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Bodegas Martínez Lacuesta

Luis Martínez Lacuesta, llegar lejos, avanzar despacio

Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Viernes, 26 de abril de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Ca. Rioja

Es el director general de una de las casas fundacionales de Rioja y miembro del selecto club de las bodegas centenarias de Haro. En 2020 cumplirán 125 años, una cifra redonda que invita a echar la vista atrás antes de mirar hacia delante.

“Vamos a publicar un libro que recoge la historia de la familia. Investigando, hemos descubierto cosas que nos han sorprendido mucho porque no estaban en nuestro archivo histórico. Ahora sabemos que quien empezó el negocio fue nuestro bisabuelo, Eloy Martínez (casado con Mónica Lacuesta), un funcionario que tenía como pasión comercializar vinos, entre ellos una marca hoy muy conocida que no citaremos. Empezó en 1895 con una pequeña tiendecita de despacho de vinos, gaseosas, té y chocolate que era algo entre delicatessen y ultramarinos en la que hoy es la arteria principal de Haro, la calle Virgen de la Vega. Después, se incorporaron al negocio el resto de sus hermanos y, entre ellos, mi abuelo Emiliano y Félix Martínez Lacuesta, una figura fundamental que fue abogado, fiscal y se dedicó a la política”.

 

¿Cuál es el secreto para seguir siendo una empresa familiar después de 125 años?

 

Somos una rara avis aunque, afortunadamente, queda alguna más, como nuestros amigos de López de Heredia. Jamás han entrado en Martínez Lacuesta un euro o una peseta que no fuesen de la familia y la mayor parte de los accionistas que hay hoy pertenecen a su cuarta generación. Aunque parezca muy simple, intentamos siempre conciliar negocio y familia. Lo difícil es tener muy clara la raya que los divide.

 

¿Os consideráis clásicos?

 

Si el clasicismo no se entiende en un sentido peyorativo, si no quiere decir que seas antiguo, me apunto a esa definición. El tiempo pone a cada uno en su lugar, afortunadamente, y cuando ves que en las puntuaciones y las catas de los países que llevan la batuta en esto nos están reconociendo –al igual que a Tondonia o Ardanza– sabes que algo estaremos haciendo bien. Hay que mantener la línea que te ha hecho grande y eso significa ponerse al día en las etiquetas y, posiblemente, recortar un poco las crianzas y utilizar barricas algo más nuevas, pero seguir en tu estilo.

 

¿Vuelven los tintos “finos” de Rioja?

 

Afortunadamente, sí, tal y como se entendían a principios del siglo XX. Te puedo enseñar nuestras tarifas de 1906 donde ponía “Rioja fino de segundo, tercero, cuarto o quinto año”, que era cuando se embotellaban. Era un tipo de clasificación anterior a la de crianza, reserva y gran reserva, previa a la creación del Consejo Regulador. Ahora vamos a sacar el crianza 2015 cuando todos empiezan a vender el 2016 porque los nuestros son siempre del cuarto año, nunca del tercero. Este tipo de tintos “finos” eran contrarios a los vinos gruesos que han estado de moda en estos últimos años y que estaban más maderizados que los clásicos, aunque con crianzas más cortas que esas estancias en roble que tanto nos han criticado. Nosotros no nos subimos a ese carro porque desde la dirección de la bodega teníamos muy claro que no era lo que había que hacer, aunque sí hemos querido hacer algo diferente porque las tendencias actuales te llevan a elaborar lo que sabes que la gente va a valorar y para demostrar que para una bodega clásica es mucho más fácil hacer un vino moderno que para una bodega moderna hacer vinos clásicos.

 

¿Qué ha cambiado en la Rioja desde vuestros inicios hasta ahora?

