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Pasión garnacha

Garnacha, qué tienen tus vinos que nos gustan tanto

Autor: Raquel Pardo. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Miércoles, 15 de marzo de 2017

Si hay una cualidad que se le puede atribuir a la garnacha, a las garnachas, es su vocación cosmopolita. Sus distintas variedades, cual Phileas Fogg ibérico, han salido de España y se han implantado en los cinco continentes.

Desde que Gabriel Alonso de Herrera la citó en su obra  Agricultura general en 1513 (según la obra Wine Grapes: A Complete Guide to 1.368 Vine Varieties, including their Origins and Flavours, de Jancis Robinson, Julia Harding y José Vouillamoz) con el nombre de “Aragonés” y situó su origen en España, los sardos han reivindicado su tierra como el origen de la garnacha, a la que llaman cannonau, y sus mutaciones: blanca, peluda y gris. Pero parece indiscutible, según Robinson y otros autores como Oz Clarke en Grapes and Wines, que la garnacha es autóctona de Aragón y proximidades. Una hipótesis que confirman, según Robinson, dos razones: las variaciones de la garnacha (tinta, gris, blanca, peluda), que solo existen aquí, y su diversidad clonal, observada en la variedad española, pero no en la sarda.

 

[Img #12116]“La garnacha es para mí la mujer salvaje, salvaje del vino, el sexo sobre ruedas y el sálvese quien pueda, el no digas que no te avisé”, dice Clarke. Una uva que hasta hace poco se usaba como complemento o se plantaba (y se sigue haciendo) para conseguir enormes producciones de vinos para olvidar.

 

El problema de la garnacha en España es que nunca ha estado de moda por ser una variedad mala, muy productiva, que no permitía la elaboración de tintos con cuerpo, e instalada en zonas pobres del territorio”, comenta Félix Cabello, director del departamento de investigación agroalimentaria del IMIDRA. La garnacha fue perdiendo extensión desde los años 20 para acá, pero lo bueno, según Cabello, es que se han quedado muchas viñas viejas, plantadas en suelos pobres donde otra variedad no aguantaría: Priorat es la zona que le ha sacado un excelente partido a esa garnacha antigua de suelos duros, cepas muy poco productivas que son capaces de proporcionar una materia prima envidiable. Ahí está el tinto L’Ermita, de Álvaro Palacios, que desde su segunda añada en 94 (la primera, eventualmente, se elaboró solo con garnacha) ha ido aumentando su proporción de garnacha tinta hasta situarla en un 91% en 2016. No está sola, pero lleva una indiscutible voz cantante (y eso que el propio Álvaro no se considera “garnachista” y reivindica el concepto de terroir al completo).

 

Bendita moda

 

 

 

“La garnacha es para mí la mujer salvaje, salvaje del vino, el sexo sobre ruedas y el sálvese quien pueda, el no digas que no te avisé”

 

 

 

Lo que muchos ven como una moda es el momento dulce de una variedad despreciada hasta hace muy pocos años: muchos de los mejores vinos de garnacha españoles no llevan más de 10 cosechas en el mercado. Gredos es el ejemplo significativo de una explosión garnachista que ha venido para quedarse, donde esta uva en su versión tinta es la auténtica soberana. Nombres como Canopy, Comando G, Cuatro Monos o Las Moradas de San Martín trabajan con ella y le dan expresiones diferentes partiendo de parámetros comunes: viña vieja, suelos de granito o pizarra y altitudes que rondan los 1.000 metros. Alfredo Maestro, viticultor y presidente de la Asociación Garnachas de Gredos, ve en ella “finura, elegancia y sutileza”, capacidad para lograr vinos “que emocionen”, aunque reconoce puntos débiles, como los riesgos de una maduración extrema que eleve en exceso el grado. Maestro elabora en Navarredondilla (Ávila) varios de sus vinos de garnacha, pero busca (y encuentra) plantaciones en los alrededores de Peñafiel, Segovia o Cigales. “La garnacha puede llevarte al cielo, es una de las mejores variedades transmisoras del paisaje”, comenta.

