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De Haro al mundo

Bodegas RODA, los 30 años de un nuevo clásico de Rioja

Autor: Amaya Cervera. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Lunes, 2 de abril de 2018

Con 30 años a sus espaldas, la más joven del Barrio de la Estación de Haro afronta su madurez. Sobran alicientes para visitar esta bodega que se estrenó con la cosecha del 92 y que se siente a sus anchas entre firmas centenarias.

Su gama es de las más contenidas del mercado. Empezó con dos reservas: Roda I y Roda II, que ahora son Roda I y Roda a secas; luego llegó Cirsion, un alarde de textura y madurez; y por último Sela, un tinto más fresco y directo al que se destinan las viñas jóvenes, que en esta casa son las de menos de 30 años. Cuatro etiquetas en tres décadas suponen una apuesta por la moderación frente al frenético ritmo de lanzamientos de otros productores.

 

En Roda el encaje de bolillos está detrás. Es lo que no se ve. La mayoría de las bodegas que participaron de la revolución enológica y vitícola de los 90 en Rioja coincidían en su deseo de trabajar con paisajes o viñedos muy concretos y de desligarse de los indicativos tradicionales de envejecimiento (crianza, reserva, gran reserva). Roda, en cambio, mantuvo el ensamblaje tradicional de uvas de distintas zonas, apostó por la tipología del reserva y se instaló en el legendario Barrio de la Estación de Haro (“donde se han escrito algunas de las grandes páginas de la historia de Rioja”, en palabras de su director Agustín Santolaya) junto a firmas que llevan practicando esta filosofía desde finales del siglo XIX.

 

Los paisajes de Roda

 

Santolaya ha preparado para Sobremesa una cata que va más allá de las añadas en curso de sus cuatro etiquetas. Nos atrevimos a pedirle que nos contara la historia de la bodega en tres vinos, pero además hay varias muestras de 2017, todas impecables pese a los muchos quebraderos de cabeza que han ocasionado las heladas en esta cosecha.

 

La más sorprendente: una garnacha de Tudelilla (Rioja Baja), fragante y plena de expresividad que podría rivalizar con algunos de los mejores vinos elaborados con esta uva en la D.O. Solo que en Roda es un ingrediente, un matiz para dibujar un cuadro más amplio. De hecho, la gran especialidad de la bodega es la tempranillo. Roda realizó un gran trabajo de prospección previo al lanzamiento de sus vinos para asegurarse algunas de las mejores uvas de la región, algo que en sus inicios sonaba indudablemente pretencioso. También marcó un límite geográfico a partir del cual considera que la variedad no se expresa en su plenitud; no les interesa lo que queda al este de Logroño.

 

Sin embargo, la diversidad que consiguen en la vertiente occidental es notable: desde el estilo serio, firme y de gran recorrido de un tempranillo procedente de Briñas que también podría embotellarse por separado, pasando por el carácter goloso y exuberante del cultivado en la zona de El Cortijo, un paisaje más mediterráneo cerca de Logroño, al toque de fruta roja crujiente que se consigue en Villalba de Rioja, al norte de Haro, rayando casi en zona límite de cultivo. Ese perfil “rojo” es precisamente la característica que se persigue siempre en los vinos que van a Roda, pero como el viñedo de Villalba se plantó en 1992 no podrá formar parte de su ensamblaje hasta que alcance los 30 años.

 

La cata de estos cuatro vinos explica muy bien tres pilares básicos de la filosofía de Roda: la alta exigencia cualitativa, la idea de que la grandeza de Rioja reside en la lucha de lo que Santolaya llama “los tres climas” (atlántico, mediterráneo, continental) y el convencimiento de que “la suma de varios viñedos mejora lo individual”.

