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Autenticidad en laderas

Viticultores de Gredos: los guardianes de la montaña

Autor: Raquel Pardo. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Jueves, 21 de abril de 2016

Convencidos y aventureros como si de una película del salvaje Oeste se tratara, viticultores y enólogos trabajan en Gredos para mostrar sus vinos al mundo y persevera para evitar que su patrimonio vitícola se pierda para siempre.

[Img #10056]Si hay un ejemplo de región vitivinícola nacida en el siglo XXI, o mejor dicho, renacida, esa región es Gredos, donde el trabajo de unas decenas de viticultores viajados y experimentados en diversas zonas de España y el mundo está poniendo de manifiesto que otra viticultura es posible, rescatando un paisaje casi olvidado de viñas escondidas entre pinares, de pendientes escarpadas y agricultura ancestral puesta al día. Gredos, la idea misma de ver surgir paisaje de viñedo bellísimo e inédito, donde el terreno cobra un inmenso protagonismo y donde la variedad autóctona por excelencia, la garnacha, expresa una inédita sutileza y elegancia, ha conquistado el corazón de críticos vinícolas y consumidores avanzados que buscan algo más que madera y vinos salidos al mercado antes de tiempo. Hace más de una década los primeros en llegar se dieron cuenta de que algo grande podía cultivarse en la zona, y el goteo desde entonces ha sido incesante. El fenómeno Gredos continúa, pero, como comentan los propios protagonistas, no es suficiente con estar ahí, otros tienen que seguir llegando con ganas de trabajar para consolidar la región.

 

Los comienzos

 

[Img #10060]A finales del siglo XX, Gredos era una zona donde la viticultura estaba muy extendida, pero poca se había profesionalizado. La mayor parte del viñedo se trabajaba, bien para elaborar vinos de consumo propio, bien para entregarlo a la cooperativa. Casi de forma accidental, Telmo Rodríguez supo de la existencia de Arrebatacapas, un puerto que comienza en Cebreros (Ávila), con 1.065 metros de altitud: “Mi padre tenía una idea idílica de Arrebatacapas” recuerda. Al enólogo, atraído casi de manera antropológica por los viñedos olvidados, le llamó la atención ese viñedo de garnacha sobre pizarra. Entonces la garnacha aún se consideraba una uva de relleno aquí, pese a que en el sur de Francia daba unos vinos excelentes. Dicho y hecho: compró las primeras hectáreas de viñedo en este paraje, una zona donde ahora otros viticultores como Rubén Díaz y Orlando Lumbreras (RubOr  Viticultores) o Maite Sánchez (Arrayán) cuentan con varias de sus parcelas.

 

En 1999 arrancó Las Moradas de San Martín, en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias, también con Rodríguez involucrado al principio, pero inmediatamente seguido por Isabel Galindo, una de las pioneras del nuevo Gredos. Galindo cayó rendida ante el paisaje de las zonas altas de la región. Desde entonces está, como ella misma dice, “desaprendiendo” con la garnacha, materia prima de todos los vinos que elabora hasta 2015, pues tiene ya en barrica una pequeña partida de albillo. La enóloga prefiere las zonas altas, que rondan los 900 -1.000 metros, porque la garnacha madura más lentamente y propicia vinos elegantes y equilibrados.

 

[Img #10059]Rubén Díaz, oriundo de Cebreros, quiso volver a sus raíces y comenzó a negociar con viñas, aunque poco a poco empezó a sentirse vinculado al terreno, a querer hacer su propio vino. Comenzó a adquirir viñedo y en 2013 se unió a Orlando Lumbreras para elaborar bajo la marca RubOr Viticultores.

 

En torno a 2007 llegaron Belarmino Fernández y Alfonso Chacón (Canopy), tras quedarse prendados de la belleza del paisaje vitícola de El Real de San Vicente (Toledo). Junto a ellos, dos de los más destacados defensores de la zona, Daniel Landi y Fernando García, primero amigos y después socios con el proyecto Comando G, que trabajan viñas en parajes de El Real de San Vicente, Rozas de Puerto Real (Madrid) y Cebreros. Para este tándem “cada pueblo tiene su identidad” y ése es uno de los grandes atractivos de la zona. “No queremos pegar con pegamento el concepto de Borgoña aquí, pero es muy cierto que cada uno de los valles tiene un clima”, comenta García, y su apuesta pasa por mostrar eso en forma de vinos, elaborados a partir de viñas en altura, de garnacha y, preferiblemente, con orientación norte.

