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Capital de Brabante

Una escapada a Lovaina, ciudad de gastronomía rampante

Autor: Javier Caballero. Imágenes: Arcadio Shelk
Viernes, 7 de octubre de 2016

Una nueva ola culinaria asciende en esta coqueta ciudad de Flandes, cuna de cervezas centenarias y vivero de chefs rebeldes. Estudiantil y bulliciosa, es una interminable barra de terrazas, conventos, bicicletas y jolgorios.

[Img #11170]No se tienen por pocos los encantos de Flandes, un destino en boga al que no se le termina su buena estrella. Entre los múltiples atractivos de la región belga –algunos muy visitados– se acurruca una ciudad relajante y bullanguera, diminutamente bella, preñada de gótico borgoñón donde hormiguean bicicletas y 40.000 universitarios de todo origen que se entregan a las cervezas locales tiradas como Dios manda (aquí el católico, como su antiquísima Universidad), a los paseos y la contemplación desde sus mil terrazas, con el tintineo de relojes y campanillas por banda sonora. Los españoles de esta urbe con dos campus (además, colegios Papal, Arras y Van Dale, Biblioteca Universitaria) se cuentan por muchedumbre, volviendo a poner picas donde antes las clavaron las huestes de los Tercios. Pese al trajín estudiantil, Lovaina teje su presente con la parsimonia de un pedaleo. Ciudad llana y sosegada, pareciera satélite del encorbatado funcionariado europeo que, a media hora en ferrocarril, trabaja en Bruselas. Acodado junto a la estación de tren, recibe al visitante la Martelarenplein donde se alza el Memorial de la Guerra Mundial para recordar viejas heridas en un territorio que en 1914 fue arrasado por el fuego alemán. El obelisco, marcial art decó, marca el punto de partida para la caminata que ha de conducir a cafés, restaurantes de autor, ciudadelas patrimonio de la Unesco, escasas pero estupendas chocolaterías, conventos y bares, cientos de bares. No tarda uno en darse cuenta que su urbanismo de nuevo cuño se levantó tras este primer desastre bélico, como reza la fecha en los frontispicios de la mayoría de las casas del casco histórico. Alrededor del Ayuntamiento (Stadhuis), pieza maestra del gótico flamenco, orbita la rutina de este enclave fundado tras ganar a los vikingos hace 1.000 años.

 

[Img #11180]A las espaldas del consistorio late el Oude Markt, o plaza rebautizada como “la barra más grande del mundo” por su profusión de terrazas sin apenas separación. Si se prefiere soledad, apenas a unas manzanas reina el silencio en el Groot Begijnhof (el gran beaterio) que directamente transporta al siglo XIII cuando fue construido. En él vivieron semirrecluidas las beatas, consagradas a la oración y al cuidado de los más desdichados. Hoy en sus 87 casas viven alumnos y docentes de la universidad, que sufragó su reconstrucción. Los estudiantes no parecieran ser el idóneo público objetivo para los restaurantes con pretensiones. Sin embargo, un nuevo flujo gastronómico, rampante como los leones heráldicos de Brabante, pulula por las callejuelas de Lovaina y ha encontrado exigente nicho de mercado. De hecho, el magnífico edificio Tafelrond (entre el majestuoso Ayuntamiento gótico y la sobria iglesia de Sint-Pieterskerk, erigido en 1488) se acondiciona para albergar hotelazo y restaurante de campanillas regentado por el chef Wouter van der Vieren. Este cocinero es una celebridad en Bélgica por sus apariciones en televisión, su insolencia culinaria, y por haber formado parte de la cuadrilla de Flanders' Kitchen Rebels. Este grupo está abriendo senda de la nueva y rebelde generación belga tras los fogones. Atención a sus cachorros, que superan con identidad y genial trazo los clichés de mejillones con patatas (frites & moules) o la cocina donde a veces lo mejor llegaba con el postre de chorreante chocolate del país.

 

Hay cosas que nunca cambiarán (por suerte). A las afueras, la fábrica de Stella Artois luce imponente –la más grande del mundo, seis siglos de existencia–, recordando que aquí la cerveza es más soberana que la reina Matilde.

