Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Enviar por email
Escapada

Normandía, recorriendo la amable costa nordeste de Francia

Autor: Teresa Álvarez. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Viernes, 8 de marzo de 2019
Noticia clasificada en: Escapadas gastronómicas

Manzanos plenos de fruta y frondosos bosques. Un bravo mar asoma tras los acantilados. Casas con entramado, puertos coloridos, gótico e historia. Un recorrido por la tierra del Calvados para conocer una Francia cercana y deliciosa.

Si te inunda un intenso aroma a manzana es que has llegado a Normandía. La bien llamada despensa de Francia, con su intenso verdor, sus casas entramadas, sus agrestes acantilados y sus infinitas playas es, sin lugar a dudas, uno de los paraísos cercanos más sugerentes y atractivos. Para unas largas vacaciones o para una escapada, su cercanía a París lo hace accesible, cómodo y económico. Esta facilidad podría propiciar un mayor turismo, pero, curiosamente, se conserva en una recatada intimidad que la hace todavía más encantadora.

 

Idílico destino

 

Dicen las malas lenguas que en Normandía llueve mucho. La espesa fronda da fe de ello, pero hoy luce un sol espléndido y los colores son intensos y brillantes. Las vacas saludan a los turistas –no demasiados–, que recorren los hermosos parajes con un ¡guau! constante en la boca. Normandía es una de las tierras más bellas de Europa. Podríamos afirmar que aúna todos los requisitos (quizás excepto el tiempo, si la suerte no acompaña) para convertirse en un destino perfecto: belleza paisajística, limpias y grandes playas de arena, verticales costas agrestes, arquitectura tradicional, cultura popular, recuerdos históricos relevantes y una gastronomía de producto magnífica. Nuestra ruta normanda comienza en la costa de Alabastro, en los acantilados de Étretat, símbolo de la escarpada orilla norte. Una franja litoral de más de 130 kilómetros con una sucesión de playas doradas y verticales abismos hacia el mar. La vista desde la altura, en los jardines de la capilla de Notre-Dame de la Garde, permite observarlo en toda su intensidad y bravura. Así los plasmó Monet en Falaises d'Etretat, en 1886. Abajo, desde el paseo marítimo colmado de grandes casonas burguesas, el sonido hipnótico de las piedras arrastradas por las olas embarga. A escasos kilómetros y tras pasar el estuario del río Sena a través de los más de dos kilómetros de su famoso puente de hormigón y acero, encontramos el viejo muelle de St. Catherine, en pleno casco antiguo de Honfleur, un próspero puerto pesquero que opera desde el siglo X y que mantiene intacta su belleza medieval. No en vano es fuente de inspiración de numerosos artistas desde el siglo XIX y cuna de la Escuela pre-impresionista de Honfleur en la que participaba Monet, Courbet o Boudin. Sus casas apiñadas con su colorido alegre bordeando el puerto, y sus cafés y restaurantes que salpican todas sus calles crean una atmósfera mágica que no solo está presente en el puerto, sino que se traslada a toda la ciudad con su imponente iglesia de Santa Catalina, totalmente de madera (la más grande de toda Francia) que data de 1879 y que posee un atípico campanario exento. Tiendas de vinos, pastelerías, galerías de arte… Honfleur es ese pueblo pintoresco que nunca se olvida.

 

Siguiendo la costa y buscando una buena referencia culinaria acudimos a Trouville-sur-Mer, una población marinera situada en la llamada Costa Florida, muy cerca de las playas del Desembarco. Aunque conservan su pasado pesquero y ofrecen un divertido mercado dedicado a ello (muy recomendable tomar unas ostras y una bandeja de mariscos en cualquiera de sus puestos callejeros), este rincón de clima suave, eterno arenal y hermosas villas se convirtió por derecho propio en destino vacacional de la alta sociedad parisina. Sus callejuelas estrellas y empedradas conducen irremediablemente hacia el Paseo de la Tablas, siempre animado con restaurantes y cafés donde probar productos locales, ostras, vieiras, mariscos y pescados (caballa y sardinas) de la costa.

