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Habla el director de la bodega

Bodegas Luis Alegre, exponente del rioja de precisión

Autor: Luis vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Miércoles, 9 de enero de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Ca. Rioja

Alejandro Simó siempre quiso dedicarse a algo relacionado con el campo, así que estudió para ingeniero agrónomo. Después, un máster en enología enlazó su carrera con la tradición de sus abuelos riojanos, que eran viticultores.

Hizo sus primeras prácticas con Telmo Rodríguez “como currela” y la casualidad quiso que un día, en Haro, a la vuelta de su trabajo de vendimia en Roda, escuchase la conversación entre dos vecinos, uno de ellos el director general de la empresa tonelera  Radoux-Victoria en España. “Era la época en la que empezaba el boom de la Rioja y la gran renovación del parque de barricas de las bodegas, pero este señor no encontraba gente para trabajar. Le llamé y me dijo que fuera a cenar a su casa, nos abrimos un Prado Enea de Muga y, al final, me contrató como obrero. Estuve unos meses en la empresa en los que pude trabajar en bodegas emblemáticas y conocer a los “grandes” del vino, como Mariano García o Marcos Eguren; yo era el chavalín de 23 años que iba con mi martillo y los arreglos para barricas a solucionarles los problemas. Trabajando, pude formarme entre España y Francia, que lo hacen muy bien porque es la nación de los galos, los dominadores históricos de la madera, mientras que los romanos lo eran de la piedra y el barro”.

 

¿Cómo y cuándo saltas desde el mundo de las barricas al mundo de la bodega?

 

El señor del que te hablaba se llamaba José Antonio Hueso y unos 20 meses después me metió en el departamento técnico de gestión comercial y compras de madera de la empresa. No solo por nuestros méritos, aunque algo tuvimos que ver, hicimos crecer la tonelería hasta convertirla en la mayor de Europa, con lo que los franceses empezaron a venir a España y a copar los puestos directivos. Vi un tapón sin salida y, junto a otras dos personas, monté Quercus, nuestra propia tonelería a la que estuve ligado tres años hasta que, en 2001, empecé en el proyecto Luis Alegre cuando el propietario decidió vender la bodega –fundada en 1968– a un grupo de familias. Nuestro reto fue transformar una bodega de cosechero que elaboraba muy buenos vinos jóvenes en otra de vinos de finca y autor.

 

¿Qué es la crianza “de precisión”?

 

Con la madera hay una confusión bestial de conceptos. Yo he tenido la gran fortuna de trabajar en tonelerías con I+D en España y en Francia, pero somos apenas unas 10 o 20 personas las que sabemos de esto. En el mundo de la enología hay mucho desconocimiento y se cree que Allier, Tronçais o Nevers son maderas diferentes que van a dar gustos distintos; en realidad, son zonas boscosas que responden a los nombres de las villas a las que pertenecen. La variedad de árbol es Quercus petrea en todos los casos, lo que condiciona el resultado son los procesos de secado del roble y su tostado. Luego, en la zona sur de Francia que linda con los Pirineos, encontramos el Quercus robur, una variedad de escaso interés enológico, muy rica en taninos y, en general, mucho más triste porque es poco aromática, pero muchas veces nos la hacen pasar por petrea. Crianza “de precisión” es saber de verdad lo que estás comprando y lo que entra en tu bodega; tener la posibilidad de garantizar, desde el bosque, que los árboles que abates te van a llegar sin ninguna alteración, lo que exige conocer y controlar bien el cultivo, el aserradero y la tonelería, que es hasta donde llegan los enólogos. Yo he sido tonelero antes que fraile y sé que en el oficio tenemos nuestras trampas porque recibimos lotes de madera de calidades A, B y C.

 

¿El roble es ingrediente necesario en el vino de Rioja?

 

¡Por supuesto! El roble es mágico, el envase más noble, el emblemático. Los riojanos fuimos los primeros en hacer vino de calidad es España –guiados por los franceses– y la barrica era algo obligado por las vicisitudes de una época en la que no existían los sistemas que tenemos hoy ni los equipos de frío: había que estabilizar los vinos a base de inviernos en la bodega. Las crianzas largas no se inventaron para que el vino fuese mejor, sino para que fuese estable para viajar a América sin romperse, a base de criar y criar, sedimentar, estabilizar… Cuando nos acusan de hacer tintos enmaderados, yo digo que lo que hacemos son vinos históricos. Ribera del Duero nos hizo un gran favor cuando nos despertó y nos espoleó. Vimos que llegaba la “era Pingus”, reaccionamos rápidamente, nos pusimos a trabajar en ella y así Rioja también ha sido pionera en tintos estructurados. Tenemos la fortuna de tenerlo todo, es la tierra de los mil vinos y hoy hay clasicismo, modernidad y también neoclasicismo, como califico algunos de mis vinos.

