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Caribe melodioso

Jamaica, la isla que se mece al ritmo de la exuberancia

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Arcadio Shelk
Viernes, 22 de diciembre de 2017

Playa, sol, reggae…, y naturaleza selvática, frutas exóticas, salsas picantes y agua de coco. Jamaica, tierra del no problem, esconde aspectos que la convierten en un caladero de positividad, relajación, sabores intensos y aventura.

“Sun is shining, the weather is sweet. make you want to move yor dancing feet”. Así reza uno de los éxitos de Bob Marley, rey del reggae y uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Sin duda, se trata de una buena descripción de uno de los paraísos caribeños, donde los tópicos (ron, música y rastafaris) se convierten en puras realidades que se arropan con atractivos turísticos clásicos (playas paradisiacas, hoteles lujosos, gentes amables, buen rollo) y otros casi desconocidos (gastronomía de interesante fusión india-británica-española-africana-japonesa, interior verde y salvaje, otras formas de vivir sin apenas nada, pero con una eterna sonrisa…).

 

Miradas nuevas

 

[Img #13526]Fire nos espera en la puerta de la granja Zimbali, en la costa oeste de la isla, a una hora del popular Negril. Es muy delgado y recoge con un gorro tejido en amarillo, verde y rojo (los tres colores de la bandera de Etiopía adaptada en las tierras jamaicanas) sus rastas. Ha caído una fuerte tormenta tropical y los caminos se muestran anegados. Pero el sol vuelve a lucir y nos espera una subida hasta su cabaña, construida con maderas en plena montaña. Tras un choque de puños y el consabido YaMan (yeah Mon) iniciamos el ascenso. Por el camino recoge un par de cocos, agua de manantial, ackree y ñame amarillo. También algunas frutas como el aki (fruta nacional), el caimito de suave pulpa o el guapinol, que aseguran alivia el dolor de cabeza. Las vistas desde su pequeña choza compensan el esfuerzo. Dos hamacas nos reciben mientras Fire prepara la comida. Simple y exquisita. “Una chica británica vino a pasar el día y se quedó conmigo seis meses”, asegura con una sonrisa.

 

Abajo, el pequeño y exclusivo alojamiento de Zimbali se convierte en una propuesta distinta para un turista diferente. Mark y Lisa son dos jóvenes estadounidenses que decidieron cambiar de camino radicalmente. Y encontraron un lugar perdido en la montaña de Jamaica, en armonía con la naturaleza. Seis habitaciones y un restaurante que ya empieza a dar que hablar en toda la isla. Los fogones están en la manos de Alecia, chef rastafari que conoce al dedillo los recursos naturales de la zona, recolectando a diario para ofrecer una cocina llena de sabor. “Aquí tenemos claro que hay que trabajar la tierra con respeto, cada día. Reza el lema de no farm, no food”, asegura. Delante de los comensales prepara con las manos una ensalada de coco seco rallado, pepino, lechuga, zanahoria y papaya, que aliña con miel, limón y zumo de uva. Como plato principal, pollo (carne favorita del público local), pescado o gambas con curry o con la popular salsa jerk, o pescado frito envuelto en una hoja de banana. Todas las verduras y frutas proceden de la granja orgánica, que se puede visitar en cualquier momento del día.

 

[Img #13530]La biodiversidad que goza el interior de la isla convierte cada rincón en un verdadero parque natural. Los bosquetes de bambú se mezclan con el cedro, la caoba, los árboles frutales de cítricos poco comunes como la naranja amarga, la mandarina jamaicana, el ugli o la otarquine; la planta del café con sus granos rojizos aparece en las laderas de Blue Mountain, mientras que los bosques del norte se llenan de las palmeras de coco, mango, plataneros, los enormes helechos o el exótico frutipan, cuyo fruto posee una textura similar a la patata. Paisajes subtropicales que lucen impresionantes flores, como la variedad de hibiscus que se utiliza en muchos de sus platos. En medio de esta exuberante flora, los visitantes pueden disfrutar de diversas experiencias como el paseo en balsa de bambú por las suaves aguas del río Martha Brae o la remontada de las cascadas de Mayfield.

 

Jamaica también es famosa por su café. La tortuosa carretera que une Kingston con el norte atraviesa la llamada montaña azul (debe su nombre al color de sus cumbres divisadas desde las costas), conocida por ser el lugar de origen del café más caro del planeta. Alex y Dorothy Twyman crearon en 1968 una pequeña plantación con tostadero de café en una de las colinas más bellas de este agreste paraje. Hoy, su hijo David es el que ha tomado el relevo, consiguiendo que Old Tavern Coffee Estate se convierta en uno de los cafés gourmet más demandados. Nos abre su casa y nos sirve una taza humeante de esta delicada infusión… Dulce, frutal y aromática. Merece los 50 euros el kilo que alcanza en el mercado europeo. Eso sí, se trata de un bien escaso pues apenas recolectan 20.000 kilos al año.

