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Sabroso paseo

Cafés de Viena y de Praga, dulce batalla entre cultura

Autor: Pedro Javier Díaz Cano. Imágenes: Eduardo Grund
Miércoles, 24 de octubre de 2018

Con más de 300 años de historia, fueron ágora de escritores, artistas y músicos a finales del siglo XIX y principios del XX. Hoy se han convertido en santuarios para golosos por el clasicismo de sus irresistibles tartas y dulces.

“La tradición de la cultura de los cafés de Viena se remonta al siglo XVII. Son un lugar donde el tiempo y el espacio se consume, pero solo aparece el café en la cuenta”. Ésta es solo una de las valoraciones que la Comisión de la UNESCO constató cuando en noviembre de 2011 declaró a los Cafés de Viena como Patrimonio de la Humanidad, pero lo justificaría casi por sí sola. En concreto, los incluyó en la lista de Patrimonio Cultural Intangible “como práctica social”. Cuando los cafés vivieron su época dorada en la Viena de finales del siglo XIX llegó el punto en el que muchos intelectuales vivían prácticamente en los cafés, llegando a recibir su correspondencia allí, en lugar de en sus casas. Incluso existen anécdotas históricas como la del escritor y poeta Peter Altenberg (1859-1919), quien llegaba al café a tempranas horas de la mañana acarreando el traje que se pondría por la noche. En el reservado del lugar solía cambiarse antes de salir.

 

El café era un espacio donde se podía tomar una taza de la estimulante bebida y pasar allí todas las horas del día, tal y como hacía el citado Peter Altenberg, que ha quedado inmortalizado en el Café Central con una escultura. Realizada en papel maché, su figura está sentada frente a la puerta, dando la bienvenida y la despedida a los clientes. Y es que el ejercicio social en torno a los cafés no es exclusivo de siglos anteriores, ya que actualmente gente de todos los estratos sigue reuniéndose en ellos para charlar tomando el típico café vienes cubierto con crema batida o nata.

 

La etnografía de estos salones vieneses se remonta al año 1683, cuando el paisano Georg Franz Kolschitzky (1640-1694) obtuvo la primera licencia oficial para vender café. Los granos se los había comprado a los turcos, que en aquella época sitiaban Viena. No obstante, el primer café de Viena del que se tiene información oficial fue abierto en 1685 por Johannes Diodato (1640-1725), nacido en Estambul pero de origen armenio, que recibió el privilegio de ser el único comerciante de la ciudad en vender café como bebida durante 20 años, una prerrogativa en agradecimiento por sus servicios de mensajería prestados al Imperio austro-húngaro de los Habsburgo. Abrió la primera cafetería vienesa en su casa en Haarmarkt, ahora Rotenturmstrasse 14. Viena le rindió tributo en 2004 dando su nombre a un parque de la ciudad.

 

Templos de la inteligencia

 

La historia y el origen de los primeros cafés en Praga son similares a los de Viena. Ambos fueron epicentro intelectual al ser frecuentados por escritores, compositores, pintores y arquitectos en su época dorada de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Por ese motivo, a los cafés históricos de las dos capitales centroeuropeas se les podía describir como templos de la inteligencia.

 

Dos ejemplos: en Viena, el movimiento modernista de la Secesión fue impregnado por la cultura de los cafés como plataforma para el intercambio de ideas. Y en Praga, fue en el ya desaparecido Café Union donde un grupo de poetas y pintores entre los que se encontraban Karel Capek, Jaroslav Seifert, Nezval y Teige fundaron en 1920 el innovador movimiento del Devetsil, un despertar que a principios del siglo XX convertiría a los cafés literarios praguenses en la segunda casa de la bohemia artística.

 

Sin embargo, lo que realmente puede considerarse como un punto de inflexión en la cultura de los cafés de Viena fue cuando a principios del siglo XIX se les otorgó licencia para servir comida caliente y bebidas alcohólicas, dando origen de esta manera a un nuevo tipo de local, el kaffee-restaurant. Esa novedad ha demostrado ser una garantía de éxito en los últimos 300 años dado que, según la Cámara de Comercio, Viena cuenta actualmente con 1.083 cafés, 900 Kaffee-Restaurants y 181 Kaffee-Konditoreien, es decir, cafés que producen y venden su propia pastelería, otra seña de identidad propia que se ha convertido en motivo de peregrinaje para golosos a lo largo y ancho del orbe.

 

Coloquialmente, en Austria existe una expresión popular que describe una tradición muy golosa: kaffee und kuchen, o directamente kaffekuchen (café y pastel), describiendo ese momento por la tarde dedicado a disfrutar de un paréntesis de relax tomando una taza de un selecto café escoltado por un buen dulce. Por efecto del mimetismo imperial, en los cafés históricos de Praga la relevancia del café y de la repostería se equiparó al mismo alto nivel que en Viena. Por ello, esta pugna dulcemente competitiva entre los cafés y la repostería de ambas ciudades resulta una delicia que mejora otras muchas creaciones locales, pues no todo va a ser la celebérrima tarta Sacher

 

Praga: arte e inspiración

 

Como ya sucediera antes en Viena, fue un oriental quien introdujo el café en Praga, precisamente tras el asedio de la capital austriaca y la victoria sobre los turcos en la batalla de Kalhenberg, en 1683. Sería en 1714 cuando el armenio Georgius Deodatus Damascenus, alias El Árabe, se convirtió en el primer vendedor de café de Praga, por lo que en 2014 se cumplieron 300 años del primer café en la capital checa.

