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Pioneros e históricos

Antinori, estirpe del vino mundial con identidad toscana

Autor: Raquel Pardo. Imágenes: Archivo
Martes, 22 de enero de 2019
Noticia clasificada en: Vinos italianos

El apellido florentino se ha convertido en un símbolo de la identidad de esta región italiana, donde el grupo vitivinícola cuenta con la mayor parte de sus bodegas y donde empezó su historia, hace más de 600 años.

“Me encontré en la afortunada posición de no tener hermanos. Mi padre solo tenía una opción: o dejaba la compañía en manos de una mujer, o no la legaba a nadie de la familia”. Son palabras de Albiera Antinori, actual presidenta de este conglomerado vitivinícola que lleva en pie desde el siglo XIV y en el que ella es la primera mujer que ocupa ese puesto, tras más de 25 generaciones de Antinoris al mando. Ella es ahora quien controla este emporio vitivinícola en colaboración con sus hermanas, Alessia y Allegra. Albiera reconoce, en una entrevista al diario alemán Der Spiegel el pasado mes de octubre, que fue peor no contar con una titulación universitaria porque “en mis tiempos, se decía que las mujeres no necesitaban eso”. Su aprendizaje fue muy duro. Sin embargo, ahora pasea tranquilamente y saluda a los visitantes que se sientan en la espectacular terraza del restaurante Rinuccio 1180, situado en el tejado del edificio insignia del grupo, Antinori Nel Chianti Classico, un espacio perfectamente integrado en el entorno y construido con materiales que se encuentran en la comarca. Ésta es, además, la única bodega visitable del grupo Antinori, que abrió en 2012 sus puertas a los amantes del vino tras más de 600 años de historia vitivinícola.

 

[Img #15633]

 

Y eso que el resto de bodegas que integran el Antinori del presente en toda la Toscana, desde Bolgheri hasta Montepulciano o la vecina Umbria, tienen poco que envidiar a este enorme edificio de color ocre construido por Archea Associati y Hydea Engineering usando terracota, Corten (un tipo de acero con aspecto oxidado) y cristal, por el que desfilan decenas de visitantes en cada una de sus estancias.

 

La diferencia es que el resto no se pueden visitar, pero sí puede conocerse algo de su identidad a través de sus vinos.

 

[Img #15635]Latidos toscanos

 

Aunque la sede es la impresionante bodega de Chianti Classico donde se encuentran los cuarteles generales de Antinori, hay que detenerse en Tenuta Tignanello, la casa histórica de la familia y la que alberga sus viñedos más singulares, un auténtico corazón que refleja la entrega de esta estirpe a la vitivinicultura durante más de seis siglos.

 

Aquí, en este buque insignia no solo de la familia florentina, sino de Toscana en su conjunto, es donde se gestó, impulsada por Piero Antinori, actual presidente honorario del grupo, una revolución que cambió para siempre el concepto de vino italiano.

 

Este emprendedor con título nobiliario, que ahora ronda los 80 años y pilota su propio helicóptero, tuvo mucho que ver en el nacimiento de los vinos que hoy se conocen como “supertoscanos”, tintos elaborados a contracorriente de las normas del Chianti Classico que utilizaron, además de la sangiovese local, variedades como la cabernet sauvignon y cabernet franc. No solo eso, también se situaron en un nivel de precios poco frecuentado por los vinos del país de la bota y llevaron su nombre y su origen hacia un prestigio internacional que hoy se mantiene.

 

Eran casi los 70 y el primero en sonar fue Sassicaia de Tenuta San Guido en Bolgheri, al oeste de Toscana y cerca del mar Tirreno; un vino de cabernets (sauvignon y franc) en cuyo éxito también intervino la familia Antinori, introduciéndolo en sus canales de venta. Poco después nacería Tignanello, vino distinguido, mineral y complejo, bandera de esta finca y un ejemplo de la elegancia de la sangiovese, mayoritaria en su coupage, que se completa con pequeños porcentajes de cabernet sauvignon y cabernet franc. Tignanello tiene su propia bodega de elaboración dentro de esta preciosa hacienda con 137 hectáreas de viña que adquirió la familia en 1847, y que adorna un esplendoroso jardín diseñado por el propio Marqués de Antinori. También cuenta con su propio espacio para elaborarse en solitario el finísimo y elegante Solaia, fruto de otro viñedo de la misma finca y elaborado con cabernet sauvigon en un 75% en su añada 2014, junto a un 20% de sangiovese y un 5% de cabernet franc. La añada posterior de este supertoscano cuenta con la bendición absoluta de dos gurús internacionales del vino, Robert Parker y James Suckling, que lo han puntuado con el ansiado 100.

