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Aguacates canarios, recuperando el sabor del terreno

Autor: Luis Denis. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Martes, 18 de septiembre de 2018

Viajamos a la isla canaria de Tenerife para conocer la explotación de un cultivo que gana enteros año tras año. El aguacate es un producto sabroso, saludable y provechoso que genera interés en consumidores de todo el mundo.

La Persea americana, laurácea de origen mesoamericano y con vestigios de domesticación alimentaria por parte de las tribus indígenas que nos transportan nada menos que 10 milenios atrás en el tiempo, da un fruto extraordinariamente apreciado en todo el planeta: el aguacate. Esta palabra deriva del término en lengua nahuatl ahuacatl, que se asocia con el significado “testículo”. Posiblemente, una mera asociación de ideas atávica.

 

Hoy, gracias a esa inconmensurable globalización alimentaria que supuso el descubrimiento de América, esta especie se cultiva con notable éxito en un único estado europeo: España. La mayor parte de las más de 80.000 toneladas que se producen en el país proceden de las provincias de Málaga (en la Axarquía) y Granada (en la costa), aunque es en las Islas Canarias donde la aclimatación de distintas variedades es mayor. En el archipiélago es habitual que las compañías aguacateras trabajen con varios tipos de aguacate para poder satisfacer la demanda del mercado durante todo el año. La variedad más consumida en el planeta es la denominada Hass –de piel rugosa y oscura, con matices de frutos secos en boca–, cuyo periodo productivo solo excluye los meses de septiembre y octubre. Otros tipos que se cultivan en las islas son el fuerte –cremoso y suave, de piel lisa y fina que no cambia de color con la maduración–, con ciclos que van de septiembre a febrero; el Reed –esférico y rugoso, de buen tamaño–, que solo se da en los meses de verano; y el Pinkerton –con pulpa amarilla, sabor concentrado y un porcentaje alto de materia seca–, habitual en temporada en invierno. Se trata, en cualquier caso, de variedades intensamente influidas por la climatología y el terruño, por lo que, a pesar de proceder de orígenes vegetales trazables, manifiestan matices organolépticos propios de su desarrollo insular. Los ricos suelos volcánicos, los vientos alisios que ayudan a prevenir de los agentes contaminantes, la insularidad que aleja al producto de enfermedades vegetales y las suaves y constantes temperaturas del archipiélago son condiciones idóneas para lograr calidad en el aguacate canario.

 

La denominación de “oro verde” que recibe el aguacate es acertada, ya que se trata de un producto muy rentable en el mercado, con frecuentes oscilaciones de precio en función de la oferta y con una elevada demanda mundial, persistente en todo momento. No obstante, es necesario matizar que el cultivo no es sencillo y que los rendimientos productivos por superficie trabajada resultan bajos en comparación con explotaciones de otros árboles, como los cítricos. De esta forma, el aguacate arroja promedios de 10 toneladas anuales por hectárea, así como un alto consumo de recursos agrícolas. Cuenta, empero, con el valor añadido de ser un fruto que no comienza su proceso de maduración hasta que es separado del árbol (y puede estar varios meses en él). Por tanto, no obliga al cultivador a los apretados ciclos temporales de otro tipo de campañas agrícolas. 

 

El aguacate tolera altitudes que van desde el nivel del mar hasta los 2.500 metros, si bien la ubicación de la plantación dependerá de la variedad. Las temperaturas y el estrés hídrico óptimos son otras variables que también van en función de cada tipo de árbol. Estos aspectos son controlados por los productores canarios a través de la diversificación de fincas y los sistemas de regadío (en Canarias el agua de las fincas es de titularidad particular y no pública, como en la Península). Las fincas cuentan con adecuada protección contra los vientos, quizás una de las mayores amenazas para estos árboles; y, también, con el fin de dificultar los frecuentes robos de producto.

 

El aguacate se ha convertido en un ingrediente integrado en la cocina canaria (aunque no tan frecuente como podría, debido a su precio), con un aliado frecuente en el cilantro, enormemente  popular en las islas.

 

 

Visita la galería de imágenes de las plantaciones canarias de aguacate

 


 

Islas verdes

 

El aguacate es un árbol en extremo resistente y alto (puede llegar a los 30 metros en estado natural, aunque en las plantaciones suelen ser más pequeños). No obstante, las temperaturas demasiado altas o bajas resultan muy negativas para su cultivo. De tal forma, la excepcional regularidad térmica de las Islas Canarias es idónea para esta producción. Actualmente, la superficie agrícola dedicada al aguacate en el archipiélago supera las 1.500 ha. Las islas que concentran la mayor extensión de terreno de aguacateras son La Palma y Tenerife.

 

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