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Grupo Matarromera

Carlos Moro, cuando la innovación es tu naturaleza

Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Lunes, 3 de abril de 2017

Eslabón de una estirpe de agricultores y bodegueros, el presidente del Grupo Matarromera continúa expandiendo la compañía con el acento en la investigación y la excelencia. En breve, el resultado de su desembarco en Rioja Alavesa.

Es difícil seguir las andanzas del empresario vallisoletano Carlos Moro, un profesional multitarea, comprometido en una diversidad de proyectos que incluyen, además del vino, la biotecnología, la cosmética y la sostenibilidad medioambiental. Una carrera que le ha valido el Premio Nacional de Innovación y Diseño en este 2017 en el que verá la salida al mercado de sus dos nuevos tintos riojanos de finca. La mención más frecuente, sin embargo, es la de presidente del Grupo Matarromera, un título que Moro considera grandilocuente ya que “no somos un grupo, fiscalmente hablando, sino una suma de proyectos o pequeñas y medianas bodegas y viñedos”.

 

El repertorio abarca un buen puñado de las denominaciones españolas de mayor caché: Ribera del Duero, Rueda, Toro, Cigales y, ahora, Rioja, en lo que es un camino poco frecuente ya que, aunque bastantes marcas riojanas se han asentado en la Ribera, lo contrario es más raro. “No son muchas las bodegas que han ido de Castilla y León a Rioja. Y solo hay dos: nuestros vecinos de pueblo Vega Sicilia y nosotros”. “Soy hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de agricultores y bodegueros desde un tiempo que se pierde en la lejanía. Desde que nací, iba siempre a la bodega con mi abuelo y mi tío, la parte enológica de la familia, mientras que mi padre se ocupaba más del tema vitícola. Lo he vivido desde el principio. Con buen criterio, mi padre me aconsejó formarme bien, así que me hice ingeniero superior agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid. Después, un máster en Viticultura y Enología me permitió trabajar en otros ámbitos dentro de la industria alimentaria, la ingeniería agronómica e incluso la administración pública”.

 

En 1988 Moro se lanza al proyecto Matarromera con la idea de aplicar sus nuevos conocimientos en la renovación del patrimonio familiar, para lo que se construye nueva bodega en la carretera que une Valbuena con Pesquera de Duero. El primer vino ve la luz en 1994 y su propuesta estilística, muy al gusto del momento, fue bien recibida. Una exitosa estrategia de comunicación, apoyada en varios premios internacionales, lo lanzó a las estrellas casi recién nacido. Una nueva Ribera del Duero estaba despertando más allá del impulso de los primeros pioneros de la Denominación.

 

[Img #12186]El fulgurante despegue de Matarromera fue una carga de responsabilidad en un momento temprano. “Nos supuso mucha presión porque nos obligó a mantener el nivel y, entonces, a crecer muy poco a poco. Una vía complementaria fue crear otras empresas con su propia personalidad para no tocar nada de Matarromera. Mi familia tenía cuatro bodegas y estábamos entre los mayores elaboradores ya antes de la Denominación. Recuerdo cuando venían a casa a comprar los restauradores de Valladolid y de la zona”. Algunos de estos viñedos fueron reestructurados y ampliados con plantaciones nuevas. También se puso en marcha el proyecto Rento.

 

Pero antes, un viaje a Francia iba a cambiar su visión del vino y el enfoque del trabajo familiar. “Marcó todo lo que vino después. Siempre me ha gustado viajar, pero no había tenido ocasión de hacerlo con mis padres y aproveché que mi tío era médico en Bilbao para ir a pasar unos días con él. Me acababa de sacar el pasaporte,  le pedí permiso y me fui en el bus a Burdeos con lo puesto. Todo mi gasto se fue en una botella de un Saint-Émilion extraordinario que me marcó porque me dejó ver la distancia entre las elaboraciones de mi familia y aquello”.

 

[Img #12189]La familia Moro tenía una casona del siglo XVI en Olivares de Duero que había sido antes casa de labor de los jesuitas y propiedad de un marqués. En 1999 se restauró para contener una bodega que elaboró su primera añada en 2000. “Rento significa renacimiento y está absolutamente ligado a mi familia. Lo bebo y veo a mi padre, a mi madre, a mi hermana. Es más que un vino: es historia, tradición y protección del patrimonio cultural. Ha sido siempre el vino de mi casa, el más personal, y me volqué para hacer un Ribera muy diferente”. La uva se localiza en el entorno más cercano, el “triángulo de oro” que forma Olivares con Valbuena y Pesquera, con la idea de trabajar producciones cortas de alta calidad sin sobrepasar la capacidad de las 50 barricas del calado subterráneo. “Cada una de ellas es única. Buscábamos un vino con cromatismo aromático. Por eso elegimos solo siete de entre las mejores tonelerías del mundo buscando equilibrio entre la madera americana y la francesa”.