 

Ensamblaje vs vino de parcela

 

¿Qué opina entonces un defensor de la mezcla como Agustín Santolaya de las nuevas categorías de vinos de municipio y sobre todo de los “viñedos singulares” de una única parcela aprobadas recientemente en Rioja? “Todo lo que sea información en la etiqueta es bueno para el consumidor”, responde. “Es maravilloso que los viticultores puedan enorgullecerse de poner el nombre de su pueblo en la etiqueta, pero lo de los viñedos singulares es mucho más complicado. ¿Por qué un vino de una sola parcela es mejor que el vino hecho de varias parcelas únicas?”. Santolaya cree que Rioja es un paraguas enormemente amplio que permite hablar de muchísimos riojas. Desde su punto de vista, “el problema no viene de la parte de arriba, sino de la de abajo”. El director general de Roda propone el ejercicio de trazar una línea para separar aquellos riojas que se venden por encima del precio medio de la denominación “y sobre los cuales podemos explicar distintos conceptos” y dentro de estos últimos distinguir entre aquellos que puedan explicar el paisaje (“ya sean de mezcla o de parcela”) y los que no.

 

Desde su punto de vista, la locura de la borgoñización (se refiere a la proliferación exagerada de vinos de parcela) hace que se simplifique el concepto de paisaje. “Mi concepto de paisaje –explica– es más amplio; una continuidad de fotogramas, climas, laderas… El paisaje es una añada o pueden ser varias añadas, pero en cualquier caso es diversidad. Los vinos homogéneos no transmiten la Rioja que a mí me gusta”, concluye.

 

Estudiar tormentas

 

Antes de dedicarse plenamente al vino, Santolaya pasó una temporada estudiando tormentas, lo que le llevó de un extremo a otro de Rioja. Este periodo no solo le sirvió para conocer la región en profundidad, sino también el juego climático que influye tanto en el estilo de los vinos y en el sello específico de cada añada.

 

“Rioja es la parte septentrional de una enorme depresión formada por el río Ebro en la que todo lo que la rodea está a mayor altitud –explica–. En su interior, los cauces de los ríos que van de sur a norte y de norte a sur dibujan lomas, terrazas y glacis que dan lugar a distintas exposiciones e influyen en el juego de los climas”.

 

El diseño de los dos vinos principales de la bodega, Roda y Roda I se realiza a partir de la selección de uvas que se ajustan a distintos perfiles climáticos. “Dentro de los tres climas podemos elegir entre uvas de fruta roja para Roda, con carácter más fresco y delicado que se traducen en vinos más fáciles de beber, y otras de fruta negra, más profundas y minerales con las que hacemos Roda I”, explica.

 

Visto en una perspectiva temporal, las añadas también quedarán más o menos marcadas por esas influencias climáticas y esto es algo que en Roda se intenta mostrar desde hace tiempo mediante catas verticales en las que no hay ningún pudor en dar a probar cosechas menores o particularmente complicadas. La historia prometida de la bodega en tres añadas empezó con una cosecha mítica, la de 1994, en versión Roda I. Es lo que Santolaya considera “añadas plenas”; esto es, cosechas de perfecta madurez y con equilibrio entre influencias atlánticas y mediterráneas. El vino, de hecho, encaja perfectamente con lo que cualquiera consideraría un rioja clásico y un vino fino: complejidad aromática, textura muy pulida y viveza en boca, en este caso aún con una importante carga frutal en final de boca.

 

Otra añada plena –pero esta vez con ciertos tintes mediterráneos– fue Cirsion 2001, un vino espectacular y opulento en su día que se ha civilizado sin perder el volumen y el carácter envolvente que siempre le han caracterizado. Para Santolaya “las añadas plenas de Rioja tienen una conexión con Burdeos en su evolución, mientras que las añadas frías tienden a aborgoñarse”. La muestra de este último perfil fue Roda I 1997, una cosecha que entra en el grupo de las difíciles y vilipendiadas. De color más abierto, ofrecía notas marcadas de champiñón y tierra húmeda y una boca algo más afilada conducida por la acidez. Agustín la definió como “un paseo en otoño por un hayedo” frente al monte bajo de las cosechas de corte mediterráneo.

 

Anticipar el futuro

 

Entre el Roda I 1994 y el Roda I 2010, otra excelente cosecha que es la que representa actualmente a esta marca en el mercado, hay una diferencia importante: un grado más de alcohol. Ningún elaborador puede ocultar hoy su preocupación por el cambio climático. Agustín Santolaya cree que “las soluciones que aporta la ciencia son duras y catastrofistas: cultivar en otra latitud implica el abandono de la zona; hacerlo a mayor altitud está limitado a las zonas altas que tenemos; cambiar la viticultura y poner riego implica introducir un elemento modificador; respecto a cambiar la variedad, aunque utilizamos graciano, ¿qué sería Rioja sin la tempranillo?”. La graciano, una variedad de alta acidez, forma parte ya del ensamblaje de Roda I desde la cosecha 2009 y se utiliza también en Cirsion en porcentajes cercanos ya al 15%.

Pero Roda tiene un gran as en la manga. En 1998, ante la reestructuración de viñedo impulsada desde Europa que llevó al arranque de numerosas viñas viejas con la consiguiente pérdida de biodiversidad, se decide crear un “arca de Noé” para recoger distintos morfotipos de tempranillo. Se consiguieron más de 500 y se plantaron 12 cepas de cada uno de ellos para cubrir un total de tres hectáreas repartidas en tres fincas. Con el tiempo aquel impulso romántico se convirtió en una brutal base de datos de la que ha salido, por ejemplo, la Familia Roda 107, que no es sino la suma de una docena de morfotipos de tempranillo libres de virus que, frente a la uniformidad de los clones, se acerca bastante a lo que podría ser una buena selección masal. Más interesante aún, se trata de una propuesta viva sujeta a correcciones y ajustes periódicos.

 

Soluciones genéticas

 

El trabajo de futuro está en utilizar esa enorme base de datos genética para identificar morfotipos que puedan ayudar a hacer frente no solo al cambio climático, sino también a las cada vez más preocupantes enfermedades de la madera. “Muchas veces –dice Santolaya– la naturaleza te da la solución y ésta tiene que ver con la genética. Nuestro equipo está preparado, pero ahora queremos que todo el que se incorpore a la bodega tengan una base técnica y que esté formado en todas las áreas de trabajo: viticultura, enología y comercial”.

 

Si a esto unimos los numerosos proyectos de investigación en los que participa la bodega, no hay duda de que Roda tiene tanta vocación centenaria como sus vecinas del Barrio de la Estación de Haro. Hace unos años, pasar de R. López de Heredia, la firma más antigua y tradicional de este polígono industrial del siglo XIX, a Roda era lo más parecido a un viaje en el tiempo, pero en esta última visita nos dio la impresión de que Roda se ha ido mimetizado con su entorno. Quizás porque cuenta ya con todos los elementos que entran en la definición de “clásico” de Agustín Santolaya: “Clásico es lo que no acaba de nacer; para ser clásico hace falta tiempo, costumbre, un estilo marcado”.

 


 

 

El equipo

 

El nombre Roda surge de la combinación de las primeras letras de los apellidos de sus fundadores: los empresarios Mario Rotllan y Carmen Daurella. La definición de los vinos es fruto del trabajo conjunto de Agustín Santolaya, Carlos Díez de la Concepción (enología) e Isidro Palacios (viticultura) a los que poco más tarde se les unió José Raventós en la parte comercial. El equipo ha crecido con los años apostado de manera especial por la investigación, un área coordinada por Esperanza Tomás.

 

 

 

Qué hacer en Roda

 

No hace falta visitar la bodega para acercarse a su bar de vinos y disfrutar de una oferta que incluye añadas antiguas (también de Cirsion) servidas con Coravin y vinos de Corimbo, su bodega en Ribera del Duero. Entre las opciones de visitas, recomendamos las centradas en catas verticales en las que también se cata el aceite Aubocassa que producen en Mallorca. Dos elementos únicos de Roda son las exposiciones fotográficas ligadas a la Fundación Foto Colectania o la posibilidad de disfrutar de botellas especiales en el balcón de su viejo calado con vistas al río Ebro.

 

 

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