 

[Img #15636]“Tignanello y Solaia son una tarjeta de visita del vino italiano en todo el mundo”, comenta su distribuidor en Madrid, Mattia Pierantoni, quien no niega que ahora hay muchos vinos italianos de prestigio, pero que estas dos etiquetas han marcado un estatus de altura. El italiano afirma que “Tignanello es posiblemente el vino italiano más importante del mundo”, cuya distribución persiguió desde que comenzó a trabajar cen el sector. Atribuye su éxito en el mundo a los Antinori y a Enoteca Pinchiorri, tres estrellas Michelin florentino y un hito de la hostelería local donde se apostó por los nuevos toscanos desde el principio, aun habiendo renunciado a las etiquetas de sus respectivas denominaciones de origen y comercializándose como “vini de tavola”, vinos de mesa. De las tres etiquetas que se elaboran aquí, la única que no renuncia al nombre de Chianti Classico es Marchese Antinori, elaborado con mayoría de sangiovese y un toque de cabernet franc.

 

Castello en blanco

 

En el sureste de Toscana pero a muy poca distancia de sus límites, hacia el interior de Italia, se encuentra Castello della Sala, otra de las propiedades de Antinori que cualquier amante del vino querría conocer, por sus viñedos y su castillo medieval con una torre del siglo XV, aunque, de nuevo, no admite visitas.

 

En estos terrenos, pertenecientes a la región de Umbria, se elaboraba vino ya en tiempos de los etruscos, que aprovechaban un suelo de carácter volcánico que aún permanece y donde el enólogo Renzo Cotarella, hoy director del grupo Antinori, vio un enorme potencial para crear blancos de guarda a finales de los 70. Pocos años más tarde nació Cervaro della Sala, hecho con chardonnay y la local grechetto, que junto a la procanico, conforman la espina dorsal de los vinos de Orvieto, nombre de la cercana ciudad que bautiza la región donde se ubica esta bodega con 140 hectáreas de viñedo.

 

Además de la gama de blancos con y sin barrica se elabora un único tinto, Pinot Nero, a base de pinot noir, una rareza de notas especiadas y frutas silvestres que es afilado y crujiente en el trago, y el Muffato della Sala, elaborado a partir de las variedades sauvignon blanc, grechetto, sémillon, traminer y riesling que han desarrollado botrytis, por lo que requiere varias pasadas al viñedo durante la cosecha.

 

[Img #15634]Cerca del mar

 

En Bolgheri, al suroeste de Florencia, se encuentra Guado al Tasso, otra de las once bodegas toscanas de la familia, heredada por la madre de Piero Antinori, Carlotta Della Gherardesca y su hermana Clarice, quien fue esposa de Mario Incisa della Rochetta y propietarios ambos de Tenuta San Guido, sede de Sassicaia.

 

Aquí el mar es quien matiza un clima suave de temperaturas sin extremos, que dan lugar a vinos singulares como Cont’Ugo (Bolgheri DOC), único vino de la propiedad para el que se designan previamente las parcelas de merlot que lo compondrán, un tinto mineral y de marcada elegancia, fresco y sedoso. Contrasta con la opulencia del Guado al Tasso (Bolgheri Superiore), elaborado con cabernets sauvignon y franc y merlot, aunque según la añada lleva algo de petit verdot.

 

Fuera de Toscana, la familia posee en Italia otras dos bodegas; Prunotto en la zona norte, en Barolo, y Tormaresca en Salento, y siete más en otros países, pero el grueso de sus propiedades, la maestría para crear una gama de vinos para entendidos y amateurs, tiene siempre un punto de partida: Toscana, donde se encuentra su casa, su historia y, en definitiva, su identidad.

 


 

Rincón italiano

 

Aunque no es fácil encontrar vinos italianos por copas en Madrid, el distribuidor y vinatero Mattia Pierantoni puso en marcha hace poco más de un año junto a sus socios el bar de vinos-bistró Propaganda12 (Calle Libertad 12, Madrid), un espacio donde se pueden degustar decenas de vinos italianos por botellas y una selección cambiante por copas, y donde, si se tiene suerte y esa semana está en la pizarra, se pueden probar algunas joyas de Antinori como Tignanello, Cont’Ugo o Solaia, además de otros vinos italianos y champagnes.

 

 

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