 

El concepto general es muy similar, y sin embargo, la materia prima ha variado sustancialmente. Coges una botella nuestra de 1928 y ves que en la etiqueta pone que contiene un 11,5% de alcohol, aunque te aseguro que no llega. De hecho, por entonces los vinos se encabezaban porque no había grado suficiente, y las bodegas estábamos obligadas a llevar un libro-registro de alcoholes. A lo largo de los años 20 y 30 todas nuestras anotaciones eran “encabezamiento de...”. Coges otra del año 53 y ves que pone 12%, que serían 11,5 u 11,6%, cuando un gran reserva de ahora tiene 14,5%. Las técnicas de cultivo han mejorado enormemente, los clones son hoy más resistentes, los depósitos de hormigón hoy son de acero y de roble y hemos ganado muchísimo en la cuestión sanitaria. En el envejecimiento, el gran cambio ha sido una renovación más frecuente del parque de barricas. Tenemos 28.000 y cambiamos al año unas 650-700, casi un 10%, pero seguimos trasegando a mano, por gravedad, como hace 100 años. Apostamos por no maltratar los vinos con bombas de succión, sino dejarlos que decanten en la barrica. Y clarificamos de perfil más premium con clara de huevo.

 

¿Cómo es el estilo de la Rioja Alta?

 

Cuando pruebas un reserva o un gran reserva de las bodegas de nuestro entorno ves que responden a una tipicidad. Son estilos que han sabido conjugar el respeto a la tradición con los toques de “modernidad” pero siempre fieles a lo que les ha hecho grandes: tempranillos que tienen una enorme vocación de longevidad con, en los vinos de más guarda, una ligerísima aportación de garnachas viejas de la rioja antes “baja” y que hoy se dice “oriental”, que aportan estructura.

 

¿Cómo se viven desde las alturas del clasicismo de Haro las novedades de estos últimos tiempos en la D.O.Ca. Rioja?

 

Soy también presidente de la Asociación de Bodegas por la Calidad (en siglas, ABC, antes “Bodegas Centenarias”) y me ha tocado conocer muy bien todo el tema de los vinos de zona, de pueblo y los viñedos singulares. Creo que es algo bueno, pero siempre y cuando no sean categorías que estén por encima de la clasificación actual del Rioja. Un vino de viñedo singular no debe verse como de superior a la de un reserva de perfil más tradicional o más moderno. ABC lucha para que ambas cosas sean compatibles, que se pueda comercializar un vino de viñedo también como gran reserva o crianza. Cuando la gente pide un reserva sabe lo que quiere y si le pones como apellido que procede de una viña singular, pues miel sobre hojuelas.

 

Una originalidad vuestra es el vermut. ¿De dónde viene?

 

Pues nace casi por casualidad. Un señor catalán llamado José María Jové entabló amistad con la familia en los años 30 y nos ofreció la posibilidad de elaborar un vermut. Comenzamos con un acuerdo por el que él nos hacía la fórmula y cobraba un porcentaje por litro y un rappel por cada hectolitro vendido. A la vista de que funcionaba, le compramos la fórmula a los dos años y lo hemos hecho de esa manera durante casi sesenta años, aunque solo teníamos un tipo de vermut, el rojo. En 2005 tuve la idea de envejecerlo en una barrica de roble americano de las que usamos con los vinos y  de este modo nació el vermut reserva, un salto cualitativo que nos posicionó en un segmento en el que, por entonces, no había nadie. Ahora todo el mundo hace vermut y creo que ha sido consecuencia de todo esto.

 

¿Cómo vais a celebrar vuestro 125 aniversario?

 

Llegar es ya, en sí, un milagro, así que pretendemos celebrarlo como tal. Vamos a publicar el libro con la historia de la familia con una gran profusión de documentación. Nosotros somos los primeros en asombrarnos de las cosas que hemos encontrado en el archivo y que nunca se habían contado. También tendremos una exposición permanente durante todo el año y, lógicamente, habrá una fiesta institucional y otra con Haro, porque hay que hacer a la villa participar del gran evento que es cumplir 125 años. Somos de Haro a muerte porque todos nuestros familiares han nacido aquí, nuestras 73 hectáreas de viñedo están en el entorno de la villa y, desde que en 1903 nos trasladamos a la que fue nuestra bodega en la calle Ventilla 71, hemos estado durante 107 años en el centro del casco urbano y hoy seguimos en una finca a las afueras. La concentración de bodegas históricas que tiene Haro es irrepetible y su significado en el mundo del vino, descomunal.

 

 

 

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