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Con base científica

Vino y salud: encontrando el punto donde está la virtud

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Francesc Roig
Miércoles, 3 de abril de 2019

Equilibrio, mesura, responsabilidad... estos vocablos siempre salen a colación cuando se trata de hablar de los (concretos y presuntos) beneficios del vino para nuestro organismo en los estudios que se llevan a cabo sobre la materia.

Ya lo formuló Aristóteles hace 23 siglos. La virtud reside en el punto medio. El mentor de Alejandro Magno, en esas exquisitas tabarras que endilgaba a Nicómaco, alertaba: presa de sus pasiones, de la voracidad del deseo, el ser humano sucumbe a un ansia incontenible, zarandeado por su propio hedonismo y zambullido en la tentación que atrae desde los extremos (¿o eran los excesos?). Aristóteles, por tanto, se despacharía en el ágora sus dos copas de vino diarias (ojo, almuerzo y cena monacales), epítome de consumo responsable e higiénica mesura por el bien y el equilibrio de los humores que corren por nuestras entretelas. Sin embargo, y a día de hoy, cuando entran en liza vino y salud la ecuación suele ser imprecisa, repleta de medias verdades, mitos e intereses creados. El debate sigue vivo, girando en torbellino y aireándose en copa de cristal. Desde que doblamos la esquina del milenio se han publicado un sinfín de estudios para evaluar los efectos, positivos o negativos, del consumo moderado de alcohol sobre la salud. En primer lugar, casi todos se han enfocado a los (presuntos) perjuicios o beneficios en el plano cardiovascular. En este sentido, resultó esclarecedora la reciente jornada que organizó la bodega Marqués de Murrieta en las entrañas del hotel Santo Mauro (Madrid). La titularon “Jornadas a tu Salud” y los ponentes acudieron bajo el principio de divulgar los parabienes de tan telúrica bebida desde los planos médico, nutricional, cosmético y dermatológico, y si me apuran, de rendimiento deportivo. Lleno total. Para este descorche, un plantel de sumilleres de la salud...

 

Vivificante

 

Imbricando los dos elixires, el de la vida –la sangre, acuñado en la literatura y las artes– y el líquido que vivifica los organismos –vino sobrenatural y divino– , el hematólogo José Luis Díez Martín, jefe de área del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón quiso puntualizar algunas cuestiones candentes. “Según las gráficas, parece obvio que el aumento del consumo de alcohol aumenta la incidencia del cáncer. Esto no podemos ocultarlo. Ahora bien, si nos fijamos hay un punto en el que la gráfica refleja una especie de jota, una curva. Cuando hay consumo moderado, de 40 a 80 gramos al día, se percibe como una bajada de la incidencia de tumores hematológicos, los linfomas. Faltan más estudios detallados, aleatorizados. Hay que ser cautelosos”.

 

[Img #15970]Por tanto, los resultados, lejos de sepultar dudas y debates, han sido tan esperanzadores como contradictorios, por lo que aún no se certifica con rotundidad si tomar uno o dos vasos de vino para acompañar almuerzos y cenáculos es beneficioso para nuestro corazón y arterias, cuyo deterioro causa 120.000 muertes al año en España. Hay quien aboga por esa dosis benefactora. “Esta bebida hidroalcohólica, o sea, agua y etanol, tiene polifenoles. En ellos radicaría por qué el vino podría ser bueno para la salud cardiovascular. Tienen todas las propiedades contrarias a lo que ha generado la placa ateroesclerótica que se adhiere a nuestras venas. Son antiinflamatorios y son antioxidantes, lo que quiere decir que neutralizan los radicales libres del oxígenos, los barren. Además son inhibidores de las plaquetas, producen una enzima que produce óxido nítrico, un vasodilatador, o sea que tendría propiedades antihipertensivas”. Son aseveraciones del cardiólogo Carlos Macaya, que aparte de haber operado a la Madre Teresa de Calcuta en 1993, es jefe de la Unidad de Cirugía del Servicio de Cardiología del Hospital La Milagrosa, dentro de un currículo apabullante. “Hay que combatir la obesidad, que es la pandemia de nuestros días. Hay abundante estudio, incluso aleatorizado, entre abstemios y bebedores habituales. El etanol tendría un beneficio menor que los polifenoles. Nosotros somos cautos. Cada individuo es diferente. Hay que contextualizar, hay que individualizar, pormenorizar las tolerancias... Hay evidencias científicas de los beneficios del consumo moderado de vino para la salud: podrá usted tomar una copa al mediodía y otra por la noche, pero no exceda los 400 mililitros al día. Yo no voy a recomendar el consumo de alcohol, pero no hay motivos para quitar el vino mesurado de la dieta de un enfermo de corazón”, apostilla Macaya.

 

Aporte ambiguo

 

Los accidentes isquémicos son precipitados por la acción de las plaquetas y la coagulación. El consumo moderado de vino tiene una cierta acción, con mucha investigación al respecto, sobre sus efectos y disminuye la agregación plaquetaria, la inhibe, aumentando los factores anticoagulantes y disminuyendo los procoagulantes del plasma. Ojo, estos efectos se pueden ver contrarrestados con efectos sobre el hígado o la sintetización de nutrientes. Además, el vino contiene 0,5 miligramos por 100 mililitros, y nos puede proporcionar la cantidad de hierro que necesitamos cada jornada. Los glóbulos rojos transportan la proteína responsable de llevar el oxígeno a todo el organismo. El mineral resulta crucial en el metabolismo de la hemoglobina. “Ese aporte de hierro no tiene que confundirse con que se pueda tratar la anemia, ni mucho menos”, alerta Díez Martín.