 

Interior potente

 

El viaje nos lleva hasta su capital, Rouen. Una ciudad con mayúsculas por su belleza, aunque pequeña y discreta de población, con poco más de cien mil habitantes. Recorrida por un suave y navegable Sena en su tramo final antes del mar, su historia está marcada por el juicio y muerte de Juana de Arco, personaje al que dedican un magnífico museo interactivo. Desde que pisas sus callejuelas, Rouen te enamora por los perfiles afilados de sus “cien campanarios” (serán uno más o uno menos), una silueta que se completa con la impresionante catedral de Notre-Dame, de estilo gótico. Imposible no perder el tiempo en contemplar esa fachada inmortalizada por Monet en sus múltiples estaciones, luces y sensaciones. A cinco minutos, compite en majestuosidad la Abadía Saint-Ouen, del gótico flamígero. Cada calle, cada rincón enamora con sus pintorescas casas de entramado de madera. Cafés, buenos restaurantes con el mar como principal proveedor, un mercado vivaz y alegre, y el carácter amable de los vecinos hace de esta ciudad de nombre impronunciable un lugar donde perderse.

 

Por último, de camino a París, como si de un pueblo encantado se tratase, aparece ante nuestros ojos envuelven un bosque de hayas Lyons-la-Fôret. Entorno inspirador de libros como Madame Bovary, la comarca que acoge este pintoresco lugar es un verdadero remanso de paz: prados, flores y silencio. Antiguo lugar de residencia de los duques de Normandía, su belleza le convierte en uno de los pueblos más encantadores de Francia. Su pintoresca plaza central, con magníficas fachadas perfectamente conservadas y un mercado de madera abierto e intacto del siglo XVIII te transporta a otros tiempos, otros ritmos. La fuente eterna fluye a lo lejos. Todo invita al paseo, a la reflexión. Rosas, madera, ladrillo. Muy cerca nos espera el hotel La Licorne, con sus jardines, su spa y su delicioso restaurante gourmet. Lejos queda la bravura de Etretat. Normandía interior se muestra rural, sutil y deliciosa y deja un recuerdo imborrable para aquéllos que desean conquistarla.

 


 

El queso normando

 

Entre los diferentes quesos que se producen en Normandía es quizás el camembert el más popular, pero además existen otros tres con denominación de origen controlada: livarot, con su característico color naranja y el junco natural con que se encinta; pont-l'évêque, de potente aroma, inconfundible forma cuadrada y un rayado peculiar en su corteza;  y neufchâtel, perfecto para celebrar San Valentín por su forma de corazón. Cuentan que se los obsequiaban las jóvenes normandas a los soldados ingleses durante la Guerra de los Cien Años.

 


 

 

 

Agenda

 

Comer bien

 

Gill Restaurant: espectacular restaurante situado a la ribera del Sena. Galardonado con dos estrellas Michelin que mantiene desde hace 25 años, su chef, Gilles Tournadre, trabaja con los tres pilares de la cocina normanda: la vieira, el calvados y el pato. Con un servicio clásico y una elegante sala bien dirigida por su mujer, este lugar es un templo del sabor con excelente tabla de quesos regionales y postres inolvidables.

 

Mercado de pescado de Trouville sur Mer: puedes degustar buenos mariscos y ostras en cualquiera de sus puestos.

 

La Licorne Royale: restaurante gastronómico con una estrella Michelin en el encantador hotel La Licorne. Cocina local con toques elegantes liderada por Christophe Poirier. Buena bodega.

 

 

Dónde dormir

 

Hôtel Mercure Rouen Centre Cathédrale: magnífica situación para recorrer Rouen andando. Un hotel moderno y práctico.

 

Hôtel Les 2 Villas: pequeño y coqueto hotel boutique con pocas habitaciones, diseño atrevido y sensación de estar en tu propia casa.

 

La Licorne: impresionante hotel de arquitectura tradicional normanda con jardines, spa y un restaurante gourmet de primer orden.

 

 

Queso y calvados

 

Una visita muy completa con degustación en la quesería Graindorge.

 

Magnífica exposición didáctica sobre la elaboración del Calvados en Calvados Expérience. Route de Trouville. Pont-l'Évêque. Muy recomendable.

 

Château Le Breuil. Impresionante destilería de Calvados con posibilidad de visitas y catas guiadas. Lo mejor, sus campos de manzanos. Si es posible, la visita en otoño coincide con la recogida de la manzana y la elaboración de la sidra.

 

 

Cómo llegar

 

Hay múltiples vuelos a París, desde donde poder alquilar un coche. El aeropuerto de Beauvais, en el que opera Ryanair, es el más cercano.

 

 

Más información en Turismo de Normandía

 

 

 

 


 

Enlaces automáticos por temática
Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress