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Comer, beber, amar

¿Igual?

Autor: Mayte Lapresta
Domingo, 10 de diciembre de 2017

Será verdad que han pasado casi cinco décadas desde esas navidades setenteras.

Mi hija, recién inaugurada su etapa adolescente y inmersa en el sentir millennial, se ríe al ver las desvaídas fotos, recuerdo inevitable de cada banquete de felicidad y encuentro. Mi madre, cocinera espléndida, vaciaba la cuenta bancaria para dotar a la mesa de las mejores viandas, sin salirse ni un ápice de la tradición familiar: copiosos aperitivos, plato de barro con angulas y los enormes langostinos con las dos salseras de mayonesa. El consomé, en magníficas tazas, muy caliente. Y el cardo con piñones, meloso y digestivo. Besugo al horno, por supuesto, y cordero con la manzana asada de rigor. En las copas, pequeña para el blanco y grande y tallada para el tinto, Viña Esmeralda y 904. Siempre los mismos. Y el Cointreau para la piña, claro. Esa era una España recién abierta a la democracia, donde nadie reciclaba ni se cuestionaba ir o no a la Misa del Gallo. Unas fiestas sin Papa Noel y con grandes belenes. Hoy pongo un árbol de diseño. Cada bola armoniza con la otra. El horno al vapor está programado para que el cochinillo precocinado esté en su punto. Los vinos, en la cámara a temperatura adecuada. Sudáfrica, Francia y logicamente España, pero con un bierzo de morirte de una pequeña y desconocida bodega-garaje. El móvil no deja de sonar. Whatsapp se quema a mensajes. Me felicita gente que ni recuerdo. La mesa, minimalista, pocos adornos y platos de diseño. Las copas, grandes y diáfanas, ordenadas para la degustación. Ya estamos todos. Faltan algunos, inevitable, pero están en el recuerdo, pululando entre las sillas. Los jóvenes por fin han dejado el móvil en el bolsillo y conversan animadamente. Los pequeños han empezado a picar un poco de jamón y mi madre admira con satisfacción de abuela lo bien que se portan. Al fin y al cabo, no hay tanta diferencia entre esas cenas de la prehistoria y la del 2017. No nieva en la calle y la casa está más caliente, pero lo importante, el amor, es exactamente el mismo.

 

Feliz Navidad, amigos.

 

 

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