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Región de Franconia

Nuremberg, una isla interior en el corazón de Baviera

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Viernes, 15 de septiembre de 2017

El corazón protestante de Franconia late a ritmo de bullicios y cervezas, donde también hay acomodo para restaurantes con estrellas Michelin que han dado una ecológica vuelta de tuerca a sus productos de proximidad.

[Img #12965]Nuremberg es una isla tierra adentro. Su corazón protestante late en medio de una Baviera muy católica, y por ello se aprestan a decir que su patrimonio religioso (iglesia de San Lorenzo, 1277, y del patrón San Sebaldo, 1273) no se consagra al culto sino a la “cultura”. Unida con Munich por el mar de la cerveza, la urbe destaca como un bella rareza que daría para mucho contenido en preguntas rebuscadas del Trivial Pursuit: aquí se inventó desde el astrolabio hasta el secador de pelo, pasando por los pañuelos desechables, la tuba o el clarinete. Nuremberg, cómo obviarlo, no deja de ser un lugar injustamente estigmatizado por los célebres juicios que ajustaron cuentas con el nazismo entre 1945 y 1946, cuando sus virtudes y atractivos van más allá de la revisión histórica de turoperador. Resulta inevitable y necesario que a día de hoy siga la romería de turistas (especialmente estadounidenses y japoneses, hijos y nietos de combatientes) que quieren conocer dónde y cómo se penó con la ley internacional en la mano los desmanes del Tercer Reich. No obstante, tanto el fanático de las beligerancias mundiales como el turista accidental descubren con prontitud una urbe plácida y medieval, recoleta y bien provista de monumentalidad que da muy bien de comer a orillas del río Pegnitz –y sus canales– mientras el visitante desentraña el misterioso naturalismo anatómico del pintor Alberto Durero, su [Img #12966]paisano más universal. También aclaran al foráneo que aquello es Franconia, otro oasis nuclear de Baviera, y que se halla en un lugar donde la gastronomía no es baladí desde hace centurias, que sus vinos blancos son muy ricos (algunos envejecen en bodegas que fueron búnkeres) y que mucho cuidado con su repostería. Por aquí entró el chocolate en el siglo XVI y se diseminó por toda Alemania, y aquí se celebra anualmente en febrero BioFach, la feria de alimentos biológicos más importante del mundo. Claro, también hay salchichas como para encadenar a la humanidad entera, si bien han dado un paso más en cuanto a sabor y técnica, al igual que cierto refinamiento les ha llegado a los típicos haxen (codillo), el schäuferle (paletilla, brazuelo del cochino) o esa sopa de patata (kartoffelsouppe) tan vigorizante y espesa como la crema catalana.

 

[Img #12963]El mejor momento para adentrarse en la ciudad acontece en Navidad, con un mercado espectacular y entrañable que concita a más de dos millones de personas. Quizá las fiestas de fin de año y sus excesos pueden hacer olvidar que Nuremberg, “cofrecillo del tesoro” para su medio millón de almas, cuenta con joyas en forma de espárragos y fresas, que las carnes de res con salsa de rábanos hacen levantar las copas y los ánimos y que hay tubérculos de negras raíces que nadan en rica bechamel. Los más corajudos en lo crudo suelen ordenar ochsenmaulsalat o schweinesülze –ensaladas de morro de buey o de cerdo blanco de la región, respectivamente– aderezadas con vinagre y cebolla y que suelen ser consideradas “comida de pobres”. Exentos de ferrosidad y aspereza (se los comería hasta el niño más esquinado), no hay que desdeñar los kalbsleber, filetes de hígado de ternera maridados con vinos de la tierra (más ácidos que los riesling del río Mosela).

 

Como antiguos exportadores de menaje de plomo y cobre, los habitantes de esta ciudad han sido históricamente estupendos comerciantes, criadores de gansos y ocas y delicados pasteleros. La especialidad local son las elisenlebkuchen, pasteles que se han convertido casi en el icono de esta ciudad con castillo de arenisca, adoquines, food trucks de vanguardia, hamburguesas orgánicas y bretzels, ese pan concebido en forma de gafas para poder ver el sol a través de ellos.

