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ELECCIONES A LA CARTA

Autor: Sir Cámara
Viernes, 5 de abril de 2019

Supongo que ya sabrán ustedes que tomamos una burrada de decisiones por minuto en el ámbito social, laboral, familiar y bobo. Es todo una constante pesadilla electoral: elegir a los que nos dan sin pedir permiso, a los que nos quitan sin pedir disculpas, a los que hablan por hacer ruido, a los que ya no hablan y te enseñan una foto en el móvil para decirte lo que quieren…

 

Un viejo sueño, ese de elegir libremente, que ahora nos satura por la saturación y los escasos resultados saludables. Elegir no es barato y se paga siempre. Si, por ejemplo, ante la carta de un restaurante nos mostramos indecisos, corremos el riesgo de pagarlo muy caro; salvo que tengamos reflejos y sepamos levantarnos en el exacto momento en el que la comunicación no es tal cosa.

 

Igual que ocurre en los soportes tradicionales del márquetin político, eso que llaman a los argumentos electorales que deberían ayudarnos a elegir lo que nos puede caer bien o mal, nos colocan ante los ojos la carta del establecimiento hostelero. Junto a nosotros suele haber un individuo que, con un muy actualizado léxico, nos deja claro su sentido de la propiedad:

 

-Nuestros entrantes, nuestros entrantes fríos y calientes, nuestros platos, nuestras especialidades, nuestros postres y nuestros vinos.

 

Cuando esta actitud no te deja indiferente, sientes ganas de abrir la boca; pero, más que para comer para gritarle ¡¡¡cállese…!!! Pero ya es tarde. Ya se le ha activado el modo cordialito:

 

-Le recomiendo… No te recomienda, te va a contar, eso que algunos llaman menú degustación, y que no es otra cosa que todo lo que sabe hacer el cocinero. Perdón, el chef en léxico actualizado. Aunque a continuación se exprese en unos términos que ni son nuevos, ni son claros ni mucho menos se corresponden con la realidad que pretende expresar.

 

Una de las expresiones más frecuentes, hay más, es la que hace referencia al tránsito de los alimentos desde la boca al aparato digestivo: pasa muy bien. Una imbecilidad que a algunos les decían de pequeños para que no masticaran tanto lo que no les gustaba por textura, sabor o por todo, para que no les hiciera lo que llamábamos los chavales hacer bola.

 

Otra expresión de curso legal es la que asegura que algo comestible es muy suave. Ante esta expresión, que la veía venir, contesté que para suave el terciopelo y el culo de mi nene.

 

-Perdón… Respondió el presunto experto desconcertado, supongo que por la estridencia repentina del culo, aunque estuviera referido a culito.

 

Poco después surgieron argumentos para asegurar que algo no era fuerte. Como ya estaba más recalentado que los aperitivos a las cuatro de la tarde, le dije que para fuerte, el Fort Apache. Y si no que pregunten a los verdaderos inquilinos de aquellas tierras. Insistió en que no era fuerte el vinagre, a lo que tuve que argumentar que un escabechado se hace con ese transformado vínico y nunca con almibar… Una sonrisa boba zanjó la situación mientras, con una precisión exquisita, me levanté de la silla. Ante este gesto preguntó si no iba a comer. Respondí que allí no porque, lo que más me molesta es hablar con la boca llena. Y como insiste… Pues eso.

 

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