 

Ta[Img #12117]mpoco la moda ha impulsado a Toni Sarrión (Mustiguillo, Utiel, Valencia) a elaborar un vino solo de garnacha: “La viña está dentro de la finca, lleva aquí desde los 80, pero se dedicaba a formar parte de Mestizaje”, afirma Sarrión, quien también ha caído rendido a los encantos garnachistas y sacó el año pasado su primer vino de esta variedad, tras algunas vinificaciones destinadas a encontrar una elaboración idónea para una garnacha mediterránea de la que “uno se beba la botella, pero que se pueda guardar unos años y siga fresca”. La de Sarrión está en un terreno atípico, de origen dolomítico y carácter calizo, a 810 metros de altitud, que aporta una inconfundible nota salina. Eso sí, comenta el valenciano, hay que controlar mucho la producción de la cepa para conseguir una maduración óptima “y evitar las mermeladas”.

 

Sin perder el Norte

 

El Norte, de Cataluña hasta Rioja, es territorio natural de garnacha, pese a que otras variedades han inundado los viñedos, unas veces en busca de mayor seguridad en el trabajo vitícola (gran parte de los entrevistados reconoce la fragilidad de la garnacha si no se vigila su crecimiento y maduración, que puede alcanzar grados imposibles de beber); otras, un pretendido carácter internacional.

 

Carlos Fernández, al frente de bodegas Exeo, en Labastida (Álava) afirma que en su pueblo, y hasta la llegada de los franceses en el siglo XIX, la mayor parte del vino que se elaboraba era blanco. Quizá esa búsqueda de raíces llevó a su padre, Fidel, a plantar hace casi 40 años una finca con garnacha blanca que hoy forma parte de [Img #12119]Cifras Blanco, uno de los niños mimados de la bodega. Cifras, creado en 2008, lleva también uvas procedentes de viñedos en los pagos de Chillarán y Revilla, con 80 años de edad, y es una de las apuestas por la originalidad, ya que “intentamos salir del redil”. Cifras sale al mercado con mucho tiempo de botella (la añada vigente es 2012) porque, a ojos de Fernández, no pretende “un vino tremendamente aromático o de fruta inmediata, me gusta esa reducción de la garnacha blanca con años”.

 

Aragón, tierra natal de esta variedad, no ha sufrido “invasiones bárbaras” de uvas internacionales, pero tampoco, salvo excepciones, ha sido cuna de vinos de clase mundial. El Master of Wine escocés Norrel Robertson está convencido de que la materia prima es excelente: “Aquí tenemos los mejores clones y mejor terreno, pero no hemos sabido divulgar sus bondades”. Robertson llegó a Calatayud en 2003 y se enamoró del viñedo de la región, tanto, que a lo largo de estos años ha ido adquiriendo parcelas y cuenta con 13 hectáreas que piensa aumentar cara a 2018 hasta las 20. Al escocés le sedujo la diversidad de suelos y microclimas del territorio aragonés y una historia milenaria de cultivo de viña. Con esos mimbres trabaja viñedos donde, además de garnacha, se encuentran uvas como moristel y hasta bobal, que forman parte de sus vinos. Manda Huevos es uno de sus tintos, procedente de dos parcelas en Villaroya de la Sierra, una con 109 años y la otra con 47, y que elabora con poca intervención y crianza, claro, en huevos. Sobre el raspón –un elemento que en zonas como Gredos va unido a la elaboración garnachera– Robertson no se muestra partidario a no ser en una proporción casi accidental, ya que, en su opinión, se pierde expresión de terruño. Se aleja también de la madera y de la extracción extremas que se ven en algunos tintos aragoneses, y opta por una medida frescura.

 

[Img #12115]Navarra es otro de los territorios donde la garnacha empieza a sonar, gracias en parte a la excelente calidad de tintos como los de Domaines Lupier, de viñas en San Martín de Unx, o los vinos de parcela de Proyecto Zorzal, en Fitero, una región donde la bodega ha rescatado fincas que lleva una década trabajando. El copropietario de Zorzal, Xabier Sanz, comenta que una de las causas de que se perdiera terreno de garnacha es la sensibilidad de la uva al corrimiento. Este hándicap no les ha impedido, con la ayuda del enólogo Jorge Navascués, revitalizar su cultivo para conseguir expresar los distintos paisajes de esta zona limítrofe con Soria, Aragón y Rioja.

