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Descendientes de J. Palacios

Álvaro Palacios y Ricardo Pérez, Terruño con Mayúsculas

Autor: Amaya Cervera. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Lunes, 3 de diciembre de 2018

Tras casi 20 años en Bierzo, Álvaro Palacios y Ricardo Pérez están a punto de tocar el cielo: tienen nueva bodega y la clasificación que han impulsado es el primer paso para parecerse a una pequeña Borgoña en el noroeste de España.

“Lo mejor que podemos hacer hoy es conservar las pocas viñas viejas que nos quedan cultivadas en buenos sitios y envejecer sus vinos en cuevas subterráneas”, dice Álvaro Palacios, mientras comparamos las cosechas 2016 y 2017 de los bierzos que elabora junto a su sobrino Ricardo Pérez Palacios bajo el nombre Descendientes de J. Palacios.

 

Un lugar cargado de significado

 

Las viñas estaban en sus manos desde hace unos años, pero ahora tienen también el lugar silencioso a 20 metros bajo tierra que ha diseñado un arquitecto que además hace vino: Rafael Moneo. Tras pulular por distintos espacios alquilados desde que arrancaron el proyecto en 1999, disfrutan por fin de las condiciones soñadas: temperatura siempre por debajo de 14 grados y humedad del 80% al 90%.

 

[Img #15312]Situada en el alto de Chao do Pando, a 726 metros de altitud, la nueva bodega se erige sobre el paraje de Moncerbal, de donde sale uno de sus tintos más minerales y deseados. Su posición de privilegiada atalaya con vistas sobre el valle permite captar de un solo vistazo la geografía del Bierzo (una olla rodeada de montañas que conecta la meseta castellana con Galicia) o divisar claramente la viña mágica de La Faraona. También se puede bajar paseando a Las Lamas, la parcela que cierra la trilogía de los vinos de viña donde Ricardo señala las evidentes diferencias de vegetación entre la ladera norte (castaños y retama) y la sur (viña, alcornoques, encinas y jara) para explicar la convivencia de influencias continentales y atlánticas en la región.

 

Moneo ha realzado la trascendencia del lugar conectando los lugares de trabajo con el suelo y el paisaje, del que utiliza como material recurrente la madera de castaño. Y le ha dado una cadencia solemne con la amplitud de los espacios y las altas y estilizadas puertas que dan acceso a las diferentes estancias. La más espectacular es la sala de crianza, con el efecto dramático y a la vez natural de mostrar la roca madre al desnudo, esas entrañas de pizarra que dominan los suelos de las zonas altas del Bierzo.

 

“Son esquistos del precámbrico, el tipo de suelo más antiguo de la Península Ibérica donde ni siquiera se encuentran fósiles”, recalcan al tiempo que llaman la atención sobre las formaciones de calcoesquistos que pueden ser una de las claves de la marcada mineralidad de Moncerbal. Ricardo extrae pequeñas muestras de tierra incrustadas en la roca que resultan ser piedrecillas de lava y revela que el único lugar en el que afloran a la superficie es en el viñedo de La Faraona. La singularidad de los sitios que merecen ir en solitario a la botella se construye a partir de muchos pequeños detalles.

 

[Img #15291]Buscando la Borgoña española

 

Álvaro Palacios es un gran descubridor de viñas. Lo ha demostrado en Priorat, más recientemente en Rioja –con un atrevimiento llamado Quiñón de Valmira que pone la garnacha del Monte Yerga en lo más alto del vino riojano– y, desde luego, en Bierzo. Él cree que tiene que ver con ese “gusto francés” por los grand crus que comparte con su sobrino y que hace 20 años les parecía más factible conseguir en Bierzo que en Ribera del Duero o Toro, las regiones que monopolizaban las inversiones del momento.

 

Ricardo confiesa haber descubierto el amor por la tierra en Francia: “Allí me di cuenta de lo que realmente significa ser un vigneron, al ver la pasión que tenían por sus pequeños trozos de tierra que cuidaban como si fuera su propia vida”. Tras formarse en ese país y pasar por bodegas de Chile, en 1999 iba a tener la oportunidad de conocer de cerca el trabajo en el mítico Domaine de la Romanée-Conti de Borgoña.

 

Pero durante una visita a Galicia el año anterior había parado en Bierzo y se había prendado de la región. Álvaro la conocía ya de las escalas de sus viajes a Vigo para vender los Palacios Remondo riojanos y de sus primeros años en Priorat, cuando se ganaba la vida vendiendo barricas por toda España. Dada la excelente sintonía entre ellos, Bierzo salía ya continuamente en sus conversaciones. Álvaro, que había salido ya de lo que califica como la “época de penurias” en Priorat, animaba a su sobrino a seguir formándose, pero Ricardo estaba cansado de hacer prácticas y soñaba con convertirse en vigneron.

 

Así que Bierzo ganó a la Romanée-Conti y en 1999 tío y sobrino hicieron sus dos primeros vinos en la denominación leonesa: un tinto regional elaborado con uvas del valle que llamaron Bierzo, a la manera del genérico “Borgoña” que se usa en los vinos básicos de esta región francesa, y un tinto de municipio con el nombre del pueblo que más les había gustado, Corullón, y en torno al cual decidieron construir su proyecto. Corullón ha continuado hasta nuestros días, pero Bierzo se elaboró por última vez en 2001 porque no se entendió esa pequeña obsesión de primar el lugar sobre la marca.

 

[Img #15298]En 2011, y también al más puro estilo borgoñón, nacieron los vinos de viñas y parajes. De los cinco iniciales, solo se han mantenido Moncerbal, Las Lamas y La Faraona. San Martín y Fontelas se dejaron de elaborar en 2004 (“fue demasiado para lo que el mercado podía asimilar entonces”, explica Álvaro), pero no descartan que éstos u otros regresen en el futuro. Ricardo cree que tras haber tomado muy bien el pulso a La Faraona, Moncerbal y Las Lamas, “tenemos que hacer más grande a Corullón controlando mejor todas las parcelas y parajes que tenemos”.

 

Existe, no obstante, otro paraje muy poco conocido. Valdafoz nació para el 75 aniversario de Vila Viniteca y se ha seguido elaborando en exclusiva para este distribuidor. Son unas 1.000 botellas de una viña de orografía muy complicada y 70% de inclinación de donde sale el tino más aéreo, ligero y floral (lavanda) de la gama.

 

Dudas y perseverancia

 

Pero lo que resulta tan fácil de contar ahora no ha sido un camino de rosas. “Nos ha costado entender la región y hemos tenido nuestras dudas”, puntualiza Álvaro Palacios.

 

“Los parámetros en Bierzo son desconcertantes porque analíticamente la acidez es baja”, confiesa Ricardo. Por eso quizás tiene sentido cuando Álvaro habla de la “acidez ambiental” y la define como una suerte de clima húmedo que ayuda a que los vinos sean longevos en el tiempo. Para Ricardo, la magia de Bierzo estriba en poder hacer vinos de perfil fresco y vivaz sin apenas acidez. Ambos están orgulloso de que vinos como Corullón 2001 hayan envejecido de maravilla.

 

“Las expectativas, sobre todo en los últimos años, se están cumpliendo –dice Álvaro entusiasmado–. Ahora estamos llegando ya a la magia, a lo indescriptible, a lo que trasciende”.

 

El estilo fue otro obstáculo importante en su día. Para Ricardo, “lo más complicado fue presentar el vino al mundo en un momento en el que lo que mandaba era la potencia y el color”. En ese contexto, “íbamos con un vino que no estaba en la onda, pero los gustos han cambiado a favor del gusto del Bierzo y ahora casi estamos al otro lado”, ironiza.

 

[Img #15304]Palabra de nobles personas

 

Con el bagaje de Priorat a sus espaldas, Álvaro tenía la tranquilidad de que tardarían al menos 10 años en consolidar el proyecto: “Los grandes descubrimientos estaban ya hechos y no había mucho más sitio en el mercado. Por eso había que buscar el efecto espejo y triunfar fuera para que luego te aceptaran dentro”. Como zona que ha despertado, Palacios está encantado con la nueva generación de elaboradores y cree que “los próximos años serán muy importantes para que todo esto se materialice”. Otro tema importante que no aparece en las fichas técnicas de los vinos son las personas. “La gente y los compañeros bodegueros nos acogieron muy bien. Aquí la mayoría de los contratos de compra de uva son de palabra”, explica Ricardo. “Hemos crecido con la zona y la zona con nosotros, y nos hemos sentido muy queridos”.

 

Aunque le sigan conociendo como “el riojano”, el joven Pérez Palacios no solo está totalmente integrado en su comunidad, sino que se ha convertido en un gran dinamizador de la zona. Ha creado la granja Cando, pared con pared con su casa, en la que bajo el lema “Iluminando el conocimiento y el paisaje” organizan cursos sobre biodinámica, encuentros vitivinícolas o se enseña a hacer pan y queso. En su página web se define como “un espacio, crítico y abierto donde generar conocimiento y crear lazos entre la sabiduría rural y la investigación”.

 

[Img #15269]Su mayor contribución, no obstante, ha sido la nueva clasificación basada en la viña que se encuentra en proceso de aprobación por Bruselas y que le ha valido el International Wine Challenge Merchant Award 2018 a la Visión y la Innovación. El jurado internacional, presidido por Pedro Ballesteros MW, ha alabado su gran labor para “hacer de Bierzo la denominación más ambiciosa y auténtica en el reconocimiento y respeto del terroir”.

 

Detrás está una región con uno de los mayores patrimonios de viña vieja del país en riesgo de desaparición. “Para que esto se mantenga –explica Ricardo– se tienen que producir más botellas y más caras. Esperamos que todas estas iniciativas: la clasificación del viñedo, el nuevo pliego de condiciones… repercutan de manera positiva en la zona, pero hay que trabajar de manera conjunta y no apoyar el arranque”.

 

En casa de los Palacios nunca habían estado mejor. Saben que el gran beneficiado de la nueva bodega será Pétalos, el tinto más asequible que se ha elaborado en las mejores condiciones de su historia en la cosecha 2017, que llegará al mercado a principios de 2019. Con casi 400.000 botellas de producción (Descendientes de J. Palacios ya es la bodega no cooperativa más grande del Bierzo), es probable que sea el primer contacto de muchos consumidores con la región, pero tanto Álvaro como Ricardo saben que hace falta mucha gente remando en la misma dirección para elevar a toda a la zona. Quizás fue una premonición que Ricardo desviara su camino de la Romanée-Conti para ayudar a construir una pequeña Borgoña en el noroeste de España.

 


 

De casta le viene...

 

[Img #15267]Nacido en Pamplona y criado en la bodega familiar en Alfaro (Rioja), Ricardo Pérez tiene 42 años. Con formación enológica en Francia (sobre todo agricultura ecológica) y con el anhelo de convertirse en un gran vigneron, ha trabajado en el país galo, además de Chile y Estados Unidos. Le fascinan los viñedos plantados en parajes audaces.  El Bierzo le cautivó.

 

 

La saga de los Palacios

 

¿Hay una familia con más peso específico en el mundo del vino español? Álvaro Palacios –hijo de José Palacios Remondo, fallecido en 2000– es la gran estrella de esta familia bodeguera gracias a su trabajo en Priorat, a la recuperación de la garnacha como variedad central en la bodega familiar de Alfaro (Rioja) donde trabaja junto a su hermana Chelo y al proyecto conjunto con su sobrino Ricardo Pérez Palacios en Bierzo. Si su hermano pequeño, Rafael Palacios, es el gran referente en la elaboración de blancos en España desde Valdeorras en Galicia (y en su haber también se inscribe Plácet, blanco en Rioja), su sobrina Bárbara defiende el estilo vigneron a partir de un mágico viñedo de Haro heredado de su padre Toño. Y la saga tiene garantizado un futuro prometedor con otro eslabón más: con 21 años, Lola, la hija de Álvaro, ya estudia enología.

 

 

Álvaro Palacios, embajador del vino español

 

Uno de los grandes nombres de nuestra enología contemporánea nació en Alfaro (Rioja) hace 54 años. Pasó por todos los oficios de base en la bodega familiar y se marchó a Burdeos en cuya universidad completó formación. Posteriormente hizo prácticas en Petrus y se empapó del factor mercantil del vino con estancias en Londres y en Napa Valley (California, EEUU).

 

 

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