 

En el 2005 nace Emina, una nueva bodega pensada para un mayor volumen y edificada con la grandiosidad arquitectónica de los años 2000. En su comunicación se transmiten una vocación de difusión cultural y, en consecuencia, los enoturistas encuentran un Centro de Interpretación y un Museo del Vino. La marca se extendió a la vecina Rueda para los primeros blancos del equipo de Moro, que ya había estado experimentando en sus viñas con un buen número de variedades, “la mayoría francesas, pero al final encontramos que la que mejor se adaptaba era la verdejo y decidimos hacer la bodega en Rueda”.

 

Carlos Moro continúa la expansión y comienza a usar su propio nombre en 1997 como marca para las primeras pruebas de la zona de Rueda y Cigales. Toro empezaba a sonar, así que elaboraron allí dos partidas de uva, cada una para 100.000 litros: una de tinta de la zona, que vendieron bajo la marca Aldor, y otra de tempranillo cigaleño. “Los resultados fueron extraordinarios y nos animaron a crear Valdelosfrailes en Cigales. Después, tuvimos la oportunidad de incorporar una bodega de Toro, Cyan, ubicada en un lugar maravilloso, Valdefinjas, y que tiene un magnífico equipo enológico. Toro es una zona que despierta todas las expectativas y no sin razón. El reto es lograr vinos de alta gama y expresión moderna”.

 

Para Moro, “Cigales es la bella desconocida, una gran denominación que tiene un viñedo fantástico al que no hemos sabido aún darle el valor que tiene. El terreno combina los fondos calizos con cantos rodados silíceos para unos vinos muy distintos a los Ribera y más cercanos, quizá, a los Rioja: un poco más ligeros, con un punto muy interesante de acidez. Antes de que llegásemos allí, en 1997-98, nadie hacía vinos tintos de guarda, para los que hay un gran potencial y un material genético que nos da una expresión única y extraordinaria del tempranillo”.

 

Con sello propio

 

[Img #12185]La última aventura despega en 2014 y retoma la etiqueta Carlos Moro, que ya se había usado para aquellos primeros Cigales. Esta vez involucra a la gran zona icónica del tinto español, Rioja, pero también los pagos más destacados de los distintos viñedos que posee en la Ribera y otras zonas. Ya están en el mercado las añadas iniciales 2012 de las Fincas Valdehierro en Cigales,  Valmediano, un viñedo prefiloxérico en Toro, y la 2014 de Las Marcas, en Rueda, “una denominación que tiene un reto importantísimo, más allá de los verdejos frescos del año. Tenemos que ser capaces de conseguir unos vinos blancos de guarda de altura internacional, fermentados y criados en barrica, capaces de perdurar en el tiempo”. Para ello, investigan en la viña con nuevos sistemas de plantación “en sistema borgoñón” y elaboración, junto a una zonificación específica del viñedo.

 

Carlos Moro es una marca antigua que he venido aplicando a los vinos más especiales de mis bodegas de Cigales o Toro. Los primeros blancos experimentales que elaboramos en Rueda en barrica también salieron con ella, así que digamos que es la etiqueta top del grupo. Los viñedos de Rioja pertenecen a esta familia de vinos y van firmados con mi nombre, lo que supone una doble responsabilidad porque es el proyecto más colectivo que tenemos, en el que un mayor número de gente de nuestras empresas ha puesto en valor sus conocimientos de elaboración, ingeniería, elaboración y viticultura. Somos 14 enólogos, uno de ellos de allí, de La Rioja, porque buscamos una simbiosis. Para nosotros es un reto enorme hacer algo excelente en un territorio nuevo en el que somos de acogida, no de origen”.

