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Comer, beber, amar

Cena en casa

Autor: Mayte Lapresta
Sábado, 5 de mayo de 2018

Pronto iniciaré un nuevo viaje de 365 días alrededor del sol. Un cumpleaños más.

El tiempo transcurre rápido e implacable. Lo llevo con dignidad contenida. Pero al pensar en el menú con el que homenajearé a amigos y familiares tomo el cuchillo dispuesta a cortarme las venas. Mi madre come sin sal, mi hermana no prueba el alcohol, la mediana evita el dulce por una diabetes que llegó sin avisar… Bueno, la salud ante todo, habrá que hacer algunos platos un poco especiales y comprar refrescos. Llamo a mis amigos de siempre, aquéllos que se ponían el mundo por montera y el chuletón por bandera. Son veganos. Vamos, que habrá que pensar en algo sin proteína animal, ni lácteos… Menudo lío. Me sugieren si tengo vinos naturales y que no utilicen el buey para labrar… Les cuelgo. Mejor wasapear. Así no notan el tono de mi voz al decir que no, que mis vinos vienen con todos sus sulfitos. Una, además, está a dieta… “¿Cómo se puede ser vegana a dieta?”, me pregunto, es decir, “¿cómo se puede no estar a dieta si eres vegana?…”. Respira, Mayte, respira. María siempre come de todo, esa no me falla. Vaya, este año ha empezado con las maratones. Tiene que tomar hidratos. Estamos buenos. Bendita juventud, mis sobrinas me salvarán la vida, pero no, se convirtieron vegetarianas hace unos meses sin avisar. Podían haber esperado a junio. Y los pequeños no salen de la pasta y la hamburguesa. Una lubina salvaje y saldrán corriendo. Mi cuñado pide un zumo natural y se conforma con algo que no tenga gas ni alcohol. “Me sienta mal”, confiesa. Los Pingus, Riscales, Cunes y Chivites me miran asustados desde la repisa. Les guiño un ojo para que pasen el mal trago. Añoro con morriña gallega los tiempos de desenfreno, opulencia cárnica, tocinos y pancetas, besugos de tres kilos, coctelería previa y posterior al almuerzo, partidas de mus con puro, música que sonaba a música y barbacoa crepitando esperando la cena. Echo de menos el mundo sin límites de peso, de alcohol, de humo y de risas. Cierro la nevera. No hay inspiración posible. Miro con pena los fogones y se me escapa una lágrima al ver la suculenta bodega. Haré una ensalada de pasta sin sal. Beberemos agua. Ya lo celebraré yo sola cuando nadie me vea.

 

 

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