 

La garnacha, en el punto de mira

 

La mayor parte de los elaboradores de Gredos tiene como bandera la garnacha, sin duda la mejor embajadora de la zona. Pero Gredos no es solo una garnacha; la diversidad de orientaciones (no hay que olvidar que sus mejores viñedos están en laderas) y los suelos de granito, principalmente, y de pizarra, propician una gran cantidad de matices. Una materia prima lo suficientemente atractiva para que Dani Landi considere, sin dudar, que “Gredos no tiene por qué tener complejos. Podemos hacer vino de categoría mundial, que emocione”.

 

[Img #10062]Javier García, uno de los componentes de 4Monos Viticultores junto a Laura Robles, David Moreno y David Velasco, apuesta por la combinación entre garnacha y syrah desde su bodega de Cadalso de los Vidrios (Madrid), una mezcla que ya había probado en vinos del Languedoc. García se contagió de Gredos por su hermano Fernando (Comando G y Bodega Marañones, en San Martín de Valdeiglesias) y por los Jiménez Landi, Daniel y su primo José, que sigue al frente de la bodega Jiménez Landi en Méntrida. Javier García admite que “cambiar la mente a Gredos” –tras trabajar en La Mancha con Vallegarcía– llevó tiempo, pero cada cosecha “he ido perfilando en busca de la finura sin que se pierda la estructura de la garnacha”.

 

[Img #10058]“Que no se abandonen viñas”. “Este año preveo que se arrancarán entre 40 y 50 hectáreas de viñedos, muchos de ellos centenarios”. “Gredos tiene de todo: territorio, norte, sur, agua, montaña, viñedo… Solo faltan los viticultores”. No todo es optimismo en este rincón del noroeste. Frases como estas, pronunciadas por Comando G, Rubén Díaz y Fabio Bartolomei –otro viticultor que ha entregado gran parte de su esfuerzo a sacar adelante en El Tiemblo (Ávila) y “por intuición” Ambiz, su proyecto vinícola– se escuchan entre los elaboradores. La mayor parte de ellos tienen una estructura limitada y producciones que no llegan a las 10.000 botellas en algunos casos. Trabajan ellos mismos el viñedo, por lo que las hectáreas que pueden controlar son limitadas. Por eso no dudan en pedir “mano de obra” entusiasta como ellos y dar valor a una zona en la que confían.

 

El perfil de viticultor en Gredos es el de jóvenes con formación enológica y experiencia elaborando en otras zonas, muy viajados, como comenta Laura Robles. Por eso no han temido levantar una zona desde cero (o casi, como Juan Díez, propietario de Bernabeleva, que se hizo cargo de una bodega que desde los años 20 funcionaba intermitentemente) y empezar a buscar una identidad de vinos fluidos, minerales, frescos y frutales pero con estructura. Rodríguez también ve con buenos ojos la llegada de viticultores, para “que se hagan las cosas bien” y se encuentre la verdadera alma de Gredos: “No basta con una camiseta raída y un ánfora”, comenta, y reclama trabajo a conciencia para evitar que se pierdan unos viñedos de enorme potencial y son un extraordinario enclave paisajístico por explorar a una hora de Madrid.

 

 

 

 

[Img #10061]Aviso para inversores

 

La mayor parte de los protagonistas del boom de Gredos coinciden en que no están allí para hacerse ricos y en que la propia geografía y la dificultad para hacerse con grandes terrenos es un freno a las grandes inversiones. “El impulso es hacer vino, no dinero”, afirma Juan Díez Bulnes, algo en lo que coincide con Telmo Rodríguez, quien dice que “Cebreros es para mí un proyecto de dar, aportar valor al patrimonio vitícola y buscar identidad, trabajando viñedos propios”.

 

 

 

 

 

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