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Origen

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Marcus Quigmire (CC)
Miércoles, 13 de febrero de 2019
Noticia clasificada en: Cultura del vino

El vino es la bebida alcohólica más compleja que existe (creo que gana en complejidad también a las no alcohólicas, pero como ese sector líquido me interesa cero, no lo tengo muy controlado y lo mismo no tengo razón).

Al nivel de la complejidad del vino, a partir de cierto segmento, solo se acercan algunos whiskies, algunos rones, algunos tequilas, algún cognac y muy pocos sakes. Por hablar así, en términos mainstream. Ya sé que conocéis, lectores todos, destilados de ultra culto en plan Chartreuse, u orujos de Liébana bien tremendos; pero tampoco se estilan tanto, desgraciadamente, como para montarles una categoría. Hay más pelis de chicos que van a un bosque y se encuentran con una secta que los tortura y mata que licores de grandísima calidad.

 

No, tampoco las cerves están, en general, en el top. Ni hablamos del, como dicen los bartenders, gin (un bartender con tatuajes siempre os dirá que la Ginebra es la capital de Suiza, o la esposa adúltera de Arturo, pero al destilado se le llama Gin, no sé por qué razón) ni del vodka, que son dos destilados de lo más estúpido si se toman aparte de la coctelería o, como dicen los bartenders, de la Mixology.

 

Seguimos precisando: cuando hablamos de complejidad, no solo nos referimos a lo organoléptico, sino también a su contexto sociocultural. Y en eso no hay nada comparable al vino. Nada. Os pongáis como os pongáis.

 

Pero bueno, al tema: ¿Qué ocurre cuando una temática requiere tiempo y dedicación en plena Sociedad del Espectáculo? Que aparecen los atajos vestidos de contenidos de entretenimiento más o menos afortunados. Colectivo Decantado es eso, pero no vengo a hablar de mi sociedad secreta, si no de la cultura del “para tontos”, “for dummies” en inglés.

 

Hay Feng Shui para Dummies (bestseller), Negociación para Dummies (Donald Trump), Cerveza para Dummies (esto nos parece redundante), Astrología para Dummies (¡Jajajajaja!), Autoestima para Dummies (ojo al pozo personal en el que tiene que estar el lector de ese libro), Ópera para Dummies (fácil: música, canciones, y al final mueren todas las chicas) y, por supuesto, Vino para Dummies. Hay otras derivas como “Parecer experto (una bonita palabra) en una semana” o la ya más ambiciosa “Hacerse (no simularlo, ojo) experto en X tiempo”. Pero todas acaban siendo lo mismo, o teniendo el mismo espíritu: apoderarse de disciplinas cuyo dominio lleva mucho tiempo, sintetizando lo más importante a través de la radical generalización de conceptos para que un neófito pueda, más o menos, tener una iniciación sobre el tema por el que se ha interesado.

 

Atención, que esta praxis no solo existe en el ámbito del ocio; acordaos de cómo al expresidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, le dijeron que toda la economía que él tenía que saber le llevaría dos tardes.

 

El tiempo es un recurso limitado, como el dinero, y de inicio hay gente que no quiere invertir mucho rato en una afición que no sabe si le va a gustar y que provoca tantos recelos como el vino. Y eso que el vino, si de verdad eres un iniciado, un realwinelover, te genera un éxito social potente, algo que no ocurre con el ajedrez, la percusión, la jardinería o el catalán. Por tanto este tipo de publicaciones, dentro de lo que cabe, tienen cierto tirón.

 

La última que ha llegado, así relevante, cumpliendo el canon, es Cómo hacerse experto en vinos en 24 horas” cuya autora es la winestar Jancis Robinson, de la que vamos a ir citando la nota de prensa que enviaron al respecto, en la que se explica que “este libro sintetiza” los más de 40 años que lleva esta mujer estudiando y dándole a la copa. Un total de 40 años en solo 24 horas es una gran oferta, McFly. También se dice que Mrs. Robinson te ayuda a diferenciar un vino tinto de uno blanco (BUM!), “valorar la forma de la botella” (esto no sabemos muy bien qué quiere decir exactamente) y hasta poder leer “consejos para calibrar correctamente la relación calidad-precio de un caldo. Se incluye también una referencia a los países en los que el libro ya ha sido publicado, generando hype: además de los típicos (Reino Unido, Francia o EEUU) se unen, por ejemplo, Polonia, Rumania, República Checa, Taiwán (o sea China), China (lo de Taiwán no les va a gustar), o Brasil, entre otros. Para que veáis que el wineloverismo es worldwide.

 

Habrá que leerse el libro a pesar de la nota de prensa.

 

Que conste que estoy a favor de estas iniciativas si comunican, además de con el coloquialismo que se les presupone, con rigor y bien, no cayendo en tópicos o necedades como que el “vino blanco es para beber en el año” que “los vinos baratos son tan buenos como los caros” que “los vinos naturales no dan resaca” o idiocias similares.  Si vehiculizan wineloverismo y enseñan a beber Juras, valorar el atlanticismo, alejarte de los puntitos, instan a beber vinos viejos, hablan de socairismo, vulcanismo, ponen en valor dejarse la pasta en una botella y demás gestos winelover, pues bienvenidas sean. Pero simplificar para tontos, no, que luego ven, en cuanto contactan con un iniciado, que hacen el ridículo y, de pura vergüenza, se pasan a las cerves. Que ahí sí que todo vale.

 

 

 

 

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