 

[Img #12188]El recibimiento local parece haber sido magnífico y compensar los sinsabores y dificultades que supone hoy encontrar viñedo para un proyecto de esta envergadura, sobre todo en una tierra muy disputada en la que queda ya muy poca viña en venta. “La gente de La Rioja tiene un gran saber hacer histórico y sabe valorar a quien viene a sumar, a construir. Nos hemos integrado en lo que es una fusión muy bonita con aportación y también apropiación positivas de los valores de una y otra zona”. La nueva bodega se ubica en San Vicente de la Sonsierra y se abastece de veinte hectáreas de viñedo propio de entre 35 y 100 años de edad, cultivadas en terreno calizo, árido y pedregoso en la margen izquierda del Ebro. A las marcas genéricas Carlos Moro y Carlos Moro Prestigio se sumarán en breve dos nuevas etiquetas de pago de las que se han elaborado las añadas 2015 y 2016, aún en barrica, que llegarán al mercado en este 2017. “El Viña Garugele es San Vicente en estado puro a partir de un majuelo plantado en 1920, mientras que el nombre del Pago las Ginebras, en Labastida, hace alusión a los enebros que hay en las cumbres. Es una de las parcelas más altas de Rioja, lo que le confiere rasgos muy especiales. Está orientada al mediodía, por lo que tiene muy buena insolación, la pendiente le aporta un drenaje maravilloso y la altitud un punto de acidez muy interesante más una maduración muy tardía”.

 

"Terruñismo" y tecnología

 

El trabajo de Carlos Moro se ha distinguido por su rápida expansión y por una inquietud investigadora que le ha permitido poner en el mercado desarrollos tan diversos como blancos 0.0, sin alcohol, productos de la vid para la industria alimentaria e incluso cosmética de alta gama, todo ello viniendo de una familia bodeguera tradicional. ¿Es sincera su apuesta por una viticultura minimalista? ¿Cómo se lleva lo que daríamos en llamar terruñismo con la sofisticada alta tecnología? “Hace 50 años, cuando elaboraba con mis padres o con mi tío, los vinos se picaban y otras veces aparecía mucho el sulfuroso y otras cosas peores. En la actualidad podemos hacer vinos tan naturales o más, pero sin caer en estos defectos. Nuestra postura es aplicar la tecnología para hacer productos más auténticos y naturales. El gusto del consumidor ha cambiado incluso un par de veces en los últimos 30 años. No digamos ya el de los evaluadores o los críticos. Nosotros no. Mantenemos nuestra idiosincrasia y nuestra relación profunda con el viñedo”.

 

 

Echa un vistazo a los vinos de Carlos Moro que hemos catado para este reportaje

 

 

 

 

 

Ecología y cambio climático

 

Una de las tendencias más poderosas en el vino de hoy es el giro a lo natural, al viñedo sin tratamientos, a la mínima intervención química. La reconversión ecológica de los viñedos propiedad de las bodegas de Carlos Moro se inició hace una década y prosigue en las distintas Denominaciones. “Rento es una bodega totalmente ecológica, así como lo son todos los pequeños viñedos de la Ribera del Duero que tengo a mi nombre. La zona es muy agradecida en este sentido, mientras que Rioja no lo es tanto. En Cyan, Toro, fue donde empezamos a experimentar en torno a 2007-2008. Allí las condiciones son tan extremadamente buenas que no hemos tenido ninguna incidencia. No hay ningún tratamiento gracias a una naturaleza fantástica para el cultivo de la viña sin ningún abono químico”. Confiesa que han invertido 2.800.000 € en investigar el comportamiento de las variedades tempranillo y verdejo, y el efecto en ellas del cambio climático, algo en lo que se consideran pioneros en el sector. “Hay cosas que hemos hecho que parecían contrarias a criterios muy establecidos, pero hemos podido demostrar experimentalmente que se pueden conseguir unos vinos más ricos y aromáticos sin estresar ni molestar a las viñas”.

 

 

La geografía de la tempranillo

 

El trabajo del equipo Moro parece orientado 100% a la tempranillo, al menos en lo que respecta a los tintos. Los resultados de la aclimatación de variedades francesas –cabernet, merlot, syrah– y de otras nacionales como la garnacha “no llegan a los grandísimos vinos que hacemos con tempranillo, una uva que hemos tenido que conocer a fondo trabajándola en diferentes sitios. Es muy diferente elaborarla en Ribera del Duero que en Cigales, que está muy cerca, y no digamos ya en Toro o ahora en Rioja. No se pueden transportar las elaboraciones, los tiempos, de un sitio a otro porque sus expresiones son muy distintas. Tenemos una relación de amor con esta uva maravillosa”.

 

 

 

 

 

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