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Irreversible

Winelover

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Dominic Lockyer (CC)
Miércoles, 21 de noviembre de 2018

Me pasa mucho.
Es muy habitual, dada la fama de winelover que me precede, que amigos, o amigos de amigos, me quieran poner en contacto, o monten la que haga falta para hacerme coincidir con otros que se proclaman amantes del vino.

Los resultados suelen ser espantosos, en el sentido de que esas terceras personas autoproclamadas aficionadas, o iniciadas, en el wineloverismo realmente lo son por habitualidad en el consumo pero no por diversidad ni profundidad.

 

Vamos que no salen de Rioja, Ribera, Rueda (lo llaman Verdejo) o Rías Baixas (lo llaman Albariño), y eso en el mejor de los casos, que una vez me vi obligado (la amistad, concepto sobrevaloradísimo, siempre me mete en estos desagradables trances) a seleccionar unos vinos para un cumpleañero entendido en estas cosas. Acepto. Comunico mi selección. Oye, me dice mi amigo, agitado, que no, que ahí hay poco tinto y todos tienen que ser tintos. Sí, todos. Si lo no tinto no es así qué digamos, vino. ¿No?

 

Pero ojo; cuando ese tercero de buena fe por conocer resulta que sí tiene el Carnet Winelover y, además, pleno de puntos, esos encuentros habría que darlos en streaming por YouTube, desde fuera no tiene desperdicio. Estoy perdiendo dinero.

 

Tremendo lo nuevo de Nestarec. Qué pena lo de Radikon. Sobrevalorado. Como los tintos de Ganevat. Serbia es la nueva Eslovenia (jajajaja, eso allí no lo dices, codazo-codazo-guiño). Portugal es tremendo. Atlanticismo de verdad y qué barato. El Douro machaca al Duero. Aunque lo que más mola es Champagne. A mí dame champagne y déjate. Pues yo estoy con botellas de Jerez antiguas. Y yo con vi ranci. Y yo con naturis de Saboya. Yo con vinos naranjas italianos. Pues yo con vinos naranjas naturis rumanos a base de Feteasca Alba. Son buenos. Buenísimos. Pues los tendré que probar pero no creo que sean mejor que los Georgianos.

 

Y así te pasas una tarde muy rica.

 

Entendedme bien, prefiero la segunda situación a la primera (mi novia no tanto), pero sí que, a veces, resulta algo ridículo ver como en ese momento esos dos seres humanos no se escuchan, solo están a ver quién la suelta más rara. En definitiva, quién tiene más puntitos en el Carnet Winelover.

 

Porque hay vinos Winelover y UnWinelover. Que dan y que quitan puntos. Pero eso es tan temón que da para su propio monográfico.

 

El tema es que esta situación doméstica a veces llega a la enodivulgación, siendo toda una carrera desenfrenada por catar y, sobre todo, hacer la foto a la última moda fugaz de turno. Es divertido ver (esto ha pasado) en redes sociales como todo el mundo está bebiendo un vino del que se supone que a España solo habían llegado un par de cajas. Y yo aquí que estoy escribiendo esto sin aún haber probado un Overnoy.

 

Por favor, no nos flipemos de más, y sobre todo, no dejemos desatendidos mediáticamente proyectos cercanos de gente que lo está haciendo muy bien, a pesar de que Bullas no suene exótico, el Bierzo esté muy visto y Rioja/ Ribera sea de cuñados. Aquí es importante señalar que no es mi intención hacer patria, o no toda, que no voy de votante de VOX. Esto también pasa con proyectos consolidados de por ahí: atención, que hasta hace un mes yo no había probado ningún vino de Casa Ferreirinha, pero Colares sesenteros he bebido por hectolitros.

 

Es que al Winelover cuando le da por algo... también al español en general... que mirad la que está montada con Rosalía.

 

Toma giro de guión.

 

La flamenca trap que comparan con Lola Flores, icono, por cierto, de culto más bien irónico, ya que el personal no la recuerda por su arte si no por lo del “si me queréis, irse” en la boda de su hija, lo del lío con la Agencia Tributaria y su “si una peseta me diera cada español” y lo del pendiente que “su dinero le ha costado”.

 

So farsantes.

 

Total que ahora anda liada porque Rosalía, con solo 25 años, lo está petando, no ya solo en España si no internacionalmente. También es cierto que va con medios potentes, la producción de sus actuaciones en directo no creo que se haya visto en la historia de la escena musical española. Esto ha provocado que surja un sector crítico que comenta que no es para tanto, o que es un complejo producto de ingeniería musical/ social.

 

El debate está montado entre Rosaliers y haters. Por todos lados.

 

Y ya puestos aprovecho para opinar: a mí me gusta su música, no comprendo mucho sus letras y no entiendo por qué se hace la andaluza cantando con su acento y utilizando sus expresiones si luego en las entrevistas no hay asomo de ese deje y léxico.

 

Lo andaluz como parque temático.

 

Pero que le vaya muy bien, no deja de ser un parado juvenil menos.

 

Y oye, si el éxito le dura me plantearé hacer una cata con acento francés que en esto del vino es más mediático que lo andaluz.

 

TRA, TRA!

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