 

Entre mar y cielo

 

[Img #13533]El viaje continúa hacia el noreste. Quizás la costa más bella de la isla, inaccesible y desconocida. Ríos que se mezclan con el océano en un juego de temperaturas apasionante. Blue Lagoon, nombre en honor a la grabación que tuvo lugar en ella de la mítica película juvenil de los 80, El Lago Azul, se alza como una de las playas mas escondidas y privadas. Muy cerca, Winnifred Beach, pública y vibrante, llena de pequeños bares sobre la arena donde se sirven pescados a la brasa y langosta. Dorien lleva cocinando en la playa desde niña. Antes lo hacía su madre y ahora también le ayuda su hija. Tres generaciones mano a mano en una pequeña cocina sobre la arena, 25 años dedicados a hervir maíz o elaborar pescados recién capturados acompañados de arroz con frijoles. En la nevera, cerveza muy fresca, siempre Red Stripe o Dragon Stout si se prefiere negra. A la caída del sol, la escarpada ladera esconde pequeñas cabañas. En Kanopi House la intimidad está asegurada y la sensación de libertad es intensa. Rodeado de exuberante fronda, este hotel es el paraíso de Jamaica, ese lugar perdido que se preserva intacto, virgen y auténtico para recordarnos que existe un mundo sin puertas ni ventanas, combinando naturaleza y lujo con una sensibilidad fuera de lo común.

 

[Img #13534]No puede entenderse Jamaica si no se prueba su ron. Junto al gran Appleton se abren otras pequeñas destilerías que elaboran marcas de consumo más local. Muy cerca de Montego Bay, Hampden Sugar Estate posiciona en el lineal dos etiquetas, Fire y Hampden Gold. Sus modestas instalaciones se recorren en un par de horas guiadas por expertos que explican con detalle todo el proceso de producción, siempre después de tomar un refrescante cóctel y antes de la cata.

 

Continuamos el recorrido conociendo a la escritora y chef Robin Lim Lumsden, que nos abre su casona Belcour Preserves. Allí prepara, con ingredientes locales, recetas familiares sencillas que encarnan la buena cocina jamaicana. “Es una cocina de mezcla de culturas, hay curry, hay breadfruit, aki y aguacate, también hay gran café y recetas de salsas únicas como la jerk. Todo eso es Jamaica”. Hoy Robin se ha consagrado como una de las autoras culinarias más prestigiosas del país y lidera con su marido una línea de productos gourmet de frutas en conserva, saltas y mieles.

 

La ruta culinaria puede culminar en Kingston, la capital. Uno de los locales de moda basa su oferta en el recetario local, Red Bones Blues Café. Su pollo jerk tiene el toque picante adecuado, con la pimienta de Jamaica patente pero recatada. Aunque quizás elija langosta. La música empieza a sonar y el ritmo del reggae con toques de ska inunda la hermosa terraza. No conozco la canción, pero la base es similar a la de cualquiera de los grandes éxitos mundiales. Mi cabeza sigue el ritmo. Mi corazón ya es jamaicano.

 


 

Anarquía poco british

 

Con una extensión de 240 km de largo y menos de 80 de ancho, Jamaica es una de las Antillas Mayores. Sus principales zonas turísticas se encuentran en la costa norte, desde Negril hasta Ocho Ríos, con Montego Bay (Mo Bay según los jamaiquinos) como principal enclave. Al sur, la capital, Kingston, hoy libre de la mala prensa que tachaba de peligrosas sus calles, revitalizada con la presencia de buenos restaurantes y grandes hoteles. Independiente desde 1962, Jamaica todavía pertenece a la Commonwealth, algo que se detecta de inmediato en sus uniformados estudiantes y en la conducción por la izquierda, aunque con una anarquía poco británica. Al idioma oficial, el inglés, se une el patois, una divertida mezcla que introduce con gracia vocablos africanos y españoles, verdadero resumen de su historia.

 


 

 

 

 

Agenda

 

[Img #13529]Dormir y más

 

A los “all inclusive” de lujo que posee la zona, con una buena presencia de cadenas españolas (RIU, por ejemplo, ofrece dos cinco estrellas, RIU Palace Montego Bay y RIU Negril,) y otros de carácter más americano como el elegante Moon Palace, con siete restaurantes entre los que elegir sin salir de sus fastuosas instalaciones; se unen propuestas más rurales y diferentes, como las impresionantes cabañas en la Blue Lagoon de Kanopi House o el toque gastro de la granja Zimbali Retreats. Si paras en la capital, buena idea descansar en Spanish Court Hotel, con un restaurante de alto nivel gastronómico.

 

 

[Img #13525]Visitas gourmet

 

Hampden Sugar Estate. La esencia del ron. Red Bones Blues Café. Cocina caribeña y buenas carnes. Old Tavern Coffe Estate. Café de Blue Montain. Belcour Preserves. Descubre la cocina jamaicana junto a Robin Lim Lumsden. Tour gastronómico en Yaaman Adventure Park.

 

 

Más información en la web de turismo de Jamaica

 

 

 

 

 

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1 Comentario
Francesca Prince
Fecha: Viernes, 22 de diciembre de 2017 a las 19:35
Dan ganas de ir para allá, ¡ya!

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