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Polinesia francesa

Islas de Tahití, desconectando en el paraíso Pacífico

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Arcadio Shelk
Viernes, 19 de enero de 2018

Al otro extremo del planeta el océano se salpica de pequeñas islas primitivas, sensuales colores, el sonido del ukelele, el exotismo de aromas a vainilla y coco. Allí los sueños se hacen realidad. La Ora Na: bienvenido al paraíso.

Allá por los Mares del Sur, aquellos que nos describía en su ruta de viaje Robert Louis Stevenson, que pintaba Paul Gauguin en geniales obras como Mata Mua o Mujeres de Tahití o que embelesaba a los navegantes europeos del siglo XVIII, surgen del Pacífico pequeñas islas paradisiacas, cuyos colores, flores, sonidos y perfumes han conquistado al ser humano a través de los siglos.

 

Tahití y sus islas, vinculadas a Francia como Colectividad de Ultramar al otro lado del globo terráqueo, es uno de los destinos soñados por cualquier mortal, ése que forma parte del imaginario popular como paraíso perdido al que quizás, alguna vez, pudiera escapar. Pero llegar a conocerlo es más posible de lo que se podría esperar. Con buenas comunicaciones desde París, Los Ángeles y enlaces frecuentes con Australia, Nueva Zelanda y Chile, un poco más de un día de vuelo es suficiente para aterrizar en el Archipiélago de la Sociedad, el más visitado y accesible de todos.

 

En el mercado

 

[Img #13652]La más poblada de todas las islas abre sus puertas desde su capital al mundo entero. Una isla de agrestes cumbres tapizadas de foresta y bellas playas que no solo debe convertirse en lugar de paso para el acceso a Polinesia, sino en destino, bien combinado con alguna de sus hermanas, accesibles en ferry como Moorea o en vuelo como la popular Bora Bora o la sublime Taha´a. Un día es suficiente para recorrer su contorno, visitando Nui (la parte más grande) e Iti (la pequeña península), el paraíso de los surfers. Papeete, centro neurálgico que concentra la mayoría de su población, es un buen principio para descubrir la isla. El corazón de la ciudad es su mercado. En los alrededores se agolpan pequeños puestos de flores, sabiamente tejidas formando collares, coronas o adornos para el cabello. El interior del mercado, bullicioso y con menos turistas que locales, es una verdadera inmersión en las posibilidades culinarias de Polinesia. Decenas de frutas tropicales desconocidas como api, corossol, tarúa (parecido a la lima) o pomelo amarillo gigante o sustitutos de la patata como  el uru o el taro destacan en sus pequeños puestos; pescados multicolores como el pez loro o los coral fish, o el mahi mahi que junto al atún conforma su principal oferta marina; caldos de pescado de fuertes aromas, vainilla seca y en polvo, aceite y leche de coco…, un mundo que precisa de la importación de cárnicas de Nueva Zelanda y cereales europeos para completar su gastronomía, pero cuya riqueza salvaje convierte cada receta en única. En la planta superior, los tejidos y la artesanía popular toman el relevo. Un lugar perfecto para encontrar una pieza tallada en tou o miro de Las Marquesas o un pareo de vivos colores y motivos florales que visten las mujeres polinesias con una gracia difícil de imitar.

 

Local y original

 

[Img #13651]Benjamin Huber nos recibe en su  Uru Farm. Nos rodea una plantación de árbol del pan, una especie tradicional de Polinesia cuyo voluminoso fruto (el uru) tiene, curiosamente, poca utilidad en la cocina local. Benjamin puso en marcha, junto a su mujer Theresa, la producción de harina derivada de este exótico fruto con amplias aplicaciones en repostería, rebozados y panes. Con un precio de unos 10 euros el kilogramo, podría convertirse en un buen sustituto de la tradicional harina de trigo, que ha de importarse.

 

Un taxi nos acerca al mercado de artesanía de Las Marquesas. Tiene lugar dos veces al año y permite a los artistas de este agreste archipiélago ofrecer sus productos a un turismo que no desea gastar tres horas más de vuelo que se precisan para conocer estas vírgenes y remotas islas. Los puestos muestran arte ancestral que se mantiene intacto hoy en día: flautas nasales o vivo, cestería de caña trenzada, tallado de maderas preciosas, objetos decorativos en piedra, coral o hueso, pinturas realizadas en tapa o corteza de árbol y, por supuesto, perlas de irisados matices.