 

El introductor de la nueva y estimulante bebida calentaba las jarras en plena calle sobre una sartén al carbón y, con el dinero ganado, abriría el primer café de Praga en la casa gótica de U Zlatého Hada (La Serpiente Dorada), situada en la Vía Real de Karlova, donde ofreció aromatizadas tazas de café hasta su muerte, en 1730. Y 304 años después todavía se puede saborear una taza (aunque ahora de la marca italiana Illy) en el mismo lugar, cerca del Puente de Carlos, pues se conserva el establecimiento con el mismo nombre, aunque con una pátina contemporánea.

 


 

Viena

 

 

1. Café Sacher

La cuna de la tarta sacher original

 

Su receta de la Original Sacher Torte, la tarta de chocolate relleno de mermelada de albaricoque, es un top secret celosamente guardado en una caja fuerte del Hotel Sacher, al que está anexo el Café Sacher. En su tienda se pueden comprar tartas de muchos tamaños para llevar en su mítica caja de madera.

 

 

2. Café &Pastelería Demel

La tarta favorita de Sissi

 

Su repertorio es inmenso, pero merece la pena destacar la tarta Demel de nueces y chocolate, decorada con violetas confitadas, una especialidad de la casa y uno de los dulces favoritos de la emperatriz Sissi. Hay que mencionar además su tarta Sacher, considerada por muchos incluso mejor que la Original del Café Sacher. La de Demel es reconocible por el triángulo de chocolate en el que se puede leer Eduard-Sacher-Torte.

 

 

3. Café Y Confitería Gerstner

Tartas Sissi y Klimt

 

Es de buena calidad su versión de la Sacher, pero además elabora repostería propia como la tarta Gerstner con crema de chocolate, la tarta Sissi con mermelada de grosella roja, mazapán y pasta de azúcar blanco, o la tarta Klimt, galleta de nuez con crema de chocolate, cubierta de mazapán y decorada con copos de oro. Su precio está en consonancia: 44 euros.

 

 

4. Café Museum

El café de los artistas

 

Desde su apertura en el año 1899, este histórico café acogió a todos los genios de las distintas artes. No en vano, fue frecuentado por los pintores Gustav Klimt, Egon Schiele y Oskar Kokoschka, los escritores Joseph Roth, Karl Kraus, Georg Trakl, Elias Canetti, Hermann Broch, Robert Musil y Leo Perutz, los compositores Alban Berg, Franz Lehár y Oscar Straus, así como por los arquitectos Otto Wagner y Adolf Loos. 

 

 

5. Café Central

Delicia gozosa como sus dulces

 

Ocupa la planta baja de un antiguo banco hoy llamado Palacio Ferstel en honor a su arquitecto, Heinrich von Ferstel. De estilo veneciano-florentino, en su interior relucen tartas con el mismo nombre del establecimiento: una combinación de chocolate, mazapán y aroma de naranja amarga.

 

 

 

Praga

 

 

1. Café Imperial

Las ‘batallas de los bollos’

 

De estilo art déco, este café fue reabierto en 2007 tras la reconstrucción a la que fue sometido el Hotel Imperial. Su café anexo se hizo famoso durante el comunismo porque en él se libraban las "batallas de los bollos", en las que se podían comprar el mismo día por la tarde para que los clientes que quisieran participar en estas contiendas se los pudieran tirar entre ellos...

 

 

2. Grand Café Orient

El único cubista del mundo

 

El Grand Café Orient, fundado en 1912, es el único café de estilo cubista del mundo. Se ubica en la Casa de la Virgen Negra (1911-1912), el primer edificio cubista en Praga, que alberga el Museo del Cubismo. Obra del arquitecto Josef Gocár, se considera el mejor ejemplo de la corriente que llevó el ideario cubista de geometrización de la forma a la arquitectura.

 

 

3. Café Louvre

El favorito de Albert Einstein

 

Fundado en 1902 y situado en la segunda planta de un inmueble art nouveau, el Café Louvre también es de estilo modernista y pertenece al legado de la Primera República. Además de Kafka y de Rilke, entre sus ilustres visitantes se encontraba el físico Albert Einstein (Premio Nobel en 1922).

 

 

4. Café Slavia

Templo de literatos y músicos

 

El Café Slavia destaca como el más antiguo de Praga (sigue abierto hoy en día). Se inauguró en 1881 y fue lugar de encuentro de literatos como Franz Kafka o Rainer Maria Rilke, y de los grandes compositores nacionales Antonín Dvorák y Bedrich Smetana. Continúa siendo uno de los más populares y concurridos por su bonita decoración art déco y sus vistas panorámicas al Castillo de Praga. 

 

 

5. Café Savoy

Hombres de negocios y gente guapa

 

El Café Savoy se convierte al mediodía en un punto de encuentro de hombres de negocios, como el conocido banquero checo Petr Kellner, considerado el hombre más rico del país. Por la tarde y ya entrada la noche, el público del local cambia considerablemente y es entonces cuando se da cita la gente guapa y jóvenes a bordo de lujosos automóviles que aparcan junto a su renovada fachada.

 

 

 

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