 

Sin embargo, en la cultura popular hay una persistencia contumaz de la memoria de los años 50, 60 y 70 en cuanto a la imagen de las zonas, las marcas… ¿Es posible hoy comunicar esta diversidad?

 

Hay mucho estereotipo. En el pasado, en nuestros pueblos, el vino era una cosa muy popular, muy cultural. Se bebía para aliviar el hambre que trajo la Guerra Civil y había tan poco que lo bueno calaba y la gente quería saber; es mucho más fácil comunicar cuando hay 20 marcas que cuando hay 20.000. Ahora se ha aristocratizado y la gente viene como asustada, diciendo que de esto no entienden, les da miedo beber vino. Las bodegas tenemos mucha culpa porque se está transmitiendo muy mal esta cultura a la población, no hay gente bien formada trasladando el vino a la calle y se está imponiendo el marketing, que también tiene sus cosas buenas. Pero nosotros queremos comunicar, que es distinto.

 

¿Cómo es el viñedo de Luis Alegre?

 

Tenemos unas 52 hectáreas bien repartidas. Nuestras tres fincas emblemáticas suman 25 en total, están en la zona de Laguardia y son tan diferentes entre sí que, de una a otra, pasamos de la fruta fresca a la madura. La Reñana, la más alta, está sobre los 600 metros; luego, bajando hacia Redondilla, están la Parcela nº 5 y Portiles, la más mediterránea dentro de que somos un pueblo eminentemente atlántico. También tenemos el Rejón en Labastida-Haro y otras 18 hectáreas en la zona de Cenicero-Torremontalbo que nos dan vinos muy aromáticos, riojalteños, de cuerpo medio, perfectos para tintos neoclásicos si se combinan con la estructura de los de Laguardia. Apostamos por una viticultura 100% sostenible y libre de productos sistémicos y de herbicidas. Siempre he sido un enamorado del campo que cree en el medio ambiente.

 

¿Vinos de ensamblaje de terruños en la tradición riojana o vinos de parcela?

 

Todo lo que hacían los antiguos estaba bien hecho. Mezclar uvas de las distintas zonas de Rioja es fantástico, porque las más maduras de las zonas bajas compensan la acidez de las altas. Nosotros sacamos 45.000 botellas de parcela y el resto de las 600.000 que hacemos son coupages de diversos terruños. Pero hay que dejar muy claro que crianza, reserva y gran reserva son estilos de hacer vino, porque un porcentaje importante de la población cree que un crianza es peor que un reserva. Categorizo mis vinos en función de las parcelas de las que proceden porque estoy dando protagonismo al terroir. Luego, tú tienes que saber si esa finca y esa añada te admiten 14, 17, 22 o 27 meses de barrica y si éstas deben ser de madera nueva o de dos o tres años. Esa categoría de viñedo singular ya se ha creado, y es un paso que había que dar. Tenemos algunos vinos ya inscritos, aunque hay que seguir avanzando porque, con los criterios que se manejan, un 70% de la Rioja podría ser de viñedos singulares.

 

Tu etiqueta top se llama Pontac. ¿Qué tiene que ver Luis Alegre con Château Haut-Brion?

 

Arnaud de Pontac fue un hombre muy interesante, propietario de ese château y presidente del Parlamento de Burdeos a principios del siglo XVII. Ya entonces promovió el uso de la barrica nueva y de sistemas de poda enfocados al bajo rendimiento para crear mejores vinos pero, sobre todo, por el afán de vender más caro que los “monstruos” de la época. Se propuso ser mejor que ellos, estudió mucho, creó los magníficos Haut-Brion y lo logró. Instauró la primera botella para un burdeos que no es bordelesa y seguro que tuvo que sufrir muchas críticas. Me encantó la historia, y el personaje me cautivó en un momento en el que yo tenía un vino muy especial preparado pero aún sin nombre, así que registré Pontac como marca en su honor. 

 

 

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