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Vinos, barbas y "hipsterismo"

Taninos a navaja: así se cata en "Bar-Bería" Viña Pomal

Autor: Redacción Sobremesa
Jueves, 17 de noviembre de 2016

Una barber shop de estilo neoyorkino en pleno centro de Madrid se erige como pop-up donde degustar las referencias más destacadas de Viña Pomal. Crónica de un afeitado clásico y de trago largo.

El peine acaricia el vello y un suave chasquido de tijeras ensaya por dónde ha de ir el corte para igualar una barba rebelde y tan desigual como la vida. Se desliza por el gaznate el cava de Viña Pomal. Suave, fresco, blanc de noirs garnacha a tutiplén, apertura de una mañana de vino y barbería, de catas a contrapelo y loción. José Luis, 30 años en el negocio, charla sin atosigar (se agradece). “Aquí vienes y te tomas unos vinos mientras te arreglas la barba y/o te cortas el pelo: 35 por ambas cosas, 19 si solo quieres cabellera. Estamos abiertos hasta las 2 de la mañana, aunque lo de rasurar y cortar solo es hasta las 9 de la noche”. Barbería en pleno barrio de Chueca en pleno epicentro de tantas tendencias. Hoy la han customizado los chicos del barrio de La Estación. Bar-Bería rebautizada, calambur inevitable.

 

[Img #11410]Al mundo enológico le ha venido don hipster a ver. Llámame clásico, reza el campañón de Viña Pomal (bodegas Bilbaínas, corazón de Haro) parido por el estudio creativo de Ruiz+Company hace ya un tiempo. Se regresa a la tradición pero para quitar caspa y polvo a las barricas, seduciendo a un mercado público objetivo joven tantas veces anegado de cervezas y empujado a un ocio espirituoso sin mucho fundamento. Cuando las barbas de un hipster veas recortar, siéntate y pide Viña Pomal (perdón por el pareado). Sesión de grooming lo dan en llamar (maquearse en mi barrio, acicalarse según mi mamá). La convocatoria jura que “el 51% de los varones irían a la barbería si pudieran completar la visita con otra actividad entretenida o si pudieran aprovechar el tiempo de espera con un momento de desconexión” que se se extralimite a matar el tiempo con una arrugadísima revista de motor o del corazón que habla de coches y bodas de hace cinco meses. Una copa de vino marida mejor que leer amoríos caducos en cuché y reportajes sobre seguridad vial. Doy fe.

 

José Luis aplica ungüentos mágicos sobre el semblante. Benditas manos. En la copa blanco 2015, “viura y malvasía, franco, untuoso, aguanta todo un menú largo, mejorará mucho en botella”, en palabras de la sumiller Beatriz García del Pino. En el paladar, pura crema este blanco, que acaba de venir con mucho éxito de su tourné por Reino Unido. Suena rockabilly. Carteles de boxeo, vieja panoplia musical y espejos que parecieran venidos de Missouri nos observan. Dan ganas de echarse un billar sobre un tapete a cuadros de la planta de abajo. O dormirse en él. José Luis nos disuade. Reclina el asiento de escai. Un poco más. Un poquito más... El blanco ha estado cuatro meses sobre lías. Quién estuviera cuatro meses acunado por un barbero. Una toalla cálida y reconfortante cual moraleja nos empapa la jeta, abre los poros y cierra la boca. Turno del rosado. Color rosa pálido que hace olvidar saturados espectros gominola, tan salvajes y achiclados en otros tiempos.

 

Siguen las tijeras su suave poda por los recodos de la mandíbula. Chac, chac, chac. La espuma se propaga mientras jugueteas con las musarañas de tu cerebro. Te has desplazado a Marte. El rosado, rival más débil de esta cata epicúrea, sucumbe y antecede al tinto Reserva 2010. Reza su ficha “picota intenso, con ribete rubí de marcada intensidad; nariz intensa y elegante; notas florales y frutos rojos que se matizan con especias dulces (vainilla) y torrefactos. Boca: Persistente con el equilibrio de los grandes Riojas”. O sea, puro Rioja pero sin madera invasiva. En la cara, toalla fría como un maravilloso disgusto. Poros que se cierran, tinto reserva que se abre y se equilibra en toda la boca. El profesional saca sus manos para masaje thailandés. Mandíbula, cuello, esa zona tan inquietante entre el occipital y las orejas... Se desanudan toallas y se sacuden pelos. El cutis, expresivo, mineral, aromático, balsámico; el paladar, recién peinado. Adiós José Luis. En la garganta, los taninos de su navaja.

 

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