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Los gustos y los caminos

De la gaseosa

Autor: César Serrano
Domingo, 3 de julio de 2016

Aquilino Sánchez Simón, Aquilino El Cojo, siempre sonreía, él decía que las risas se las daba el vino y las dos mujeres que tenía: Claudia Hortelano Miñambres y Coro Mendieta Gurpegui.

Claudia era la madre de sus 12 hijos, 11 hembras y tan solo un varón, Luisito. Coro ejercía de meretriz en la sala de fiestas El Consuelo, a ella acudía cada martes Aquilino El Cojo, día de mercado en Mayorgas, a entregarse a La Vasca, que así era como se conocía a Coro Mendieta Gurpegui en Mayorgas.

 

Aquilino Sánchez Simón arrastraba su pierna derecha apoyado en un bastón de almez en el que podía leerse en pirograbado el nombre de Claudia. Todos los niños de Traslasierra conocían la historia de aquella cojera. “Fue –se le escuchaba decir– en el frente de Madrid, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, donde la explosión de un mortero me dejó con la pierna reventada por la metralla”. Desde ese día de la primavera del 39 Aquilino Sánchez Simón arrastraba su pierna derecha.

 

De Aquilino El Cojo son muchas las historias que aún se cuentan en Traslasierra. Una de las más recordadas es la del día que llegó subido en la caja de un viejo Leyland, apoyado sobre un extraño ingenio. Ese día cuentan que Aquilino sonreía socarronamente en medio de las preguntas que se hacían los allí presentes acerca del misterioso artefacto. Dicen que alzó su bastón y su voz, y exclamó: “Es una máquina de hacer gaseosas”. Cuentan que esta declaración fue acogida con la misma fascinación con la que Luis Landero narraría años después la llegada de la Coca-Cola a su pueblo.

 

Fue la víspera del Corpus cuando de aquel extraño ingenio salieron las primeras gaseosas, también limonadas y una deliciosa naranjada que pudieron disfrutar muchas de las gentes de Traslasierra. Y fue el primer martes pasado el Corpus, día de Santa Clotilde, cuando Aquilino El Cojo se encaminó a El Consuelo con una botella de gaseosa y una botella de vino tinto, regalo de un primo que ejercía como practicante en Pesquera de Duero, en Valladolid.

 

En una habitación de El Consuelo, con grandes espejos en las paredes y una enorme cama cubierta por una colcha del color de las cerezas, Aquilino El Cojo y La Vasca se entregaron al juego del amor y bebieron juntos de una jarra con hielo una mezcla de gaseosa y vino tinto. Después de brindar por los días del amor Aquilino se acurrucó sobre los pechos de la amada y dicen que, tras un profundo bramido, se quedó dormido para siempre. Mientras, sobre un sillón de terciopelo color púrpura permanecía su bastón de almez con el nombre de Claudia en pirograbado.


 

 

 

Tinto de verano

 

Ingredientes:  1 botella de gaseosa, 1 botella de un tinto de calidad, 1 chorro generoso de vermut, piedras de hielo y 3 o 4 rodajas de limón y naranja.

 

Elaboración: comenzamos introduciendo en la nevera el vino y la gaseosa, es importante que estén a baja temperatura. Llenamos hasta la mitad una jarra de cristal con hielo. Vertemos el chorro de vermut , el vino y la gaseosa a partes iguales. Por último, ponemos las rodajas de limón y naranja, y con una cuchara de cóctel removemos.

 

 

 

 

 

 

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