Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Enviar por email

COCINAR CON CARIÑO

Autor: Sir Cámara
Viernes, 15 de febrero de 2019

Desde que en los estudios de televisión, además de lámparas de tungsteno, hay fogones, cocinas de gas, vitrocerámicas y de inducción, el espectáculo está servido y la gastronomía vulgarizada. Y la palabra, la devaluada palabra de nuestro amado idioma, se repite como las morcillas mal condimentadas: “Cocinado con amor, con cariño, con ternura”, repiten en cualquier contexto; no sin intercalar cada cuatro palabras lo de “¿vale?”, “¿vale?”… Si tuviéramos que definir la historia culinaria de la España de los comienzos del siglo XXI, entre el hambre y la sofisticación, diríamos que son los tiempos del amor platónico emplatado y coronado con flores en las cumbres y brotes o germinados en las laderas de esos trabajos de modelismo a escala irreal.

 

Y mientras esto ocurre con naturalidad, se sigue mintiendo en las recetas y se filosofa con premeditada impostación cuando se responde a la pregunta ¿cómo has hecho esto? Con mucho cariño, con amor, con mucho mimo. Y gesticulando, sin soltar palabra, cierras la puerta y te vas a la tienda de abajo a comprar atrezzo que procure confort a “nuestros” productos. Porque ahora la posesión se ha afincado en estos escenarios: nuestra crema, nuestro crujiente, nuestras cebollas… ¿Lo han notado?

 

Pues eso, que voy a ver si compro una mantita térmica para que las cebollas rojas estén  más cómodas en el cajón de las hortalizas de la nevera y, a la vuelta, me pasaré a recoger unas tiras de beicon, que dejé a primera hora en una piscina de guisantes para que estén relajaditas antes de saltearlas. Hay que tratar los productos con mimo para que su momento de gloria en la cocina sea extensivo hasta el mantel en el que, mientras comemos, hablamos de cosas de comer. Que ya no es como antes, que tratábamos las piernas de cordero y las chuletillas como si fueran las de santa Juana de Arco: ahí, a lo bestia en el fuego… Que atrocidad… Ahora no, ahora se hace el cochinillo y el lechazo a baja temperatura, lentamente, con mucho amor, para evitar aplicar a las carnes la pomada Furacín, que va muy bien para las quemaduras.

 

Y luego viene lo mejor: los aplausos. Me mola cuando alguien aplaude como si estuviera haciendo arepas, ¡plas, plas, plas…! Así, con parsimonia, como aplaude Risto Mejide cuando de verdad le gusta algo. Eso, ese protocolo es el que justifica nuestra entrega y los desvelos ante la gastronomía actual, aunque, he de decirlo, casi que me emociona más quien es capaz de tratar a las personas con dignidad, mesura y afecto y a los productos alimenticios y a nuestras tradiciones culinarias con normalidad donde menos te lo esperas. Pongo por caso sobre el mapa a un señor cubano que en un bar de Algete, bar Raúl, hace unos arroces increíbles. Eso es cocinar con criterios y sin amorcito y demás bobadas.

 

Pues eso

 

Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress