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¿Valen lo que cuestan?

Vinos de precio elevado: razones para entender el por qué

Autor: Saúl Cepeda. Ilustraciones: Máximo Ribas
Miércoles, 10 de octubre de 2018
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Ribera del Duero

Nos aproximamos a las causas de que ciertos vinos lleguen al el mercado con un precio tan elevado como controvertido. Para ello, recabamos la opinión de bodegueros y enólogos que conocen la intimidad de estos distinguidos productos.

El mercado del vino tiene cierta condición mistérica. El producto implica unos plazos de tiempo más bien dilatados en su elaboración. La propia formulación productiva de los enólogos, a caballo a veces entre lo alquímico y lo científico, propicia un comercio insondable en el que resulta complicado comprender cómo se establecen los precios de mercado de una etiqueta dada.

 

Cualquiera que haya visitado una feria vitivinícola en primicia –da igual que se trate del archiconocido En primeur bordelés, marco de referencia de futuros en torno al vino, o de presentaciones más modestas– puede haber alucinado tras catar una muestra de barrica de un determinado vino que apenas le habrá dicho nada desde un punto de vista organoléptico, para al instante siguiente saber que algún comerciante de vinos había adquirido ya la totalidad de dicha producción por una importante cifra. Otras veces, sorprenden las excentricidades del productor cuando dilata artificialmente el precio, como sucede con el notorio Aurum Red conquense, cuyo mayor valor es su precio y su carrera por ser el vino más caro del mundo. Por otra parte, si establecemos, por ejemplo, una correlación entre las mejores calificaciones de las guías, ciertos premios y los precios más prohibitivos de los vinos del mercado español podemos obtener una franja de gama alta que comprenderá etiquetas que irán de los 900 a los 170 euros. La Monja, Pingus, Valduero 12 Años, La Faraona, Único, L’Ermita, Contador, Pesus, Amelia, La Diva… son, de esta manera, nombres que copan los puestos en las listas de los vinos más caros.

 

Así, descubrir qué favorece unos precios muy elevados en ciertas referencias de este sector tan atomizado es difícil y no surge de aplicar una lógica unívoca. Resultan esclarecedoras, en todo caso, las declaraciones de algunas de las personas que más de cerca viven la cuestión. El reputado enólogo Mariano García, que llegó a elaborar hasta 30 añadas de la excepcional casa Vega Sicilia, considera que “no siempre ha de coincidir la grandeza de un vino con un precio extraordinariamente elevado, pero en el caso de aquellos vinos recientes en que ambos aspectos convergen creo que se debe a varios factores todos ellos importantes: el prestigio y notoriedad de la bodega; la trayectoria y el renombre del productor; la trascendencia de la marca tanto dentro como fuera de España; la confianza y las expectativas del mercado; la singularidad del proyecto; la exclusividad (normalmente vinculada a una producción limitada); la excelencia del vino y su capacidad de despertar emociones; y, por supuesto, un trabajo de años en el viñedo profundizando en los motivos que lo hacen diferente”.

 

Por su parte, Telmo Rodríguez, especialista en concebir vinos únicos en parcelas insospechadas, reflexiona sobre el valor y el factor diferencial de la tierra: “En Borgoña no suele haber disponibilidad de parcelas y eso impone precios altos de salida. La hectárea de Borgoña puede alcanzar los 10 millones de euros; la de Barolo, uno; y la de La Rioja, 70.000. La pregunta que debemos hacernos es si tenemos un país con capacidad de viñedos para resultar competitivos en el marco de los grandes vinos”. Explica la dinámica de precios de su vino Las Beatas –todo un 100 puntos Parker (solo un 0,15% de los vinos catados por Wine Advocate alcanzan esta calificación) en su añada 2015–, “por sus elevados costos de producción, pues pago precios hasta cuatro veces más altos de lo habitual por terrenos de cultivo de mi interés; y al final la cuestión es si queda o no queda vino en el mercado a ese precio, y en este caso no queda”. Por otra parte, Telmo Rodríguez afirma la necesidad de que haya vinos españoles competentes con un precio que se corresponda con su nivel de calidad en el extranjero y que no operen solo por mera especulación comercial. Cita, asimismo, la que considera como experiencia pionera de lanzar un vino de precio elevado en España: Culmen de LAN, cuyo precio de salida fue de 5.000 pesetas por unidad para una producción 50.000 botellas, acompañada de mucha publicidad y que, naturalmente, no funcionó.

 

Escalada encarecida...

 