 

La noche arriba pronto en la isla. Las mujeres, con su flor de Tiaré en el pelo, hacen cola para acceder a los salones que acogen uno de sus festivales más internacionales, Hura Tapairu. Allí la difícil disciplina del baile polinesio, el ori tahiti, muestra toda su belleza y esplendor. Un concurso donde músicos y bailarines amateur y profesionales danzan ante los expectantes ojos de un turista poco conocedor. Los movimientos sensuales, ritmos tribales, coreografías tradicionales y vestuario vegetal crean un ambiente único de un exotismo absoluto.

 

[Img #13646]Paseo por Tahití

 

Con una zona este más poblada y turística y una costa oeste agreste, volcánica y húmeda, la isla de Tahití esconde un interior salvaje, de difícil acceso, altas cumbres y espectaculares cascadas naturales. Una parada en el museo nos permite entender las migraciones, lenguas y tradiciones de las islas, que se preservan en gran parte a pesar de haber sido perseguida durante siglos. En esta conservación jugaron un papel fundamental la figura del mahú, el llamado tercer sexo de Polinesia, transexuales de reconocido prestigio en la sociedad polinesia que se ocuparon de trasladar de padres a hijos costumbres tan arraigadas como el tatuaje maohí, la lengua, las danzas y las vestimentas tradicionales. Estas figuras andróginas tienen hoy alta consideración y se encuentran entre los equipos de los más importantes hoteles y restaurantes como señal de respeto. La ruta continúa por las grutas de Maraa,  agua dulce que orada las duras tierras volcánicas creando formas hermosas. Muy cerca, el Museo Paul Gauguin y dos interesantes jardines botánicos, donde cascadas, lagunas y especies tropicales conviven creando un paisaje algo caótico y desordenado.  Unos kilómetros después, la triple cascada de Faarumai, que caen desde las cubres verdes formando verdaderos jardines verticales y el trou du Soufleur, donde las olas rugen atravesando la piedra por un agujero en la roca, son dos alicientes para terminar el recorrido en Mahina, su playa de arena negra.

 

Aroma de vainilla

 

[Img #13642]Un vuelo de 50 minutos une Papeete con Raiatea, la segunda isla en población e importancia del archipiélago de la Sociedad. Palmeras y transparencia turquesa se muestran como tapiz continuo cuando aterrizas en ese paraíso de coral. Cuna de la cultura polinesia, primera isla habitada y centro místico con presencia de importantes maraes (lugares sagrados), ve eclipsado su protagonismo por la belleza salvaje de su compañera de aguas, Taha´a, la isla de la vainilla. Las razones son potentes: rodeada de pequeños motus (islotes en la barrera de coral) deshabitados, de brillante arena blanca y con suaves laderas cultivadas, los jardines de coral de Taha´a muestran un universo submarino de una riqueza inigualable. Unas gafas de snorkel son suficientes para vivir una experiencia única, jugando con enormes mantas inofensivas, buceando libremente entre tiburones o dejándote llevar por la corriente entre corales vivos de colores brillantes y formas inusitadas. Samuel nos recoge en su pequeña lancha para este encuentro respetuoso. Conoce perfectamente los lugares perfectos para esa convivencia marina y hace posible explorar de cerca la poblada laguna natural que la barrera de coral ha creado alrededor de Taha´a. Más tarde, el almuerzo nos espera en su casa familiar. El contado turismo que se acerca a conocer la isla le ha permitido dejar el duro oficio del coco, pero nos enseña cómo lo parten y trituran. Cien cocos en cada bolsa, 20 o 30 bolsas cada día por hombre. Tras ser secada, la carne del coco se traslada a Tahití, donde extraerán el valioso aceite. Su familia nos aguarda para comer. Un horno de leña excavado en la tierra aloja los manjares que llevan cuatro horas guisándose a fuego lento: pollo, cerdo, beudin de calabaza, mandioca y banana. También un ceviche de atún, tomate, sal, lima, pepino y leche de coco. Comen con las manos tras bendecir la mesa. Un verdadero festín de realidad inolvidable que te permite echar un vistazo a las costumbres y usos de la isla.

