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Irreversible

Vergüenza

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Tamara Arranz - Movistar Plus
Miércoles, 16 de enero de 2019
Noticia clasificada en: Cultura del vino

Ya sabéis que Colectivo Decantado es famoso por mezclar cultura pop y vino, algo que, en este país, por lo que sea, nos hace originales.

En España, cualquier tratamiento del vino desde el humor parece que no se acaba de entender, que la línea editorial de opinión de la prensa especializada no la considera una vía por explotar. Cuidado, no vaya a ser que degrademos la boyante cultura de vino de este país.

 

También es cierto que esta disciplina no puede caer en cualquier mano: cuando hemos visto conatos enopop ajenos a los nuestros… la vergüenza ajena, involuntaria, ha sido potente, rollo Cringe comedy.

 

Al hilo de esto, pero con un pequeño giro narrativo, vamos a aprovechar hoy para ver cómo se trata desde la cultura pop al vino.

 

Y sí, vamos a hacer justo lo contrario de lo que insinuaba este preámbulo.

 

Lo haremos a través de dos series, una española y otra norteamericana. Ambas en emisión. Ambas de éxito (a su nivel).

 

Empezamos con Vergüenza, una serie producida por Movistar+ que protagonizan Javier Gutiérrez y Malena Alterio en los papeles de una pareja, Jesús y Nuria. Su trama narrativa consiste en ver cómo el primero, dada su mezquindad, cutrismo y retraso madurativo, se va metiendo en situaciones embarazosas y lamentables, a tal nivel que acaba arrastrando a los que le rodean, su cónyuge principalmente.

 

La serie es divertida aunque (esperemos) algo distópica: nos negamos a pensar que haya gente así, y más que haya gente así que tenga amigos o que no haya fallecido víctima de su idiocia.

 

El caso es que tiene un capítulo, el sexto, llamado La Cata, con una escena en la que una pareja sofisticada invita a nuestro dúo protagonista y miserable sociedad conyugal a una degustación de vinos.

 

Dicha escena se aborda desde la perspectiva “pez (peces) fuera del agua”, dado que desde el minuto uno todos se muestran algo snobs y entendidos. La situación es muy seria y se recurre al tópico (aunque no por ello falto de realidad): el maestro de ceremonias de la sesión se dirige a su audiencia con un léxico excluyente, para los no iniciados, envuelto en una actitud altiva.

 

Sí es más incompatible con la verosimilitud de la historia  el hecho de que este muchacho, el experto, sea alto, guapo, delgado y con pelo en la cabeza… pero esto no viene al caso.

 

Como os podéis imaginar, todo sale fatal, pero ocurre esto porque dos ignorantes de clase media-baja, sin mayor cualificación que la estupidez, van a una cata de vinos.

 

Resumiendo, y yendo donde quiero ir: está tan arraigado en este país que el vino, y lo que le rodea, pertenece a una élite sociocultural, que si en una comedia metes a dos lelos de bajo poder adquisitivo, y con escasa formación, en una cata… sabes que se va a liar.

 

Y fijaos en que el vino es una bebida alegre (alcohólica), interesante, divertida y generadora de desinhibición (también alcohólica), y que en un momento como el de esa cata la vergonzante pareja protagonista se lo podría pasar bien (de hecho, no desentonarían nada en alguna post party de encuentros profesionales del vino como Fenavin, la Fiesta de la Floración o en un Salón Peñín), ya que, y esto es algo que el individuo de a pie desconoce, esta es la fauna más común de este tipo de eventos.

Qué equivocados están en cuanto a sociología vínica los no iniciados.

 

Ahora vamos a fijarnos en cómo se trata esto del vino y la risa en el epicentro de la industria del entretenimiento, de la cultura pop: los Estados Unidos de América.

 

Sentido del humor tienen, ya que son gente capaz de votar a Donald Trump.

 

Vergüenza mediante, en EEUU, hay ciudades en la cúspide del wineloverismo (Los Ángeles, Nueva York, Chicago…) donde la del vino es una cultura aspiracional bien: es cool y, cuando es élite, es élite que mola.

 

Vamos a poner de ejemplo una sitcom a la que tenemos mucha tirria pero que ilustra muy bien la diferencia: The Big Bang Theory.

 

[Img #15611]

 

La serie que lleva ya más de una década de emisión y en la que todos los capítulos vienen a ser el mismo, tiene como protagonistas a cuatro genios malas personas, sobre todo Sheldon, un físico con pinta de mantis religiosa y nulas habilidades sociales y su vecina Penny, una actriz frustrada, pero guapísima, e inculta y pobre, pero con cierto éxito social.

 

Esta chica, en las primeras temporadas, no tiene un dólar ni manera de acceder a un buen trabajo. Su única meta, y la potencial solución a todos sus problemas, es ser actriz. Se lo ha jugado a un todo o nada.

 

Bien, pues ese personaje es el #winelover de la serie.

 

No los ingenieros, físicos, profesores universitarios, escritores, doctores, biólogos y demás gente preparada, y con medios, de la infame serie. No.

 

El listo no. La guapa. La élite intelectual no. La sociable. Los geeks no. La fiestera.

 

Es nuestra protagonista la que saca a pasear su copa de vino cada vez que está alegre, deprimida, romántica, de celebración o de lo que sea. Es raro ver una escena en su piso sin un vino.

 

Si le pilla con dinero (según pasan las temporadas le va mejor) pide buenos chardonnays; si le pilla “tiesa”, trinca cualquier vino y se lo sirve donde sea; si tiene noche de amigas, hace algo que llama Shitty Wines Night ( o “noche de vinos de mierda”, concepto que vamos a copiar para 2019), y a nadie en la serie le extraña.

 

Sus recalcitrantes y abyectos compañeros no le dicen jamás nada al respecto, nos referimos en cuanto a su consumo no en cuanto a su cantidad de (que ahí si hay alguna chanza).

 

Y mira que sus amigos los científicos son ofensivos y la denigran por su (falta de) inteligencia y cultura, pero nunca es un tema humorístico que beba vino alguien de tan poco nivel cultural.

 

Ni se plantean que el vino sirva para ridiculizar a ningún estamento social.

 

Parece que para un espectador de esta serie, posiblemente la comedia más popular de la actualidad en USA, no es humorístico que Penny tome una bebida que “no le toca”. Esa situación “pez fuera del agua”, que sí ocurría en la serie española, aquí no aparece.

 

Por eso, escribiendo esto, he pasado de la vergüenza a la envidia.

 

Mucha, además. 

 

 

 

 

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