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Los gustos y los caminos

Las burbujas de Montse

Autor: César Serrano. Ilustración: Máximo Ribas
Sábado, 3 de septiembre de 2016

A Montse Solé Hortelano le gustan las sobremesas largas, en las que vienen y van historias. Historias como ésta que un día nos trajo en una de esas largas tardes de estío de Traslasierra, bajo el frondoso parral de la moscatel.

Fue tras una reunión de trabajo en la capital, y ya de vuelta en el AVE, cuando vio llegar a un hombre alto y elegantemente vestido. En su mano derecha, lo que debía ser un portátil, con la otra sujetaba el billete del pasaje, y en bandolera, una mochila negra. Tenía un rostro que no le resultaba extraño. Tras el inicio de la marcha le escuchó decir: “Hola, creo que ayer estuvimos en la misma reunión, pero nadie nos presentó. Demasiada gente. Me llamo Eduardo”, y le tendía una mano fuerte y muy cuidada. Ella le correspondió tendiéndole la suya y diciendo su nombre: “Montse, y sí, ahora te recuerdo”. “¿Puedo sentarme?”. “Claro, hacemos el mismo viaje”. “Sí, mañana iniciamos el operativo. Solo serán unas horas en Barcelona, pero ya sabes lo cuidadosos que son en La Casa con cada uno de sus viajes a Cataluña”.

 

“Propera estació, Lleida”.

 

Muy pronto el mar, y ahí, mirando la línea azul del horizonte, pensó en lo atractivo que le resultaba aquel hombre, imaginando su torso desnudo sobre alguno de los veleros de aquel mar en calma. Suavemente el convoy detuvo su marcha y ya en pie él le preguntó: “¿Y si cenamos juntos?”; “Sí,  por qué no, ¿qué te apetece?”. “Unas anchoas en El Xampanyet  y un paseo por el Gotic, ¿te emociona la oferta?”. “No está nada mal: cava, anchoas
y un paseo por el Gotic”.

 

Dejaron el bullicioso local y caminaron sin rumbo. Santa María, Argenteria, Carrer del Bisbe, Traginers… Y de repente, el Paseig del Born, ya casi a las puertas de la casa de Montse. “¿Y ahora, qué te apetece?” “Ahora, un gin-tonic”. “Me encantan los gin-tonics. Te invito a mi casa”, fue su respuesta mientras tiraba de la mano de él.

 

Un antiguo elevador les llevó hasta un ático desde donde se podía ver el mar. Él se quitó la americana. Llevaba un cinturón con tirantes y un revólver pegado a los riñones. “¿Cómo te gusta el gin-tonic?”, se escuchó la voz de Montse ya desde la cocina y sin dar ninguna importancia a lo que había visto acariciando los riñones de su invitado. “Muy tradicional, una rodaja de limón, cuatro piedras de hielo, copa balón y ginebra inglesa, si puede ser”. 

 

Lo siguiente que nos dijo recordar era cómo se quitaba el cinturón con tirantes, ya en el dormitorio, y colocaba cuidadosamente el Colt en la mesita, junto a su placa de comisario, susurrándole al oído: “El gin-tonic, exquisito”.

 

 


 

 

 

Gin-tonic

 

Ingredientes: ginebra, tónica, hielo y una lámina fina de cáscara de limón o lima.

 

Elaboración: comenzamos llenando el vaso de hielo y removemos frenéticamente para que el vaso se enfríe. Una vez conseguida la temperatura adecuada, retiramos el hielo y vertemos la ginebra, llenando un tercio del vaso aproximadamente. Ponemos hielo y agregamos una lámina fina de cáscara de limón o de lima. Por último, vertemos la tónica muy despacio y, si es posible, con la ayuda de una cucharilla de cóctel. 

 

 

 

 

 

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