Mientras, Jesús Sastre, bodeguero artífice del celebrado Pesus, apunta a las características del mercado y opina que “son varios los motivos por los que se encarece tanto un vino desde su salida de la bodega: uno de los más importantes, las intermediaciones. En mi experiencia personal como elaborador, que la uva sea de una calidad irrepetible y provenga siempre de rincones únicos que solo existen en un lugar concreto del mundo, bien sea por la edad del viñedo o la tipología de los suelos, encarece el producto. A esto habría que añadir que se trata de escasas producciones, lo que dispara costos. Por otra parte, conseguir prestigio con un vino suele implicar abrir muchas botellas a fondo perdido en catas, presentaciones y otros eventos, y esto debe acabar repercutido sobre el producto”, y matiza que incluso con las implicaciones sobre el precio de los medios de producción, “no por ello se pueden justificar los precios tan elevados que llegan a alcanzar ciertos vinos en la propia bodega, de la misma forma que tampoco lo veo defendible en el mercado del arte. Pienso objetivamente que no hay justificación en que el precio de una botella esté por encima de los 50 euros”. En una línea similar, pero a través de su experiencia transversal, el bodeguero danés Peter Sisseck, creador de un vino de culto como es el Dominio de Pingus, dice claramente que en el caso de sus vinos “siempre ha sido el mercado el que ha determinado los precios” y continúa explicando que “en 1995 el primer Pingus se vendió a un precio de salida de 3.000 pesetas y de manera muy rápida ascendió de precio en el mercado secundario a 20.000 pesetas. Después 23 años, sigue siendo el mercado lo que establece los precios de mi vino. Este mercado está constituido por las primeras subastas y, luego, por los mercados secundarios de compraventa. Si el precio de la bodega a la hora de ofrecer el vino en primeur resultase más elevado que el precio actual de mercado, el vino no se vendería; y punto. Mi trabajo con los precios implica siempre dejar un buen margen para el mercado. De tal forma, se mantiene año tras año con precios altos. Lo interesante es que hay añadas que tienen mejor precio que otras y esto responde a varios motivos: pueden ser añadas esencialmente buenas, obtener puntuaciones altas en las guías o tratarse de años de escasa producción; pero no a reglas de la bodega. El mercado es el rey”.

 

El encanto inasible

 

Álvaro Palacios, certero enólogo que ha creado en el Priorat uno de los vinos que se acomodan regularmente entre los más caros y apreciados de España, L’Ermita Velles Vinyes, señala también que “en el mundo de los grandes vinos la valoración la dictamina el mercado. Los mercados evalúan el precio esencialmente por su calidad objetiva y, dentro de esa calidad, lo más apreciado es la finura, la clase y los rasgos profundos de remarcada personalidad. Y por supuesto, ese encanto inasible, se significa como un aura mágica que hace a los grandes vinos trascender de lo material a lo íntimo y casi espiritual. El otro gran parámetro importante en su cotización sería el potencial de envejecimiento del vino. Recordemos que con los grandes vinos de Burdeos se realizan habitualmente fondos de inversión y lo que garantizará la inversión en el tiempo será el potencial de ese vino según su viña y la calidad de la añada. Así, la calidad y el potencial de un gran vino se encuentra en su viñedo. El buen cultivo de éste y una buena elaboración del vino se dan por sentados. La grandeza del vino es fruto de un buen viñedo en un trozo de tierra tocado por un don especial, casi divino. Es el capricho de la naturaleza unido a la tradición. Nuestros homólogos franceses son los que mejor han podido preservar esos espacios tan preciosos. Gracias a que han tenido una casi ininterrumpida demanda a lo largo de la historia, han sido capaces de clasificar y garantizar a sus clientes la cosecha de los mejores viñedos, espacios agraciados de donde fluyen las esencias más codiciadas”, para concluir, volviendo a la cuestión del precio, con que “sobre él también repercute la cantidad de botellas producidas y la demanda que el vino tiene. Aunque cada día es menor la importancia de este factor, quizás debido al aumento en la oferta de grandes vinos. La calidad y el correcto lugar en el mercado es la perfecta sintonía para el disfrute de estos vinos de trama exquisita y mágica”.

 

Contextos costosos

 

Desde una perspectiva muy orientada al consumidor, la enóloga Ana Martín Onzain, profesional viajera y todoterreno que ha recuperado y divulgado varias zonas vitivinícolas que se habían denostado en España, opina que nuestros vinos “tienen precios bajos, en particular los de zonas complicadas por climatología (últimamente, todas) o la orografía. Son contextos costosos y hay un importante problema de comunicación con el cliente final sobre la incidencia de las dificultades productivas en los precios. Los consumidores tampoco comprenden bien que, en la misma zona y con la misma uva, se hagan un millón de botellas de un vino y 10.000 botellas de otro, aunque las condiciones de viña, elaboración, diseño… sean distintas y esto obligue, lógicamente, a un mayor precio en el segundo caso”, aunque apunta que, en lo que atañe a las referencias más caras de España, ella no pagaría los precios de mercado que tienen, pues “creo que hay muchos vinos excelentes por debajo de 100 € que pueden cubrir todas mis expectativas y con los que me puedo sorprender y disfrutar. El cliente también debe advertir que, muchas veces, el precio que encuentra en un restaurante está extraordinariamente inflado por los intermediarios o por el propio establecimiento (…) Eso no evita que entienda la existencia de un mercado muy minoritario y exclusivo de consumidores de lujo, coleccionistas o inversores que sí paguen por ellos, tal y como se pagan tantas cosas solo por la marca. El gran éxito es conseguir crear esa marca”.

 

Yolanda García Viadero, al frente de Bodegas Valduero y elaboradora de uno de los vinos más caros de España, Valduero 12 Años Gran Reserva 1999 (816 euros sin IVA), relativiza de forma conectiva el mercado del lujo y señala que estos productos enclavados en una franja elevada de precio “tienen dos características diferentes al resto: son especiales y exclusivos. Esa es la línea que marca la diferenciación en cuanto a su precio. En nuestro caso, desde su elaboración, en el Valduero 12 Años seleccionamos uva de viñedos de entre 80 y 100 años, de los que se obtiene un único racimo por planta, que es desgranado a mano. La crianza en madera es de cuatro años en roble y de ocho años en botella hasta salir al mercado. Todo eso hace que los costes aumenten mucho, pero a la vez es una garantía de calidad. Es un vino de lujo y hay un público dispuesto a pagarlo, al igual que sucede en el mundo de moda, los coches de alta gama o el arte. Hay una marca detrás, un prestigio… Eso ocurre con Valduero 12 Años”.

 

 

 

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