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Aragón en vino

Ruta del Vino Somontano, cuando el agua se hizo vino

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Arcadio Shelk
Miércoles, 12 de diciembre de 2018
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Somontano

Antesala de los Pirineos e histórico parque natural para recreo del turista francés, el Somontano sorprende por la calidad de sus vinos, la bonhomía de sus gentes y una gastronomía que se entreteje con un vasto acervo cultural.

Como en el milagro bíblico, en el Somontano el líquido elemento se hizo vino. Y de lo local se pasó a lo global. La conversión no fue súbita ni asombrosa, producto del azar o la casualidad. Todo empezó –o más bien se aceleró– cuando un nutrido grupo de franceses y belgas descubrieron esta comarca oscense en los años 60 y 70 del pasado siglo. No vinieron a las bodas de Caná, donde se obró el prodigio cristiano aludido, sino que traspasaron el telón geográfico para hacer barranquismo en sus ideales ríos, cañones y gargantas (Vero, Alcanadre), incluso para hacer nudismo en las orillas. Era el peaje por descender el vertiginoso por el valle del [Img #15260]Guara sin neopreno: había que tender los jerséis de lana. Del descenso del río se pasó al ascenso del vino. Nuestros enológicos vecinos se percataron de la bonanza de mostos elaborados. Probaron aguas, probaron vinos y pusieron indirectamente en marcha la mercantilización, propagando las virtudes de líquidos tan antagónicos. La fama vitivinícola de la comarca tomó carta de naturaleza en 1984, con la oficialización como D.O. Habían pasado más de dos milenios desde que los itálicos cultivaron vid en el valle el Ebro, extendiéndose las cepas por la provincia de la Huesca pre pirenaica en la época de los monasterios medievales. Volviendo a Francia –presente hasta en vocablos y señalética, los auberges son fondas– la primera bodega que se instaló por estos pagos fue Lalanne, levantada oh la lá, por un francés. Había sido fundada en Burdeos en el año 1842 por Francisco Lalanne Merlet y su esposa Juana Felicia Lataste, baronesa de Bouchardeau, y abrió sucursal en la Finca San Marcos en 1894 por culpa de la filoxera que había arrasado los viñedos de Europa. Lalanne, con sus injertos americanos, apostó de modo pionero por la cabernet sauvignon, la merlot, la pinot noir, la chardonnay, la syrah. Ahí siguen estas variedades nutriendo la D.O., como sigue la bodega de origen galo en manos de la familia que la alentó. En un perímetro de unos pocos kilómetros a la redonda, la vista conduce al futurista edificio de Sommos. Vanguardia y producción sensata se dan la mano en esta sede de ciencia ficción, en estos cubos erráticos en medio de la llanura que albergan unas instalaciones de primera categoría. Unos pasos más allá, en el término municipal de Almunieta, Bodegas Meler –los benjamines de la D.O., fundados en 2003– se degustan los primeros mostos del año en un atardecer conmovedor. Un fenomenal trabajo el de María, Isabel y Ana Meler Subías, hermanas que siguen las sabias trazas de su padre en estas 25 hectáreas de viñedos sobre colinas.

 

Una villa italiana

 

[Img #15261]Las historias de Somontano a veces exigen arqueología. Blecua se enseñorea en una remozada villa de estilo italiano construida a finales del XIX. “Contratamos a un historiador para rastrear en el pasado de la casa y darle sentido a la obra que acometíamos. Esto se llamaba Torre Blecua, está fechada a finales del siglo XI, y era lugar de retiro por los monjes benedictinos franceses”, explica José R. Ferrer, estupendo anfitrión y director gerente-enólogo de Bodegas Viñas del Vero, paraguas de Blecua. En sus 14 hectáreas de superficie, situadas en el meollo de Somontano, Blecua duerme en una bodega hermosa, egregia, rodeada de libros, de piedra natural y geometría. En las copas, el aristocrático Blecua 2010 (un coupage emocionante) alterna con el blanco Clarion 2014 (gewürztraminer, chardonnay, otros secretos, por algo se sirvió en la fiesta prenupcial de nuestros hoy monarcas...) y el Viñas del Vero Rosado Pinot Noir 2017. La terna armoniza un tomate rosa de Barbastro inigualable que apuntala zamburiña y atún en tartar, al que suceden pulpo braseado con col lombarda, unas pochas con sama (aterciopelado pez atlántico) y un cochinillo con cus-cus. El menú lo oficia el restaurante Las Torres, ya en la capital oscense, otra escala que tener en cuenta algo más alejada del perímetro oficial de este itinerario.