 


 

 

 

Agenda

 

 

[Img #11178]Dónde comer

 

 

Het Land aan de overkant

Léon Schreursvest 85

 

Una cocina marcada por su autor, con profundo sabor y sin experimentaciones superfluas. Eso ofrece este restaurante comandado por Wim Dejonghe (33 años), quien en breve cederá el testigo a otro discípulo de los “rebeldes” de la cocina de Flandes. Pulpo o cordero,  arenques marinados, delicados productos de la huerta... En la carta de vinos, estimables ecológicos, desde moscateles de Austria a vinos del Loira. P.M.: 90 €.

 

 

Essencial

Muntstraat 23

 

Niel Brants solo tiene 25 años y ya despunta en la escena gastro de su país. En 2013 abrió este bistró de montajes audaces y sabores bastante puros, donde no faltan entrecot, atemperado en su punto, incluso caza. Dice el chef que su gran inspiración es el restaurante Tzilte de Amberes, regentado por Viki Geunes, y galardonado con dos estrellas Michelin. P.M.: 70 €.

 

 

Zarza

Bondgenotenlaan 92

 

El chef Bram Verbeken marida un menú en el que no faltan los guiños hacia la cerveza local. Coqueta terraza para dar cuenta de excelentes salmonetes y polentas, y muy destacables el Pato con puerros de verano, cebollas asadas y picante de mango, así como el Cordero de Aberdeen. P.M.: 80 €.

 

 

[Img #11177]Dónde dormir

 

 

Pentahotel

Alfons Smetsplein 7

 

Clientela ecléctica y con aire moderno se cita en este establecimiento que resulta ideal como base de operaciones. En pleno centro, sus cómodas habitaciones y su hall a modo de pub (la recepción es una barra, mesa de billar aledaña, librería) conjugan un lugar con encanto y cierta vanguardia.

 

 

Martin's Klooster Hotel

Onze-Lieve-Vrouwstraat 18

 

Un cuatro estrellas con todas las letras, que se erige como otra gran opción para alojarse en pleno corazón de la ciudad y con el plus de dormir junto al remanso de paz de su jardín. Por las tardes,  atmósfera relajada en su bar Monasterio gracias a su terraza y a sus cócteles.

 

 

[Img #11173]Para irse de cervezas

 

 

Brewery de Vlier

Leuvensbaan 219, Holsbeek

 

A las afueras de la ciudad y en un entorno campestre ha hallado Marc Andries su receta filosofal para la cerveza. Ofrece catas y maridajes por 15 €, introduciendo al visitante deliciosas marcas artesanas como Amber 69, Dark, Saison, Carrousel o Brut, que van desde los toques aframbuesados hasta la chispeante alegría de un espumoso que pareciera de Reims.

 

The Capital

Grote Markt 14

 

¿Problemas a la hora de elegir cerveza? Déjese guiar por el barman porque en este establecimiento, el mayor de la ciudad, se ofertan las más de 2.000 referencias belgas, incluidas 20 versiones de grifo. Se autodenomina beer café y es visita ineludible en esa barra eterna llamada Grote Markt.

 

 

[Img #11171]Para tomar algo

 

 

En Wurst (Margarethaplein 1), con terraza y aire de almacén vintage (que ya cuenta con otra sede en Gante), tratan de reinventar el célebre hot dog, con nombres esclarecedores como México 86, Argentina, Belluci, Resaca... También dispone de versiones para veganos y gluten free. No deje de entrar en la pescadería De Walvis Mechelsestraat 23) para hallar frescos productos del Mar del Norte y comida para llevar. Pruebe su arenque marinado y se trasladará directamente a Japón. Convento Wines (Mechelsestraat 87) se consagra al dios Baco y a aperitivos y platos ligeros como embutidos, salchichas y quesos. Buena relación calidad precio, en un lugar que también es tienda de antigüedades.

 

 

 

Cómo llegar

 

 

Iberia dispone de varios vuelos a diario que conectan con Bruselas. Desde la propia estación del aeropuerto, tomar el tren hacia Lovaina. Tarda apenas 20 minutos y cuesta 8,90 € el trayecto.

 

 

 

Mas información: Visit Leuven, Visit Flanders

 

 

 

 

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