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Bodegas Príncipe de Viana

Isabel López de Murillas, I+D en el terruño navarro

Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Lunes, 19 de noviembre de 2018
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Navarra

La directora técnica de Príncipe de Viana es ingeniera agrónoma por la Universidad Pública de Navarra. Allí descubrió la enología, y le fascinó tanto que formó parte de la 1ª promoción de enólogos de la Universidad de la Rioja.

“Lo tenía muy claro porque mi padre era un pequeño viticultor en nuestro pueblo, Autol, en la Rioja Oriental, y viví el mundo tradicional del vino desde siempre y muy de cerca: las viñas de secano en vaso, las vendimias...”. Lejos de los oropeles, mantiene el perfil discreto de una trabajadora del vino que empezó por la base, se fue formando en la tarea y asumiendo, poco a poco, mayores responsabilidades hasta llegar en 2005 a la dirección, donde forma con el otro enólogo e ingeniero agrónomo de la casa, Pablo Pávez, lo que el gerente de la bodega define como “un monstruo de dos cabezas”. Todos los temas de viñedo y enología se tratan en común. “Es una situación ideal. La visión general es la misma, pero tener puntos de vista distintos es muy enriquecedor”.

 

¿Cómo son la filosofía y la viña de Príncipe de Viana?

 

Tenemos 500 hectáreas de viñedo propio repartidas por todas las zonas de la Denominación Navarra, pero la mayor parte –unas 200 hectáreas– están en Cadreita, en el entorno cercano de la bodega. Desde el principio, ya sabemos qué destino va a tener cada racimo porque se cultiva de formas distinta la uva que va destinada a un rosado pálido o a un tinto de reserva. Utilizamos viticultura de precisión, tomando fotografías por satélite, zonificando y agrupando parcelas y tenemos estaciones climáticas que nos permiten volcar todos esos datos en el ordenador. El manejo de las viñas es vital, pero el enólogo no es el artífice con su varita mágica; tenemos clarísimo que el buen vino nace en la cepa de la uva excelente trabajada de modo adecuado, y buscamos algo que sea rentable sin mermar para nada la calidad. Igual que puedes educar a un niño, puedes llevar a un viñedo a donde se puede expresar al máximo, marcándole el camino que seguir.

 

En estos tiempos de "naturalidad” parece como que queda mal hablar de intervenciones en la viña, y no digamos ya de productos enológicos...

 

Es muy bonito contar en las revistas que no pones nada, pero hay que ser realista. Si estás trabajando con 500 hectáreas de viñedo y dices que no lo tocas, puede que no te crean. Tienes que buscar el equilibrio justo, no hacer tratamientos de calendario porque es lo que está estipulado. Si puedes respetar la fauna, la flora y la microflora natural, lo vas a hacer; si usas feromonas en vez de insecticidas vas a salir ganando y ayudas al ecosistema, porque es más eficaz que un tratamiento químico. Tienes que intentar llegar al residuo cero en materia prima. Tenemos muy claro el tema de la sostenibilidad y todo está enfocado al respeto del viñedo, el terruño y la naturaleza. Hay que ofrecer salud y bienestar al consumidor final.

 

Parece difícil comunicar el sello Navarra con tantas líneas de mercado distintas. ¿Se puede transmitir un mensaje unificado, más allá del típico rosado?

 

El gran secreto que descubrir en Navarra son los tintos y yo apostaría por ellos. También tenemos unas variedades blancas que se han aclimatado muy bien, así que da un poco de tristeza que su imagen se asocie solo al rosado. Históricamente, hemos sido una zona de cooperativas y su visión es muy distinta a la que puede tener una bodega particular. Se pagaba el kilogramo y al agricultor lo que le interesaba era producir kilos para vinos ligeros en los que se dejaba un poco al margen la calidad. Pero en Navarra pueden cultivarse numerosas variedades, algunas son autóctonas y otras foráneas que se han adaptado muy bien en unos microclimas muy variados, que pueden ser atlánticos y mediterráneos con distintos matices, lo que supone una ventaja frente a otras DD.OO.

 

¿Cuál es tu valoración de estas uvas después de unas décadas de experiencia?

