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Irreversible

Areté

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Archivo
Viernes, 10 de mayo de 2019

Según Hipias de Élide el fin de la enseñanza era lograr la areté, que significa capacitación para pensar, hablar y obrar desde la excelencia.

Hoy voy a utilizar mi espacio en Sobremesa para intentar aclarar mi ideología respecto al bajo consumo de vino en este país. Lo voy a hacer a modo de declaración de principios, y también, para que me dejen de llamar para intervenir en eventos en los que, con la excusa de fomentar el consumo, se quieren hacer pasar por válidos planteamientos, estrategias y productos que, ciertamente, me desagradan. Y es que muchos confunden mis formas con mi fondo. Ruido con señal.


Quienes me conozcan, imagino que todos sobremesers que aquí me leen, saben que mi concepción divulgativa parte de la creación de contenido de entretenimiento. Para hacer eso, recurro a la idea que yo tengo de lo que es entretenido (algo muy particular) lo cual me lleva a mezclar cualquier aspecto del vino que caiga en mis manos con la cultura pop.


Realmente en eso todo me vale, ya sea literatura, música, cine o arte de diversa calidad. Son disciplinas sobre las que no tengo ningún problema en relacionar con el vino.


Sé, evidentemente, que en #Instacata60 de lo que menos hablo es del vino, me dedico más soltar mis paridas, por aquello de que el subtexto ya dice todo lo que hay que decir de la referencia protagonista: si un vino sale en uno de mis vídeos, es que me gusta. Punto. No le deis más vueltas.

 

Dejando ese axioma claro, no tengo por qué probar el vino, ni tan siquiera abrir la botella; las que aparecen son etiquetas que, antes de llegar al plató de rodaje, me he bebido por litros.

 

Bien. Aclarado este punto, hay gente que lo malinterpreta; y no con mala intención, que conste, solo que, objetivamente, lo malinterpreta. De hecho, cuando hablo con los lectores, la mayoría malinterpreta mis textos en Sobremesa, y es que yo creo que, en general, y, sobre todo, en este sector el personal está más pendiente de lo que suponen que quieres decir que a lo que dices. Por no hablar de los que ven un doble sentido que, en muchos casos, solo está en la mente del receptor.


Con esta etiqueta de frontman con tendencia al show y joven (¡?), muchos ven en mí una persona idónea para defender cosas también desenfadadas y canallitas (escribo estos dos términos desde el asco) como beber en vaso de plástico, el vino azul, un perfect serve con hielo, el calimocho, los vinos baratos y demás estrategias arriesgadas para acercar a los jóvenes al vino a costa de todo lo demás… esas cosas y más que seguirán gestándose en la mente de los grandes emprendedores que tiene esta industria. Y no, no os confundáis, mis maneras son todo lo locas, surrealistas e idiotas que queráis, pero con lo que es el vino en sí soy de lo menos transgresor: mi idea no consiste en hacerte winelover a base de beber sangría si no a base de beber Barco del Corneta.


Mi léxico y puesta en escena pueden ser agresivas, pero el vino azul lo considero una estupidez, y si hay que infantilizar o vulgarizar ese alimento llamado vino para que lo beban los jóvenes, mejor que no lo beban.

 

El pilar básico de mi ideario es explicar esto del wineloverismo de la manera más actual posible, trabajando de la manera más profesional que se pueda los contenidos, intentando llegar a todos los lados, pero sin quitar un ápice de complejidad al asunto. Lo que yo quiero es que aprendáis mientras os divertís, algo que me parece posible, pero el temario, no lo olvidéis, sigue siendo complejo e inabarcable. A lo Robert M. Pirsig en Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, la “CALIDAD” no se toca. No creo en el "Todo vale" para que la gente consuma vino, con la excusa de que, al menos, es consumo.

 

Para nada.


El que quiera, bienvenido, y el que no, puerta.


Mi finalidad es la consecución del Areté (ἀρετή), no que la cultura del vino pase por beber cualquier cosa en cualquier sitio. Es decir, voy a intentar hacer que os intereséis por productores de culto, no precisamente baratos, pero sí pagables porque es más divertido que beber azul o vinos de tres euros.


Ese sí es mi camino.

 

 

 

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