 

[Img #13639]La pequeña granja de perlas Love Here es un lugar perfecto para entender el cultivo de esta preciada joya. Más de 40 hectáreas de laguna alojan las más de 400.000 ostras en producción. Sin valor alimenticio (su músculo se elabora como carpaccio con un sabor algo anodino), las perlas negras irisadas forman un verdadero arco iris de matices, desde los rosados a los blancos, que se extraen con la precisión de un cirujano, pudiendo llegar a producir hasta cuatro perlas a lo largo de su vida.

 

A escasos minutos, llegamos al valle de la vainilla, con una plantación de 1.000 trepadoras que crecen sobre pequeñas acacias podadas para hacerla más accesible. Las orquídeas de un día (viven solo 24 horas) son polinizadas con cuidado para dar a luz las vainas de vainilla, que una vez secadas serán utilizadas como especia fundamental en la elaboración de postres o aceites corporales. Por último, una pequeña cata degustación de la mini destilería de ron limitado, T Rhum, cuya crianza se realiza en barricas de sauternes, jerez o bourbon. Laurent Masseron, propietario de estos pequeños alambiques, considera que es el agua de primavera de Taha´a el que hace posible este maravilloso ron de distribución prácticamente local.

 

Salvaje Moorea

 

[Img #13653]A media hora en barco desde la terminal de Papeete, Moorea es perfecta competidora en belleza con la demandada Bora Bora. La llegada a su pequeño puerto es majestuosa. Sus escarpados picos, abruptos e imponentes, se rodean de perpetuas nubes mientras que su laguna azul brillante se abre paso entre las olas que baten su barrera de coral. Con un perfil que recuerda a un cangrejo, dos bahías rompen el contorno de la isla, a cada cual más bella. El inaccesible interior permite una pequeña subida hasta el mirador de Belvedere para contemplar la magnitud de estas entradas de mar. En el ascenso, un bosque esconde una agrupación de maraes. Lugares sagrados de la sociedad polinesia precristiana, formada por la agrupación ordenada de piedras y postes de madera, en este caso se dota de un misticismo mayor por encontrarse en un espeso bosque regado por un sinuoso río. Un lugar místico y especial. Abajo, campos de piña alineados perfectamente que se abren paso entre la frondosa vegetación de estas islas. Los zumos de Manutia Juice Factory son de los más preciados de Polinesia y se producen en la bahía Oponohu. Las playas son inolvidables, eternas, vacías: Temae y su hermosa laguna o Haapiti, más al sur.  Sus habitantes disfrutan el domingo, día de descanso, de su belleza, obligados a diario a cruzar el mar para trabajar en Tahití. Moorea es pequeño, muy pequeño, y en este paraíso la vida transcurre sin que nada ocurra. La vie heureuse como afirman allí, vida tranquila donde solo importa el presente. Stephane y Frank vivían en París, pero hace ya más de dos años que abandonaron todo para comprar un pedazo del paraíso. En su pequeña casa de huéspedes, Poerani, han entendido lo que significa la paz. Están lejos del mundo, pero cerca de sí mismos, afirman.

 

Moorea te conquista, con un silencio místico roto por el batir de las olas al fondo, en la barrera, y el canto del gallo a la salida del sol, animales que vagan libres por todas las islas. Atardece y una pareja despide en la terminal de ferris a sus padres, que han recorrido miles de kilómetros para conocer a su nieto. Lágrimas y flores para despedir una forma de vida, un lugar perdido, primitivo, natural, donde encontrar, sin duda y sin esfuerzo, la verdadera felicidad.

 


 

[Img #13638]Le Taha´a Island Resort

 

Bajo el paraguas de Relais & Châteaux, esta escenario paradisiaco de apenas 57 cabañas distribuidas a lo largo de la turquesa bahía es uno de los lugares inolvidables del planeta. Situado en un motu privado con acceso directo a uno de los jardines de coral más importantes del archipiélago, la paz está asegurada. Tres restaurantes, pistas de tenis, piscinas, picnics privados, desayunos en la habitación-palafito llevados en barca, espectáculos de danzas polinesias, spa… Todos los detalles garantizados en un lugar donde la belleza paisajística y las cálidas aguas transparentes y llenas de vida son por sí solas aliciente suficiente.

