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Irreversible

La resistencia

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Andrea Contratto (CC)
Miércoles, 10 de abril de 2019

Hasta hace poco no pensaba tan así, pero he concluido que escribir sobre vino es algo heroico en este país.

Me explico: yo vengo aquí a dar mi opinión sobre cosas; mientras tanto, intento entreteneros y, en la medida de lo posible, daros algún tipo de valor añadido.

 

Por si alguien no lo sabe, también escribo en mis redes sociales como Colectivo Decantado y en otras publicaciones donde, por no repetirme, no doy tanto mi parecer, sino que comento vinos, hago rankings… cosas así.

 

En todos esos espacios me puedo permitir ser agresivo, ir un poco al límite, incluso, dentro de un contexto, ofender, porque yo no vivo de escribir de vino. Tengo otra profesión, y si este fuera el último escrito que publico, mi situación económica sería, básicamente, la misma.

 

Resumiendo, utilizo mi amateurismo como arma de combate.

 

Esto se materializa en textos con matices paródicos, satíricos e irónicos. Tampoco puedo ir de alma torturada, ya que mis artículos nunca me han generado mucha más reacción negativa que alguna anécdota simpática. Los insultos o amenazas, en seis años de escribir casi todos los días, se pueden contar con los dedos de una mano.

 

Pero se me han juntado, en el mismo mes, dos sucesos que me parecen desalentadores y han hecho que dé un mérito odiseico al profesional del sector que escribe de vino con punto crítico.

 

Ambos sucesos tienen un punto en común, se basan en textos explícitamente positivos, no subtextos, no de manera implícita, que también contienen alguna crítica envuelta en comedia.

 

Realmente conozco pocas entidades que, por exitosas que sean, no sean susceptibles de crítica, ya seas el Real Madrid, la NASA, UNICEF o BMW. Yo te puedo buscar las vueltas, criticarte, y no pasa nada.

 

Al menos, no debería pasar nada.

 

Pero pasa.

 

Toca aguantar las quejas de los citados, que solo se centran en la parte negativa del texto. Hasta ahí, bien, porque asumo que, si escribo para el público, tengo que estar dispuesto a admitir sus comentarios. En eso consiste exponerse y, más allá de dudar de la comprensión lectora de los habitantes de este país (seáis de la EGB, LOGSE o cualquier otro sistema educativo), entiendo que la crítica va con la “profesión”. Cero problema.

 

Lo que sí me parece alucinante es que el lector, además de no haberlo entendido, presione al autor y al medio para que rectifique porque no le gusta lo que lee. Eso me ha pasado, y me enfada. Ya seas Nike, Pepsi o Microsoft, vivimos en un mundo en el que las marcas soportan y financian tantas estructuras, sus sinergias están tan extendidas, que un mal paso te puede costar la profesión. Eso afecta a nuestra libertad, no solo de expresión, no solo del que redacta, sino de todos, porque si el que tiene algo que contar no os lo cuenta, vosotros os los perdéis, y eso incide directamente en nuestros derechos fundamentales.

 

Porque ya nos hemos acostumbrado a un entorno en el que se hace pasar por artículos de opinión, reportajes u otros artículos, lo que en realidad es publicidad. “Contenido pagado”, lo llaman, porque estas entidades no entienden como positivo algo que no sea enteramente positivo. Sin matices, sin enmiendas.

 

“O me alabas, o no me vale”. Pensamiento único.

 

Por eso cuando veáis escritos, ya por volver a este sector, de blogueros de vinos vergonzantes y pelotas, cuando veáis vídeos de personas con problemas de contención de movimientos, verbo y producción incapaz, cuando veáis desvergonzados repartos de puntos a determinadas bodegas… pensad que la respuesta es la misma: la presión o el “contenido pagado” de las marcas. Quien sostiene a los pidecincuentaeuros por cualquier cosa, a los cuervis, a las organizaciones de pensamiento único y su soberbia, son ellas: las marcas. En este sector, “marcas” entendidas como bodegas, restaurantes, tiendas, Denominaciones de Origen o lo que sea.

 

Conclusión de hoy: divulgadores profesionales de vino de espíritu crítico que se plasma en vuestra obra… mi más sincera admiración.

 

Sois héroes, que vuestros ingresos, vuestro medio de vida, dependa de que una de estas entidades con capacidad de presión no se enfade, me parece generador de una incertidumbre con la que, yo al menos, no podría vivir.

 

Sin broma. Os admiro mucho.

 

 

 

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