Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Enviar por email
Hasta la cocina

Publicidad y propaganda

Autor: José Manuel Vilabella. Ilustración: Máximo Ribas
Domingo, 24 de marzo de 2019

El mundillo televisivo se está poniendo imposible. Y no me refiero a la duración de la publicidad. No. Me refiero al aumento de la propaganda.

La publicidad, los consejos publicitarios, son lícitos y artísticos. En ocasiones y cuando empieza la publicidad mis nietos me avisan: “¡Abuelito, abuelito, ya empezaron los anuncios!”. Me levanto, cojo las muletas y echo a correr para ver las maravillosas cosas que se pueden decir en un spot de 45 segundos. Qué ingenio, qué talento demuestran los directores. Como amante del cine saboreo la publicidad, la saboreo con delectación; si fuese un cursi diría que la amo. Cuando se terminan los anuncios regreso a mi estudio y al trabajo. En cambio odio de forma visceral la propaganda. Joseph Goebbels, el ministro nazi de propaganda, era un ser terrible que inventó y sugirió eslóganes que encandilaron a un pueblo inteligente y les convenció para que hiciesen cosas y abrazasen ideales que hoy les parecen, a los propios alemanes, inconcebibles y vergonzosos. La publicidad no engaña; la propaganda sí. Diré más, la propaganda corrompe. Al lado de este artículo se encontrará el lector de Sobremesa una página de publicidad honesta, que informa a la ciudadanía de las bondades de un producto. En cambio si la competente señorita del tiempo interrumpe sus predicciones para animarnos a que abracemos un método de salud dental, está utilizando la propaganda y pierde credibilidad en sus predicciones aunque lo que diga sea verdad. Yo, después de oírla, ya no me fío de esa tontería de que habrá lluvias en el Cantábrico y canícula en Extremadura. Si en los medios con más influencia los presentadores políticos hacen propaganda de ollas inoxidables el noble pueblo español, que es escéptico por naturaleza, se convierte en un descreído, en un anarquista peligroso. Hay que ser formal, coño. Si yo trufase mis artículos con mensajes propagandísticos y dijese: “Para rilarse como un bendito, compre purgante El Señorito” o “Soy feliz porque me viste Ortiz”, acaso no faltaría a la verdad, pero ustedes podrían pensar que el señor Vilabella puede ser divertido en sus eslóganes pero ha dejado de ser serio, ya que el humor, como dijo don Wenceslao, es solo la sonrisa de una desilusión. El humor es enemigo de lo triste pero no de lo riguroso, de lo serio. La publicidad hay que deslindarla de la propaganda. Y al humor inglés o al gallego hay que podarle carcajadas y dejarlo que solo insinúe, como máximo, el ridículo, algo tristón, de una paradoja.

 

La primera comunicadora que confundió el lenguaje fue el controvertido personaje doña Encarna, Encarna de Noche, la de las empanadillas. Aquella señora, que en gloria esté, mandaba en las ondas y lo mismo lanzaba zurriagazos que recomendaba un champú con voz insinuante. Durante muchos años los presentadores televisivos no desdibujaron su figura con la propaganda, pero ahora, y en tropel, han perdido la dignidad y se dejan llevar por la avaricia. Los que forman parte del circo televisivo son unos afortunados, están bien pagados; ninguno, que se sepa, tiene que revolver en los cubos de basura para poder comer. Y si son más cigarras que hormigas les digo lo que antes se decía a los barberos, que a la vejez os espero. La publicidad es lícita incluso para los políticos en campaña electoral, pero la propaganda les descalifica. Imagínense a Sánchez, a Pablo Iglesias o a Pablo Casado diciendo: “Para tener limpias las manos y los pinreles, use jabón La Cibeles”.

 

 

Enlaces automáticos por temática
Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress