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Escapada a Suiza

Montañas de Zermatt, encaramándonos a las cumbres de Europa

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Aurora Blanco
Viernes, 5 de octubre de 2018
Noticia clasificada en: Escapadas gastronómicas

Las montañas de Zermatt, bajo la mirada de su pico más característico, el Matterhorn, nieves perpetuas, glaciares y ríos furiosos, ofrecen una peculiar y delicada cocina de altura. Porque Suiza es mucho más que quesos...

Zermatt es una pequeña localidad encajonada en los Alpes entre 38 cumbres con más de 4.000 metros. Atravesada por el lechoso río Vispa, que recorre la ciudad con la bravura de su descenso, sus pequeños hoteles, sus coquetos restaurantes y sus boutiques deportivas conforman un lugar encantador y entrañable. A esta condición hogareña se une el absoluto cierre al tráfico. Para llegar a esta población alpina hay que viajar en tren en un recorrido de cuento de hadas por el hermoso valle del Valais: cascadas, casas tradicionales alpinas, valles infinitos que desembocan en una pequeña estación de tren. Allí esperan los pequeños taxis eléctricos que te permiten una llegada cómoda hasta el hotel. No se volverán a necesitar hasta despedirse de la ciudad. En Zermatt, tierra de montañeros, las calles son peatonales y se disfrutan paseando; y sus pistas de esquí (360 km en invierno y 21 en verano), praderas y picos son tremendamente accesibles gracias a una red infinita de teleféricos, trenes cremallera, telecabinas y remontes.

 

Glamour todo el año

 

Este paraíso natural alpino, que nació como una pequeña aldea rural, ha alcanzado, al amparo de su mítico Matterhorn (4.478 m) –también conocido por su nombre italiano de monte Cervino– un prestigio internacional como destino para aficionados del esquí y el alpinismo. Con precios elevados pero acordes a su nivel de servicios, el valor añadido de sus nieves permanentes hace de este reducto uno de los pocos lugares del mundo donde poder esquiar los 365 días del año. Sea verano o invierno, la multitud de rutas, excursiones y deportes practicables permite una actividad constante, algo inusual en la mayoría de las estaciones de esquí. Prueba de ello es el ritmo urbano que se vive en su calle principal, BahnhofStraBe, compartiendo protagonismo tiendas y magníficos restaurantes donde se reúnen de manera espontánea los turistas y visitantes cuando la montaña apaga sus accesos. Muy cerca, cruzando el río, el casco viejo conserva el encanto de la aldea pastoril, con sus pequeñas casas y establos donde el tiempo parece haberse detenido. Unas pistas de tenis y un pequeño cementerio sorprenden en pleno centro, quizás la única extensión de terreno llano donde situarlos. Rincones, jardines, multitud de huertos que parecen surtir de alimentos frescos a los hoteles y apartamentos van conformando sus callejuelas, siempre coloridas por los omnipresentes geranios de sus balcones de madera. Podríamos afirmar que es la Suiza que soñamos, la de postal, tan colocada, perfecta, nevada y verde como se pueda imaginar.

 

Momentos gourmet

 

Subiendo la colina de Riedweg (hay un ascensor) se puede contemplar la mejor puesta de sol. Allí, el delicioso hotel Cervo, con un diseño interior inigualable, es el lugar idóneo para tomar esa copa antes –o después– de cenar en su espectacular restaurante. Muy cerca, en la misma ladera, el spa del hotel Beau Sité se abre a la pradera. Un baño caliente mientras observas cómo cae la noche entre los picos nevados. Abajo, la familia Reichenbach ha dado un giro a su pequeño hotel Mirabeau, buscando el lado más gourmet de la gastronomía suiza. En su bistró Marie’s Deli se pueden conseguir esos platos delicados que se merecen tras el esfuerzo, pero en un ambiente distendido. Muy distinta es la cena que se degustará en Schäferstube, una cabaña típica suiza donde el fuego funde con paciencia el queso raclette.

 

La gastronomía suiza revela toda su potencia en sus restaurantes de montaña. El funicular subterráneo de Sunnegga asciende en menos de cinco minutos hasta las praderas de alta montaña (2.288 m). Allí confluyen dos importantes rutas, la que descubre cinco impresionantes lagos y la de Findeln, que recorre varios de los mejores restaurantes de la zona. La cocina de todos ellos es francamente buena, pero nada comparable con la experiencia de degustarla con el espectáculo de uno de los paisajes más bellos del mundo. En Paradies, su chef Gaston Zeiter, nos desvela cómo llegan cada día los ingredientes a ese lugar perdido, a través del propio funicular y por medio de bicicletas hasta la cabaña. Hay pastas como los espaguetis al estilo de Valais con calabacín, espinacas y crema de tomate, pero también hay pescados del día o tartar de buey. Unos metros más abajo nos espera la cocina de Chez Vrony, nieta de la que fue la primera mujer que escaló el Matterhorn. Buenas carnes curadas y quesos locales y una culinaria cuidada en un lugar que te deja sin respiración. Una pequeña pendiente separa este restaurante de la bella terraza escalonada de Findlerhof, donde una simpática zamorana te sorprende hablando español y te indica el mejor camino para bajar en un precioso paseo a Zermatt.

 

Pastores y rutas

 

Amanece y es el momento de emprender alguno de los múltiples y casi inagotables paseos y excursiones que la zona ofrece al turista. Antes la quesería Horu-Käserei ha abierto sus puertas para poder contemplar el ritual de elaboración de sus tradicionales quesos. La leche, recogida entre septiembre y marzo, se convierte en espectacular raclette, con una curación mínima de tres meses y hasta dos años. Ya es tarde y en la puerta del hotel Romantik nos esperan para ascender a Schwarzsee (2.552 m) en cuyas praderas y nieves perpetuas habitan durante el verano las peculiares ovejas de morro negro. Muy apreciadas por su leche, su abundante lana y su característico rostro son sin duda un reclamo especial para los niños. Tras degustar vino y queso en compañía de los simpáticos animales, hay razones y energías para continuar hasta el Kleine Matterhorn (3.883 m), el lugar más alto de toda Europa al que se puede subir sin escalar. La panorámica es impactante. El paisaje glaciar y la mole del Breithorn con sus 4.164 m imponen respeto. Un tanto turística pero necesaria es la entrada al palacio de hielo, 15 metros excavados bajo la superficie del glaciar y una visión peculiar en pleno verano de los esquiadores disfrutando de nieve polvo. En Suiza el día empieza temprano y a las cinco de la tarde el mundo se para. Es el momento de iniciar el descenso que nos llevará de nuevo al valle.

 

Pasa el último tren cremallera que desciende del Gornegrat (2.089 m). Las luces tintinean tras las ventanas y el sol se pone pronto. El valle oscurece y los restaurantes huelen a queso, a carnes asadas y a buenos panes al horno. Todavía hay tiempo para charlar junto a la chimenea. El sol se oculta tras el imponente Cervino. Silencio. La montaña, majestuosa, te espera a primera hora.


 

 

 

Agenda

 

Dónde comer

 

Restaurante y Hotel Cervo

 

Para hospedarse en sus lujosas cabañas, acceder directamente a la pista y disfrutar de su magnífica gastronomía local a cargo de Marcos Kossler, que ha reinterpretado el recetario alpino para un público inquieto en dos versiones, Cervo Puro, donde ofrece una cocina elaborada muy vinculada a la caza, y Ferdinand, con la raclette como plato estrella.

 

Restaurante Schäferstube

 

Tradicional restaurante suizo con las brasas siempre dispuestas.

 

Restaurante Paradies

 

Chez Vrony

 

Findlerhof

 

 

Dónde dormir

 

Parkhotel Beau Site

 

Uno de los hoteles más lujosos y grandes de Zermatt. Magnífico spa y buenas vistas.

 

 

Hotel Mirabeu Alpine Residence

 

Buena gastronomía en pleno centro. Su chef, Mr. Kuster, da una vuelta de tuerca a las recetas clásicas. Increíbles recomendaciones vinícolas de mano de sus propietarios, la familia Reichenbach.

 

Cómo llegar

 

Hasta Zurich con la compañía Swiss y a través de su amplia red de trenes para acceder a Zermatt.

 

Más información: Oficina de Turismo de Zermatt y Turismo de Suiza

 

 

 

 

 

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