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Los gustos y los caminos

Doña Alicia

Autor: César Serrano. Ilustración: Máximo Ribas
Sábado, 8 de abril de 2017

Alicia Álvarez regresó, ya con 62 años, a Picote de Traslasierra, después de haber permanecido durante 49 años al servicio de los marqueses de Las Balonguillas, primero en el palacio del Salor y más tarde con Adolfito, el único hijo de los marqueses, que ejercía como magistrado en la Audiencia de la capital a donde llegó tras un largo peregrinar por juzgados de pequeñas ciudades de provincias.

En Madrid se instaló con Alicia en un coqueto piso del barrio de Salamanca, herencia de un tío suyo, ya fallecido, que ejerció como forense en la Audiencia Provincial de Madrid.

 

Fue desde la capital, y tras la muerte repentina de Adolfito, cuando Alicia Álvarez decidió regresar a Picote para pasar, decía, los últimos años de su vida haciendo el bien entre los suyos, gracias a una herencia de 700.000 pesetas y las rentas de tres casas en Madrid y de una en Figueira da Foz, en Portugal, lugar de veraneo de los marqueses.

 

Con Alicia también llegó a Picote una cocina bilbaína de hierro colado y herrajes de bronce, con tres placas de fuego, un horno y un depósito con cinco litros de capacidad para el agua caliente. Fueron muchas las vecinas que se acercaron a admirar aquella modernidad que Alicia instaló en lo que fuera la casa de sus padres, después de hacer unas obras que, cuentan, costaron más de 60.000 pesetas.

 

Alicia era una mujer discreta y elegante, que los domingos acudía a misa y visitaba a los enfermos. Después, la casa. La casa donde escuchaba la radio mientras en la cocina se urdían aromas y sabores, que dos días a la semana, los martes y los jueves, trataba de transmitir a las jovencitas de Picote en los cursos que ella denominaba “la cocina y el buen arte de preparar la mesa”, y que impartía como parte del Servicio Social, que habían de realizar todas las jóvenes casaderas.

 

Un día, al llegar las muchachas a la casa de doña Alicia, era así como la llamaban, se la encontraron rebosante de felicidad y con un gran puchero humeante de chocolate junto a una bandeja de picatostes, bolluelas de huevo y unas doradas y tentadoras torrijas. Ya con todas las muchachas reunidas en torno a la enorme mesa que había en el centro de la cocina, les dijo: “Mis torrijas de Cuaresma estarán impresas en el libro Manual de Cocina. Recetario, que edita la Sección Femenina y que recoge –dijo– recetas de todas y cada una de las provincias de España”. Sí, fue un día feliz para Alicia Álvarez aquél en el que supo que Ana María Herrera había seleccionado una de sus recetas. De esas memorias de Alicia Álvarez, estas deliciosas y sencillas torrijas.


 

 

 

Torrijas de Cuaresma

 

Ingredientes

 

Un pan de molde especial para elaborar torrijas, un litro de leche, un litro de agua, 200 g de azúcar, azúcar glas y canela en polvo.

 

Elaboración

 

Cortamos el pan en rebanadas de dos centímetros y las mojamos en leche que habremos azucarado. Dejamos escurrir y freímos. Una vez fritas, las bañamos en un almíbar que elaboramos con agua y azúcar. Realizada esta operación, ponemos las torrijas en una fuente y espolvoreamos con azúcar glas y canela.

 

 

 

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