 

Yo creo en el coupage, en la mezcla. Las bases son la tempranillo y la garnacha, que hoy está de moda a todos los niveles porque puedes encontrarte con tintos increíbles, pero poder combinar merlot, syrah, graciano... es todo un lujo si sabes lo que estás manejando. La cabernet sauvignon –que hoy todo el mundo repudia– te puede dar unos vinazos tremendos aunque, en nuestra experiencia, no tiene mucho que hacer en las zonas altas y hay parcelas que se acabarán arrancando, pero si está bien maduro no aparece para nada esa pirazina que sabe a pimientos verdes. La merlot tiene también muchísimo potencial –más cuando se combina– y, como somos valientes, porque suele ser una variedad difícil, hacemos también un graciano varietal y un 100% syrah. También hemos querido ir un paso más adelante en blancos combinando la chardonnay, que se ha adaptado muy bien, con la sauvignon blanc. Son dos variedades con un test de compatibilidad igual a cero, pero forman un matrimonio moderno con un perfecto reparto de tareas: la sauvignon se ocupa del aroma y la chardonnay de la boca. Y hacemos algo de garnacha blanca, que es algo diferente que encaja muy bien en la tendencia actual hacia vinos más frescos y fáciles.

 

El rosado tradicional está en discusión porque ahora se llevan los pálidos en línea provenzal. ¿Debe Navarra adaptarse a la moda o mantenerse en sus trece?

 

El método de sangrado es obligatorio para los rosados navarros. Si se quiere hacer algo distinto, usando la prensa, siempre puedes acogerte a la denominación para Vinos de la Tierra de las Tres Riberas. Nosotros fuimos los primeros que apostamos por unos rosados diferentes fuera de la seña de identidad que es la garnacha e hicimos uno con cabernet que le encanta a la gente “de tintos” por su boca voluminosa y porque es más complejo. También hemos sacado un Edición Rosa más pálido para exportación, aunque conseguir un color ligero por sangrado es muy difícil. Es muy importante conocer bien el viñedo para conseguir aromas en un vino en el que la extracción es muy baja. La peculiaridad de nuestros vinos es la franqueza aromática a la vez que buscamos la máxima intensidad.

 

Un tema muy discutido en estas elaboraciones son las levaduras comerciales. ¿Pueden hacerse vinos auténticos si las levaduras no proceden del entorno?

 

Nosotros trabajamos todo con levaduras autóctonas. Hemos hecho colaboraciones con la Universidad y con otras empresas hasta seleccionar las nuestras propias, no solo saccharomyces, sino también torulasporas, que vienen del viñedo y pueden aportar algo diferente. El todo igual de la globalización no te permite diferenciarte, pero hay que buscar en cada vino la tipicidad que viene del terruño y que sea distinto y no uno más en el mercado.

 

La tendencia actual es la zonificación: los vinos con origen muy definido, sean de un pueblo o de un viñedo concreto. ¿Juega eso en contra de vuestro amor por la mezcla?

 

Nuestra apuesta en los vinos top es el terruño y nuestra filosofía la diferenciación: el viñedo individual que te aporta unas características que puedes “educar” y que llevas a un fin de expresión máxima a todos los niveles. Hay parcelas en las que sabes que vas a hacer “ese” vino y de ahí vienen los nuestros más mimados. Hay una zona concreta que es la niña de mis ojos, unos terrenos altos cerca de Caparroso con muy buen drenaje en los que jugamos con el estrés hídrico, sin que la viña llegue a sufrir. Se tuvo mucho cuidado con las variedades y los clones a la hora de plantar y lo que no ha funcionado se ha ido reinjertando. Pero el mercado es muy amplio y no hay que dejar de lado las otras gamas: vinos más sencillos, varietales dedicados a un público más de iniciación, o no, a los que uno se puede enganchar por la nariz, otro por la suavidad en boca... También a un público más experimentado le puede gustar descubrir el perfume de cada variedad. No tiene por qué ser mejor un reserva que un vino joven con un toquecito de barrica.

 

Navarra es la región española con más mujeres haciendo vino y trabajando en él. ¿Hay alguna razón especial?

 

¡Porque no corremos en los encierros de los Sanfermines! (risas). Es curioso y puede ser bonito decir que es por la sensibilidad, pero no es real. La verdad es que, como en todo, la mujer ha ido metiéndose en mundos que eran tabú. Y aquí estamos. Al final, se trata de ser profesional y tener las cosas muy claras.

 

 

 

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