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Burdeos en vena

Olivier Bernard, Domaine Chevalier: embajador grand cru

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Arcadio Shelk
Viernes, 28 de septiembre de 2018

Pasó sus primeros cinco años al frente del Domaine de Chevalier bajo la alargada sombra de Claude Ricard, “viticultor sabio y enciclopédico” y antiguo propietario de Chevalier (su familia gestionaba esos pagos desde 1865).

Su padre le formó en gestión y negocios. Él ha dado un paso hacia la biodinámica, haciendo enfásis en el terruño y “preparando la bodega para el nuevo milenio y los sucesores que tengan que trabajar en ella”.

 

De casta le viene el campo a este galgo del vino francés. Su familia paterna, originaria del norte de Francia, producía azúcar y alcohol desde el siglo XVII. Como herido de la Primera Guerra Mundial, su abuelo Lucien se mudó y descubrió Burdeos durante su convalecencia. En la joya de Nueva Aquitania echaría raíces y fundaría su propia compañía de licores. Hoy Bernard, viajero incansable para pregonar las bondades de su cuna natal, es presidente de la Union des Grands Crus de Bordeaux, vicepresidente de la Academia del Vino de Burdeos, copropietario del Château Guiraud y director general del grupo de la familia Financière Bernard. Pasó por Madrid como estandarte de una comunidad muy especial. “La Commanderie de Burdeos es un club de vinos con miembros en todo el mundo cuya creación se remonta 150 años atrás. En España, tenemos dos sedes: en Madrid y en Barcelona. Charlamos, organizamos, catamos, contamos qué pasa en los vinos de Burdeos... Quizá España es nuestra sede más divertida”, deslizó. Además, Bernard aprovechó para expandir la ya magnífica fama de sus propios vinos de Domaine de Chevalier, hermosa finca que es “un jardín secreto” .

 

Fue a través de su madre, Liliane, como Bernard aterrizó en el mundo del vino de Burdeos. Empezó a trabajar muy temprano, abriendo su primera bodega a los 18 años. Casado y con dos hijos que también andan metidos en menesteres vinícolas, remarca que para ser feliz no necesita más que abrir unas botellas de año mágico: 2005 y 2010, “equilibradas en toda su dimensión”.

 


 

[Img #14815]Caballeros de Burdeos

 

El antiguo dominio de “Chivaley” (“caballero” en gascón) data del siglo XV, y se ha desdoblado al mismo tiempo en residencia, viñedos y granja. Situado en Léognan,  sus vinos se integran en Pessac-Léognan, región y apelación con Denominación de Origen (AOC) de la región de Burdeos. Se creó en septiembre de 1987 reagrupando los vinos de Pessac-Léognan en el seno de Graves de Burdeos.

 

Legado histórico

 

Desde 1983, la familia Bernard es la propietaria del domaine, así que guarda y custodia un patrimonio histórico, que empezó a vinificarse en 1865 a través de los miembros de la familia Ricard, quienes lograron que el dominio fuese integrado en el grupo privilegiado de grands crus classes y dieron eco y talla internacional a la bodega. Hoy en día, Bernard ha conseguido pasar de 18 hectáreas en los años 80 a las 65 actuales.

 

[Img #14818]Viñedos de gran clase 

 

La Société Civile du Domaine de Chevalier gestiona y explota cuatro viñedos: el Domaine de Chevalier, pero también el Domaine de la Solitude en Martillac (en alquiler desde 1993), el Château Lespault-Martillac desde 2009 (en alquiler) y el Clos des Lunes, en Sauternes (creado en 2011), donde se elabora un vino blanco seco de gran éxito. En total, la sociedad civil del Domaine de Chevalier alcanzará 200 hectáreas de producción de alta calidad alrededor de 2020.

 

[Img #14817]Un terroir caprichoso

 

En esta propiedad de suelos de grava pirenaica, ácidos, la cosecha de los tintos se inicia a mediados de septiembre con la merlot; en octubre, la cabernet. “En una tercera parte de la propiedad aún usamos caballos, pero nunca herbicidas ni insecticidas”, indica Bernard. Las cubas, por gravedad, son de pequeña capacidad, entre 100 a 150 hectolitros, y la fermentación es precedida de una maceración para magnificar la fruta. El ensamblaje, en enero.

 

[Img #14816]Siempre en vertical

 

Si se trata de los grandes vinos, el añejamiento en barricas puede extenderse de 14 a 24 meses y la proporción de madera nueva es de entre 40 a 60 % según la potencia del millésime. Se embotella en el mes de junio y las referencias de la casa son Domaine de Chevalier Rouge, Domaine de Chevalier Blanc y LEsprit de Chevalier. “Son profundos y elegantes, pero diría que son verticales. La persistencia aromática, la largura, la da el terroir; y la fruta debe dar una sensación natural de equilibrio”, arguye Bernard.

 

 

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