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Estilo libre

Pedro Ballesteros y sus 9 reflexiones en torno al vino

Autor: Saúl Cepeda. Imágenes: Arcadio Shelk
Jueves, 15 de septiembre de 2016

Este valenciano, alto funcionario de la Comisión Europea y afincado en Bruselas, resulta ser, hasta la fecha, el único Master of Wine español. Su posición independiente le permite hablar con libertad plena del mundo del vino.

1- No me interesa la parte económica del vino. Ni quiero ganar dinero con él. Me importan otros aspectos. La gran belleza del mundo del vino es que siempre está lleno de contradicciones. Puedes decir lo uno y lo contrario a la vez, y tener razón en ambas cosas.

 

2- La posibilidad de ser influenciados con el vino es muy alta. Por eso hay que tener gran cuidado con la prescripción especializada o, más bien, con lo que está detrás de esta prescripción. Creo mucho en las catas a ciegas, las de verdad, nunca para ridiculizar, siempre para sorprendernos.

 

3- El vino es un sector catastrófico en términos de negocio. Da rendimientos muy pequeños y es caótico en lo organizativo, pero hay muchísimas personas inteligentes y capaces implicadas en él, demasiadas para un entorno así. ¿Por qué? Porque crea pasión. Gente que podría ganar mucho más dinero y gloria haciendo otras cosas elige un mundo complicado y ruinoso. Son individuos que tienen un chip en la cabeza que le hace estar grillados por el vino. Se ve también en “pelotaceros”, artistas o deportistas que abrieron bodegas y se llevaron bofetadas tremendas con ellas, pero les dio igual porque el vino era su sueño.

 

4- Algunos acusan al mundo del vino de no ser competitivo: de que faltan marcas y concentración, acceso al mercado… Hay una manía en los gurús del marketing en uniformarnos a todos. No se dan cuenta de que el amante del vino es el anticonsumidor, un infiel patológico que cambia continuamente de marca, un romántico terrible que busca el vino de la más pequeña producción del paisaje más remoto…

 

5- Hay dos grandes tendencias. Por un lado, casi la tercera parte del consumo de vino en casa se produce a través de la compra en grandes superficies, en una concentración logística que ahoga la competencia. Por otro, tenemos a aquellos compradores pasionales que nunca compran en supermercados y que cada vez buscan vinos más raros y que gastan mucho más dinero individualmente que los otros. No hay que rechazar ni la una ni la otra, pues para que se dé la segunda ha de existir la primera, pero sí hemos de preservar un equilibrio de fuerzas.

 

6- El ser humano nace con una capacidad olfativa y gustativa finísima. Tal es así que un bebé con pocos días de vida, aún ciego, es capaz de diferenciar el pecho de su madre del de otra mujer. A medida que el individuo entra en contacto con una sociedad alejada de los elementos naturales, estas capacidades merman y, en general, se va educando en gustos muy fuertes, como es el dulce. El vino es un gusto más complejo que requiere cierta madurez e introversión para recuperar esa naturaleza perdida.

 

7- Con las campañas del vino dirigido a los jóvenes hay dos cosas que me preocupan: cómo las separas de la incitación al consumo de alcohol y qué les vas a contar que no puedan adquirir ellos mejor con su propia experiencia. A los jóvenes hay que darles un entorno digno en el que desarrollarse como personas y aquél que quiera llegar al vino lo hará por sí mismo.

 

8- El vino es tiránico y conservador, chovinista. Cuando voy a Italia llegan a tolerar que me guste el vino español porque soy de aquí, pero me ponen de vuelta y media cuando digo que me gusta el vino francés. En España, lo mismo; en Francia, también pasa con el italiano… y así en todos los países productores: incluso en lugares insospechados como Inglaterra o Bélgica. Si un belga te ofrece un espumoso a ciegas, seguro que es su Ruffus, pero más te vale que le digas que parece champán.

 

9- El brexit no va a afectar apenas al vino. La regulación británica ya es una de las más duras de Europa y no va a cambiar demasiado la situación con la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

 

 

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