 


 

[Img #12970]Para sentirse local

 

Ahumadas, cocidas con vino de Franconia, acompañadas de chucrut y rábano picante, nadie en Nuremberg prepara las salchichas mejor que Behringer Bratwursthausle, local rústico y multitudinario (en el catastro desde el año 1313). Cuentan con una variedad hecha tartar, aderezada con huevo cocido sobre pan negro. Hechas con carne de pierna y brazuelo de cerdo, las llamadas “azules” son salchichas asadas con madera de haya. El café Neef lleva desde 1972 saciando a los más golosos de la ciudad. Regentada por Ingrid y Florian Neef, madre e hijo, destaca su mostrador de tartas de gran calibre (medio metro de diámetro) coronadas con frutas frescas, además de pralinés y trufas de alto voltaje y fina cobertura. En Pascua elaboran huevos y panes, pero si son realmente célebres son por sus contundentes elisenlebchuken. Tienen 25 variedades. Precio, 11 euros las cinco unidades.

 



 

 

 

Agenda

 

Dónde comer

 

[Img #12968]Essigbrätlein

Weinmarkt 3

 

El chef Andree Köthe, con la colaboración de Yves Ollech, lidera este pequeño establecimiento que destaca con dos luminarias en la Guía Michelin. Intimidad y atmósfera de calidad en esta cocina minimalista y de especias con ramalazos de alta coquinaria francesa basada en productos de Franconia. Una fotogénica sinfonía verde en plan Andoni Luis Aduriz (puerros con perifollo, berzas al estragón, habas con guisantes, espinacas) que tiene su continuación con un sublime cordero maridado con vinos de Sonoma y postres delicadísimos. P.M.: 90 €.

 

 

Steichele

Knorrstrasse 8

 

Quizás el lugar más auténtico de Nuremberg en cuanto a cocina local. Su gerente, Bernhard Steichele, uno de los más activos empresarios de gastronomía de la ciudad, procura platos tradicionales –ensaladas de morro, hígados de ternera, descomunales espárragos, carnes de ciervo, salchichas, carpas al horno– y mima la carta de vinos como pocos en la ciudad. Cuenta con una bodega al otro lado de la calle que fue búnker durante la II Guerra Mundial. P.M.: 35 €.

 

 

[Img #12972]Opatija

Unschlittpl 7

 

Una apuesta mediterránea (croata para ser más exactos, el local lleva el nombre de una ciudad de Istria) con toques turcos, italianos y hasta austriacos la de Herr Jug y su equipo. Pastas, pescados y carpachos al estilo de los Balcanes en este grill con terraza donde ver y ser visto, y obras de arte (cuadros a la venta) en el interior. No olvides pedir un malvasía de la costa de Dalmacia para aliar el menú. El restaurante comparte espacio con el confortable hotel Hauser. P.M.: 120 €.

 

 

Auguste

Königstrasse 93

 

El fast food tiene un custodio de la buena praxis en esta hamburguesería de corte orgánico. Absolutamente todos los ingredientes de sus ricos y monumentales bocadillos (carnes, lechugas, aguacates, tomates, pepinillos, quesos, cebollas...) proceden de agricultura justa y biológica. Opciones para vegetarianos y veganos. P.M.: 18€.

 

 

Albrecht Dürer Stube

Obere Schmiedgasse 58

 

Si uno quiere sentir la magia medieval y la camaradería sin protocolos sentado en bancas de madera, este es su local. Raciones inacabables de codillos y chucrut, decoración abigarrada, cervezas que rebosan e iconografía que hace pensar que uno ha viajado al tiempo de Alberto Durero y su particular y barroco universo. P.M.: 30 €.

 

 

Dónde dormir

 

Hotel Drei Raben

Königstrasse 63

 

Arenisca rojiza envuelve este cuatro estrellas en el que el huésped se siente como en casa. Sus habitaciones temáticas, amplias y cómodas, decoradas con vinilos que aluden a momentos históricos para la ciudad o la región, son la base idónea desde donde trazar planes y rutas. Se radica a cinco minutos de las arterias comerciales, los puntos históricos y la estación de tren y metro de Hauptbahnhof (estación central).

 

 

Más información

 

La aerolínea de bajo coste Ryanair conecta Madrid con la ciudad de Nuremberg todos los lunes, miércoles, viernes y domingos. En las webs de la Oficina de Turismo de Nuremberg y Alemania Destino Turístico.

 

 

 

 

 

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