 

No solo nuestro motor y el sistema circulatorio está implicado en estas discusiones. Hay quien airea informes en los que se refleja que el consumo leve-moderado de alcohol disminuye la inflamación y las toxinas que se encuentran en el cerebro, incluidas las asociadas al alzhéimer. Un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Rochester (EEUU), capitaneado por Maiken Nedergaard, directora de esta investigación publicada en la revista Scientific Reports, concluye que “la ingesta prolongada de cantidades excesivas de etanol tiene efectos adversos sobre el sistema nervioso central. Sin embargo, se observa por primera vez que el alcohol en dosis bajas es potencialmente beneficioso para la salud cerebral al mejorar la capacidad de nuestro cerebro para desprenderse de la basura”, o sea, los desechos que se encuentra a su paso, incluidas la proteína tau y la proteína beta-amiloide asociadas con la enfermedad de alzhéimer y con otras formas de demencia. Habrá que recordarlo...

 

Los efectos del vino siguen siendo objeto de estudio a muchos niveles. Incluso hipodérmicos. Laura Muga se ha criado entre viñas y viticultores. De estirpe bodeguera, nacida en Villalba de Rioja, es la creadora de la primera línea de cosméticos 100% ecológica a partir de uva basándose en los efectos antioxidantes del resveratrol, un activador del llamado gen de la longevidad. “Todo nació de mi deseo de cuidarme de un modo natural. Tras 10 años de trabajo en una bodega de Rioja, me interesé por la uva desde el punto de vista cosmético. Y así creé la línea Uvas Frescas. Si hay un actor capital en la vid, en términos cosméticos, ese es el resveratrol, un polifenol que le ayuda a luchar contra bacterias, hongos y radicales libres. Está en la pepita y en el hollejo. También el aceite de pepita de uva nos ayuda a ralentizar la oxidación. Se necesitan 50 kilos para un litro de aceite, que se extrae en presión en frío, en prensas”, explica Muga. 

 

Regando la pirámide

 

Alfredo Gea no para de sacar a colación nuestra fantástica pirámide nutricional, tan mediterránea. Este experto sabe lo que come y de lo que habla: trabaja en el departamento de Salud Pública y Medicina Preventiva en la Universidad de Navarra, realizó el postdoctorado en la Universidad de Harvard (Boston, EEUU) y es especialista en alimentación y obesidad, además de impulsor de Predimed (estudio sobre nutrición y estilo de vida con base en una dieta mediterránea hipocalórica, para la prevención de enfermedades cardiovasculares). Su interés se focaliza en saber qué papel tiene el alcohol o el vino en dicha dieta. “De antemano, hay posibles prejuicios en su uso. Pero hay cierto rango de consumo en el que se encuentra un beneficio. Y en este contexto es donde nos hemos preguntado: ¿Cómo beber? Una investigadora griega, ya en 2009, quiso demostrar que esta dieta reducía la mortalidad en una muestra poblacional, e intentó destripar ese resultado para ver qué componente contribuía más a ese resultado. Lo que hizo fue aislar de esa puntuación un componente, para ver sus efectos, y comprobar así cómo cambiaba todo. En la última línea aparecía una factor interesante: dieta menos etanol, y se refleja un 23,5%, un gran cambio. ¿Pero cuál era nuestro objetivo? Nos propusimos crear una escala: nueve sería consumo moderado de vino tinto, sin excesos, distribuido a lo largo de la semana y cero representaría todo lo contrario... ¿Cuáles fueron resultados? El riesgo de mortalidad se multiplicaba por tres para los que no beben de modo, digamos, mediterráneo. Y según se acercaba el consumo a nuestros hábitos de vida saludable, disminuye”, detalla Gea.

 

“El vino es cultura, es arte y es salud. Existe una doble obsesión: la de la calidad y la de cuidar a nuestros clientes, transmitir los beneficios del mundo del vino a la salud. Nos sentimos obligados desde nuestra Fundación a ser los primeros en transmitir las bonanzas, los beneficios de este alimento, no de este producto ligado al alcohol. Tenemos una misión: rodearnos de magníficos profesionales que a través de sus experiencia nos den a conocer resultados de sus estudios, sus vivencias, sus opiniones”, comenta Vicente D. Cebrián-Sagarriga, de Bodegas Marqués de Murrieta. Entonces, ¿to drink or not to drink?, que se preguntaba en 2003 la prestigiosa revista New England Journal of Medicine. La Organización Mundial de la Salud, de manera muy ecléctica, ha concluido que el beneficio del alcohol, se asociaría a un uso moderado (y en la mujer en mucha menor cantidad que en el hombre). El riesgo de su abuso –y en ocasiones de su adicción– disuade y desaconseja su recomendación por razones de salud, si embargo, no halla razones imperativas para recomendar no consumir alcohol a los individuos que lo hacen en cantidades moderadas. Así que la virtud sigue caminando sobre el funámbulo del punto medio. Brindemos por ello. A nuestra salud.

 


 

 

 

El vino maridado con la ciencia

 

En opinión de la doctora Mª Victoria Moreno, investigadora Científica del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL) y coordinadora científica en la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV), "el vino siempre ha contado con la mejor ciencia de cada momento, lo que ha sido fundamental para descubrir cómo sus componentes mejoran la salud humana”. Son incontables los estudios –más o menos sesudos, más o menos fiables– que circulan por Internet propagando las bondades del vino: reducir el riesgo de demencia, proteger el corazón, ser escudo contra el cáncer de próstata y las quemaduras solares, retrasar el envejecimiento... Ojo, algunos estudios necesitan decantación.

 

 

 

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