 

[Img #15262]De mañana, la Ruta del Somontano sugiere caminos y sendas, que no necesariamente conducen a hileras de espaldera, vendimias y aclareos. Ha lugar para el senderismo, la mountain bike, las vías ferratas y hasta la ornitología con la vista alzada hacia buitres, águilas y quebrantahuesos que sobrevuelan roquedos. Si la meteorología lo permite, un divertido descenso por el cañón del Vero supone la mejor manera de abrir el apetito y las ganas de investigar en los fogones locales. En Casa Pardina, en la villa medieval de Alquézar, resulta pertinente ordenar jabalí estofado, chuletas, secreto de cerdo blanco, pimientos rellenos de setas, ciervo... Cada guiso sale noble, como nobles son las gentes que añaden valor gastronómico a estos parajes. Las hermanas Blasco dan aquí de comer estupendamente, y no paran de detallar las excelencias de chanfainas con chiretas (tripa del cordero rellena de arroz), chorizos de Latón de la Fueva, crespillos (hojas de borraja fritas), pastillo o empanadico de Barbastro (empanadilla dulce) y hasta el pastel Biarritz (Francia, una vez más), que salió por primera vez del obrador de la familia Albás, en la calle de San Ramón de Barbastro, en el año 1903.

 

Joya medieval

 

[Img #15264]Desde el comedor de Casa Pardina se tiene una vista magnífica de la Colegiata de Alquézar y de sus casas en equilibrio sobre este promontorio. A una hora y media caminando, en pleno Parque Cultural del Río Vero, el Torno de Buera guarda una almazara originaria de los siglos XVI y XVII. Acogió una muela y una prensa mayúscula hasta que el siglo XX trajo técnica y desempleo. Su explotación fue compartida, a modo de cooperativa, por parte de los vecinos de Buera hasta hace dos días. Hoy es museo y centro de interpretación de visita recomendable, donde paladear con deleite las variedades locales negral, alquezraña y verdeña para un total de 19 en toda la comarca. El buen aceite se entromete en los dominios del vino. Como lo hace Trasiego. Bajo el gobierno del chef Javi Matinero, este restaurante se ha hecho fuerte en la entrañas del edificio de la propia D.O. en Barbastro. Con sus paredes hechas de duelas de barrica, ofrece una cocina de proximidad con modernidad, donde la micología es mandamiento. Unos raviolis de seta con vieira y trufa, galvanizados con un Enate fermentado en barrica, hacen la velada memorable. Denso, ahumado, avellanado, glicérico... Jesús Sesé Buil es director de viticultura, Ana Gállego se encarga del marketing y Jesús Artajona ejerce de enólogo en Enate. Este triunvirato orquesta visitas y explicaciones en estos “Viñedos y Crianzas del Alto Aragón”. La bodega se asoma al valle del Cinca y a la sierra de la Carrodilla y conjuga arte con viticultura. “Es uno de nuestros sellos de identidad, como se puede comprobar en nuestro mural La Vida del Vino, la galería artística o el Bosque de Hierro entre nuestros viñedos”, comentan al unísono al referirse a la escultura de formas retorcidas del escultor oscense Vicente García Plana. Enate se asienta sobre el municipio de Salas Bajas, donde la cerveza busca tímidamente su lugar en el sol. En octubre se celebró la I Feria de la Cerveza Artesana del Somontano donde en el pueblo se citaron los sabores de cuatro cervezas altoaragonesas y la gastronomía de tres establecimientos. Jorge Zanuy, chef del restaurante L'Usuella y mago de las tapas, y Javier Román, de Bachiella, cerveza que se elabora en la localidad, son compinches en esta iniciativa. Zanuy también cuenta con pequeña tienda gourmet donde despacha aceite, sal, especias y arroz del delta del Ebro.

 

Regreso a Barbastro, “capital del vino”. Colofón en la célebre Bodega del Vero de la mano de otra saga ilustre, la familia Mur. La vieja confitería y chocolatería hoy es un precioso ultramarinos con cofre del tesoro. En su sótano se habilita –solo de vez en cuando– un restaurante intímisimo. Entre confidencias, se brinda con una parraleta local, uva tan franca y sorprendente como las gentes que la cultivan.

 


 

 

[Img #15263]Una ruta con premio

 

Nacida en 2004, la Ruta del Vino Somontano acaba de ganar en Madrid el premio a la Mejor Experiencia Enoturística en los International Wine Challenge Merchant Awards España. Tras la emoción por el galardón se esconden las cifras del fenómeno Somontano. Son 32 las bodegas adscritas a la Denominación de Origen y 15 las variedades de uva permitidas. Los suelos del Somontano, que ocupan 1.167 kilómetros cuadrados, que varían entre los arcillosos y los calizos, además de los formados con material aluvional. Sus bodegas son visitadas casi por 80.000 entusiastas del vino al año, y cuenta con 27 rutas certificadas por ACEVIN.

 

 

 

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