por Rodríguez, quien también asesora a Barón de Ley en Rioja, comenzó por el vino más antiguo y primero que se elaboró como Reserva, 99, un tinto con una admirable entereza y cargado de fuerza tánica y notas especiadas como laurel, curry y hierbas aromáticas, que sorprendió muy gratamente a la audiencia, plagada de críticos y periodistas vinícolas.

 

El de 2000 se mostraba algo más tímido en aromas y más suave de texturas, con toques florales y también de fruta en sazón, una tónica que se repitió a lo largo de las añadas de este vino y que forma parte de su ADN.

 

En 2001, un año en el que se perdió, afirma Rodríguez, el 60% de la cosecha, el tinto mostraba timidez en nariz pero en boca aparecía grande, amplio, fino y mineral, con una agradable frescura que componía un medido y atractivo equilibrio.

 

La de 2002 fue una añada de lluvias e inundaciones que arrojó un vino lleno de fruta sazonada, especias y tinta, suave en boca, no tan expresivo como sus hermanos, pero de trago agradable.

 

A e[Img #9819]sta altura, y vista la capacidad de envejecimiento de estos reservas, comentó Rodríguez que “los tintos de esta zona están mejor, como mínimo, a partir de su tercer año”, y es que la estructura tánica y una equilibrada acidez propician unos vinos equilibrados y con mucha finura cuando llevan años durmiendo en el botellero.

 

La cosecha de 2004 es de vinos frutales, minerales y esas notas especiadas y de laurel que aparecen en el resto de tintos de la tanda, y una boca redonda y voluminosa, con final fresco.

 

El tinto de 2008 apareció vivaz, con fruta fresca, enérgico, con nervio y aromas de bosque mediterráneo y flores como la violeta o la lila. En la boca se notaba más su carga floral, consiguiendo un vino delicado, rico y sabroso pero joven aún.

 

Al de 2010, especiado, con toques de pimienta y fruta roja fresca, todavía le queda recorrido para mostrarse en la plenitud de sus hermanos con más años, pero el equilibrio del que dieron seña el resto de tintos de la tanda estaba presente, culminando un conjunto donde se pudo apreciar muy bien el estilo elegante y mineral que van perfilando los años en el Museum Reserva, por otra parte, un estilo de vino poco conocido, al haber sido Cigales una tierra más sonada por sus rosados o claretes, pero por descubrir en lo que se refiere a tintos de guarda.

 

La bodega aprovechó también para presentar su vino top, Numerus Clausus 2009, un vino “que no es de finca”, aclaró Rodríguez, pero que se elabora con uvas procedentes de tres viñedos distintos, tres hectáreas y media de cepas muy viejas y a 800 metros de altitud sobre el nivel del mar. De nuevo, este vino, como el resto, aún estaba muy entero y con una madera aún muy presente, pero con una buena base frutal y una estructura que le augura una larga vida por delante. Eso sí, mejor esperarlo un tiempo, si es que se tiene sitio en la cava, para descorcharlo con unos años más y disfrutar de su elegante equilibrio, ya sí, integrado por completo.

 

 

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