 


 

[Img #13640]Volando voy... muy lejos

 

Air Tahiti Nui proporciona la conexión perfecta para volar al Pacífico Sur, con vuelos regulares desde París, Los Ángeles, Auckland, Tokio y Sídney (con Qantas) y desde España, vía París-Charles de Gaulle. Una flor de tiaré para recibir a los viajeros desde el embarque y unas cómodas clases atendidas siempre por un personal alegre, sonriente y atento. Las paletas de colores de la decoración recuerdan las playas de blanca arena y los tonos irisados de la perla negra, sin olvidar el confort. Una gastronomía adecuada y una flota actualizada completa tan grata experiencia.

 


 

[Img #13643]Un código floral

 

Desde la llegada, la flor se convierte en protagonista de un viaje a Tahití y sus islas. Una tiaré, bella flor blanca de delicado aroma o un hibisco rojo adornará siempre el cabello, pero cuidado, si la colocas a la derecha, indicas que estás disponible y a la izquierda que estás casado o comprometido. En ambos lados, juegas al despiste, algo muy habitual en las jóvenes. Una flor en la parte trasera del cabello significa “sígueme” y se considera una invitación clara al contacto físico.

 

Cuando te obsequian con una corona de flores delicadamente armada es que te invitan a una fiesta u ocasión especial y la bienvenida, en un hotel o en el aeropuerto, siempre conlleva un collar de flores tanto para el hombre como para la mujer.

 

A la despedida, como recuerdo imborrable y no perecedero, muchos hoteles sustituyen las flores por largos collares de diminutas conchas, pequeñas como lágrimas derramadas por el regreso.

 



 

 

 

 

Agenda

 

 

Tahití

 

Dónde comer

 

[Img #13649]No dudes en probar la fast food que se ofrece en el mercado de Papeete. Pollo al limón, pescado de la laguna con cebolla y pan de coco son sus principales alicientes.

 

Prueba un acaí bowl, tendencia en el mundo del surf por su valor energético. Se enclava junto al centro comercial Vaima.

 

Disfruta de una cena en sus roulottes, food trucks situados en la plaza Vaiete frente al mar con la isla de Moorea vigilando tus pasos. Abierto desde las 6 de la tarde.

 

Gastronomía de nivel en el restaurante Le Coco´s. Menú degustación junto al mar en un ambiente distinguido.

 

Una ruta por el contorno de la isla puede culminar con un almuerzo en el restaurante Gauguin (PK 50,5). Y si se accede al interior, el hotel Relais de la Maroto (valle de Papenoo,) ofrece vistas espectaculares.

 

Dónde dormir

 

Una recoleta playa de arena negra y mar abierto son los atractivos del hotel Tahití Pearl Beach Resort, con amplias y modernas instalaciones, un servicio de spa y buena gastronomía.

 

Lujo, tiki bar y buena gastronomía en Le Lotus, el imponente resort Intercontinental Tahiti es una de las mejores propuestas hoteleras de la isla. Muy cerca del aeropuerto, te permite sumergirte en el exotismo de la isla desde el primer momento, con bungalós sobre el mar, jardines tropicales y piscina de arena.

 

Moorea

 

Dónde comer

 

[Img #13657]A lo largo de la carretera podrás encontrar furgonetas que ofrecen cocina local, francesa o china, así como abundantes puestos de frutas. Por supuesto, los grandes hoteles de la isla ofrecen restaurantes de nivel y buena gastronomía.

 

Grandes platos sabrosos y contundentes en una de los mejores lugares para contemplar la puesta de sol: Moorea Beach Café.

 

Dónde dormir

 

[Img #13654]Sin duda, el resort más imponente de la laguna de Moorea pertenece a la cadena Intercontinental. En él se aloja un centro de nado con delfines y un centro de protección de tortugas, además de sus espectaculares playas y vistas.

 

Si lo que buscas es algo diferente, Poerani es una pequeña casa de huéspedes con encanto. Tres cabañas en plena playa y el servicio esmerado y personal de sus propietarios. Mejor que en tu propia casa.

 

Más información: Oficina de Turismo de Tahití

 

 

 

 

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