 

En versión catalana

 

La Cataluña garnachista traspasa Priorat. Alfredo Arribas se atreve con la garnacha gris, una variedad “indómita”, en sus palabras, que cultiva en el Parque Natural del Montsant. Esta uva de tonos anaranjados que se torna gris cuando madura llamó la atención de Arribas, que la trabaja persiguiendo su esencia y prescindiendo de crianzas o métodos que puedan alterarla: empezó elaborándolo con algo de madera, pero en 2015 ha optado por las ánforas, además de no añadir sulfitos y compensar la “desnudez” de este vino con una acidez alta. “Es un gran salvaje”, comenta de Siuralta Gris, al que define como un vino único e irrepetible, del que adora su toque “champenoise”.

 

Un territorio catalán que defiende tradicionalmente la garnacha en su versión blanca es Terra Alta. Allí Francesc, un chaval de 29 años decidió, hace seis, ser payés. Una decisión insólita para un joven de su edad, que está tomando cuerpo como bodega en Celler Frisach, un pequeño proyecto familiar que trabaja con variedades autóctonas. Entre ellas, claro, la garnacha blanca, que Francesc considera un excelente espejo del territorio. Con ella hace tres blancos tranquilos (también elabora tintos) que tienen distinto carácter, marcados por el convencimiento de que la garnacha es materia prima de grandes vinos. Otro de sus mayores defensores, y quizás quien más ha hecho sonar la garnacha blanca de Terra Alta fuera de Cataluña, es Joan Angel Lliberia, [Img #12118]propietario de Edetària. Ambos viticultores defienden el terreno de panal, arenoso, como el mejor para esta casta, además de un clima donde el viento garbí aporta una frescura que no da la altitud en este caso. Lliberia también elabora uno de los tintos más singulares de la región, La Personal, con garnacha peluda, una mutación que procede de un viñedo plantado por su abuelo. Salió por primera vez al mercado en 2013 tras muchos años descartándola por irregular, todo un reto que es la clave de su encanto: “Tenemos que lograr superar lo salvaje de la uva para sacarle todo el partido”, comenta de un vino para el que hay que vendimiar en etapas y del que no se aprovecha toda la uva del viñedo. Lliberia apunta también que la barrica, en muchos casos enemiga de la garnacha porque enmascara su delicadeza, no debe nunca maquillar el vino.

 

Garnachas Grand Cru

 

¿Puede haber grandes vinos, longevos y complejos, elaborados con garnacha? El danés Anders Vinding- Diers así lo cree, tras haberse topado con dos viñas “mágicas” en Montánchez (Cáceres). A 700 metros y con 150 y 200 años de edad, con orientación Norte y Sur y sobre suelos de granito, Vinding– Diers encontró una viña “grand cru classé”, define, y no tuvo duda: había que convertirlas en vino. Levaduras autóctonas, maduración por debajo los 13,5 grados, trabajo manual y fermentación en tinas y ánforas, con apenas un mes de madera conforman Pagos de Mirabel, la estrella de su catálogo. “En bodega no la toco, me limito a escucharla”, comenta, y se confiesa enamorado de la garnacha, pese a haber trabajado junto a su primo Peter Sisseck en el aclamado Pingus de la Ribera del Duero. Es la primera garnacha que elabora: “No quiero mezclarla, la gente me dice al probarla que le recuerda aromas de su infancia”. El danés se considera bendecido por trabajarla y la define como una joya que da un vino “femenino, fluido y tranquilo”, capaz de acomplejarse con años de botella.

 

La pasión por la garnacha se ha desatado entre los elaboradores para regocijo de los consumidores, que pueden encontrar por casi toda España alguna que se adecue a sus gustos y le haga viajar simplemente con servirse una copa.

 

 

 

 

Garnacha tintorera, invitada

 

Si bien es un híbrido conocido también como alicante bouschet, la tintorera está dando algunas alegrías a los enófilos. Almansa es su patria, y allí elaboradores como Envínate sacan partido a la tintorera de viñedo viejo. “Nos llamó la atención esta uva adaptada a la zona y poco frecuente”, comenta Roberto Santana, cofundador de Envínate. Trabajar la viña para lograr plantas equilibradas y buscar la nobleza de esta variedad consigue vinos con “personalidad, complejidad y muy placenteros” de marcado carácter mediterráneo.

 

 

 


 

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