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En Origen

Juan Antonio Alonso, presidente de la pujante DO Méntrida

Autor: Javier Vicente Caballero. Imágenes: Arcadio Shelk
Miércoles, 17 de abril de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Méntrida

Entre el mega latifundismo valdepeñense y el furor urbano de Madrid y sus tendencias, habita una modesta Denominación de Origen que, poco a poco, amplifica el ruido y la resonancia de su quehacer a través de la calidad.

Es la de Méntrida una histórica denominación aún lastrada por viejos hándicaps, sin embargo, a día de hoy día presenta nada desdeñables fortalezas. Cada vez más descollan las puntuaciones de sus vinos en revistas con prestigio, y los sumilleres de salas con galardón los empiezan a prescribir armonías y contrastes. “Se nos están viendo ahora los frutos de tantos años de trabajo. Cuando entré en la D.O., hace 26 años, era una zona granelera donde apenas se embotellaba... y lo que se elaboraba dejaba mucho que desear. A base de esfuerzo, los agricultores se concienciaron de ir a por una uva de calidad y de tecnificar el campo. Mejoraron las bodegas, se incorporaron enólogos jóvenes que apostaron por la garnacha... Ahí se empezó a ver el cambio”, fundamenta Juan Antonio Alonso, actual presidente de la D.O. Méntrida. Alonso alterna esta labor con sus propias viñas. “Soy economista pero vengo de familia bodeguera, desde primeros del siglo XX. En 1996 me dio un clic. ¿Qué pinto yo trabajando en seguros cuando lo que me gusta es el campo? Ya era presidente de la D.O. y decidí transformar la bodega centenaria para marcar el  camino a los vinos de Méntrida”.  

 


 

Cifras

 

La producción total anual se cifra entre 32 y 34 kilos de uva. Los rendimientos, excelentes: entre 1.500 y 2.000 kilos por hectárea, que acaban en 1.200.000 botellas al año (más de medio millón viajan fuera). 

 

 

Mensajes

 

“Es difícil comunicar con poco presupuesto. Hay que contar que los vinos van a más, que son diferentes. Las garnachas, son finas, elegantes, amables”, opina Alonso.

 


 

[Img #16076]Visitas al alza

 

Históricamente la comarca que hoy ampara los vinos de la D.O. fue concebida durante el medievo a determinados señoríos jurisdiccionales que se encargaron de los gobiernos y de llevar a cabo una rápida repoblación (siglo XII). La Denominación de Origen tal y como la conocemos actualmente nace en 1976 y sus bodegas van abriendo sus puertas para acoger un creciente enoturismo.

 

 

Percepciones

 

Alrededor de la mitad de la producción se marcha a países como Estados Unidos, el centro de Europa, Reino Unido, China y Japón, principalmente. “Desde que los grandes gurús mundiales del vino nos pusieron en el mapa, nos reconocen y valoran la calidad de nuestros vinos más fuera de España”, opina Alonso, quien acometió una profunda renovación de su propia bodega. “De las tinas de barro pasamos a depósitos de acero inoxidable. Y ahora viene de nuevo el hormigón”, refrenda.

 

 

[Img #16073]Enclaves míticos

 

Con Toledo como capital e imán turístico, la mayoría de los viñedos se ubican al norte de la provincia, lindando con Ávila y Madrid, y se extienden sobre las faldas de la Sierra de Gredos. Esta zona es irrigada por el curso bajo del río Alberche y en ella se ubican poblaciones históricas como Almorox, Escalona, Maqueda, Fuensalida, Camarena, Casarrubios del Monte y la propia Méntrida.

 


 

Queridísimas garnachas

 

[Img #16075]Un viejo lastre

 

Por culpa de malas decisiones de la Administración, los viticultores de Méntrida se vieron obligados a arrancar garnachas centenarias en los años 80. Se plantó tempranillo, cabernet franc, cabernet sauvignon, syrah, merlot... “Se modernizaron las cooperativas, y la superficie y se concentraron las parcelas. Eso estuvo muy bien. Sin embargo, el fallo fue no renovar la garnacha, no injertarla de nuevo”, añade Alonso con amargura.

 

 

[Img #16074]Nuevos aires 

 

Las variedades blancas que se trabajan en Méntrida son albillo, chardonnay, moscatel de grano menudo, sauvignon blanc, verdejo, viura o macabeo. No es posible analizar el creciente interés por Méntrida sin el empuje de firmas como Jiménez Landi, Arrayán, Canopy, la propia renovación de Alonso... “La llegada de esas bodegas resultó fundamental para poder comunicar una tipicidad y una metodología que provoca que nuestros vinos vayan a más y, sobre todo, que sean diferentes a todo lo que hay en el mercado”, apostilla Alonso.

 

 

 

 

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