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Comer, beber, amar

NO y NO

Autor: Mayte Lapresta
Domingo, 21 de octubre de 2018

Hay gente por el mundo que lleva el “no” por bandera. Sueltan la negativa sin preocupaciones, sin miramientos y sin torcer el mostacho.

Yo he sido siempre propensa al “sí”. Al “puedo hacerlo” y al “claro, no hay problema”. Y tengo que confesar que envidio a los reyes del no. Hay que saber decirlo de manera tajante, sin dejarse llevar por las tentaciones comerciales, las demandas insaciables y las presiones económicas. Ha llegado el momento de recoger la uva. Es importante renunciar, por ejemplo, a gran parte del fruto en cosechas abundantes como la presente. Contemplaba atónita hace unos días  la cantidad de racimos que llenaban el suelo de las hileras de viñas de Jesús Sastre. Tras un 2017 terrible con producciones bajísimas debidas a una climatología adversa, no puede –no debe– el bodeguero dejarse conquistar por la necesidad de llenar los depósitos y recuperar el dinero perdido. De igual manera hay que esperar a que el fruto tenga la madurez adecuada, jugándote al todo o nada que el cielo mantenga a raya el inverno… y rezando. La calidad hay que mantenerla, aunque suponga decir no a ganar dinero hoy para preservar el prestigio mañana. Que se lo digan a Pablo Álvarez, que nos recordaba en una mesa redonda del recién nacido Duero Wine Festival las duras decisiones tomadas en Vega Sicilia de no elaborar su Único cuando la añada no tiene los cánones exigidos. Eso significa dejar a miles de comerciantes, restauradores, distribuidores y particulares sin su cupo anual y a la bodega sin una bonita cifra de entre 15 y 20 millones de euros de facturación. “Si buscas prestigio, mantener el legado, exclusividad y respeto, es lo que hay que hacer”, confesaba Álvarez.

 

Decir “no” puede ser duro, pero más terrible es vivir las consecuencias –a veces largas e irremediables– de un goloso y seductor “sí” de amor adolescente.

 

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