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A fondo: Vintae

Raúl Acha, la búsqueda constante de vinos con mucha raíz

Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Miércoles, 15 de mayo de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Ca. Rioja

Es director técnico y socio fundador del Grupo Vintae, pionero en un concepto hoy muy en boga, pero rompedor hace dos décadas: una compañía que elabora vinos en zonas distintas con diferentes marcas e identidad propia.

Acha es responsable también del diseño de los vinos del grupo, procede de una familia con raíces y varias generaciones entre viñas y cubas en la villa de Cárdenas, Rioja Alta. “Un pueblo vitivinícola histórico con casi 100 bodegas de cosechero y algunas particularidades de las que estoy muy orgulloso: está en una zona muy alta y fría en las faldas de la Sierra de la Demanda y, hasta bien entrados los años 70, era tierra de claretes y blancos más que de tintos, porque la maduración estaba al límite. Hay más garnacha que tempranillo y es también el término con mayor porcentaje de viñedo plantado antes de 1936, que supone más de un 15% del total”, explica.

 

Vintae es un proyecto que ampara vinos de todos los estilos y colores en 15 denominaciones de origen. ¿Cómo y cuándo nace la idea?

 

Ahora tenemos tres bodegas en propiedad: Classica, en la Rioja, conocida por la marca López de Haro, Maetierra también en la misma zona y especializada en vinos blancos que salen con la I.G.P. Valles de Sadacia, y Aroa, en Navarra. En 2001, cuando empezamos a hacer los primeros vinos que se comercializaron, teníamos cero, pero sí que teníamos viñedos y barricas propios, así que alquilábamos instalaciones para elaborar. Aunque el Vintae que hoy conocemos nace en 2008 cuando empezamos a expandirnos y a vinificar en distintas zonas del norte de España. Hoy tenemos unas 250 hectáreas de viña propia, la mayor parte en la Rioja. Algunas de las parcelas de mi familia son de principios del siglo XX, pero también hemos ido comprando allí y en otros lugares: Ribera del Duero, Navarra, Ribera del Queiles… En cuanto a variedades, tenemos un poco de todo: graciano, mazuelo, algo de cabernet, godello, treixadura y albariño en Galicia, verdejo en Rueda, hondarribi zuri en Álava, chardonnay, riesling y gewürztraminer en Maetierra… Es un mix, curioso pero lo que más cultivamos es tempranillo, una uva que me encanta.

 

¿Qué es lo que te enamora de una viña a la hora de estableceros en un sitio?

 

Veo un lugar y me puede transmitir algo o no de forma inmediata. Es algo que se me da muy bien porque se establece como una conexión. Y lo mismo pasa con las uvas: no usamos analíticas para tomar decisiones de vendimia, nos basta con verlas y catarlas, es algo intuitivo o quizá experiencial tras muchos años en las viñas.

 

¿Cómo se trabaja cuando el viñedo y la bodega no son propios?

 

Te pondré un ejemplo. A la Ribera del Duero llegamos hace unos 15 años y lo primero que hicimos fue entrevistarnos con varios viticultores y bodegueros en busca de buenas viñas tras lo que me decanté, al final, por una zona de Burgos a unos 930 metros de altitud en busca de frescura. El acuerdo fue con una bodega que tres hermanos habían construido en pleno boom del precio de la uva en 1998-2000, así que alquilamos las instalaciones y llevamos los racimos que comprábamos para elaborarlos allí y criar los vinos en nuestras barricas. Con este modelo es con el que nos hemos extendido a las distintas zonas en las que hoy estamos.

 

¿Cómo podríamos definir el espíritu que unifica el trabajo de Vintae en los distintos viñedos?

 

Nuestra idea siempre ha sido hacer vinos con mucha raíz, pero también romper con la dificultad de la gente a la hora de beberlos, facilitarles el acceso. En las décadas pasadas ha habido una búsqueda de estructura, cuerpo y color, pero hay cierta gente a la que le cansa mucho y le parece odioso el tanino. A la hora de elaborar tenemos siempre muy presente el concepto de “trago largo”: hacer vinos suaves, fáciles de disfrutar, pero que estén ricos y tengan complejidad. Y un rasgo que nos define es que dedicamos mucho tiempo a pensar y nos volvemos muy locos buscando etiquetas llamativas, que sean muy visuales y tengan un concepto detrás.

 

¿Tenéis una querencia especial por la variedad garnacha?

 

Cuando empezamos era un momento en el que la garnacha estaba en plena crisis y no gozaba del beneplácito de la crítica que tiene hoy. En los años 60 había más garnacha que tempranillo en Rioja, pero a partir de la década de los 70 entró en declive y se fue perdiendo superficie de viña. Cuando yo estudiaba eran ya los años 90 y tenía complejo de inferioridad cuando pensaba en mis viñas, porque lo que estaba de moda era plantar variedades “mejorantes” de fuera. Nosotros, como garnachistas oriundos de pueblos en los que aún era la variedad principal, decidimos que había que hacer algo; no solo un vino, sino un proyecto que fuese más allá, reivindicando el potencial de esta uva en distintos terruños y expresiones y apostando comercialmente por ella, para lo que creamos la serie de vinos “Garnachas de España”, que empezó con tres etiquetas y hoy ha crecido hasta seis: la Garnacha Olvidada de Aragón, la Salvaje del Moncayo, la Fosca del Priorat, la Perdida del Pirineo, la de Hielo y el Garnacho Viejo de la Familia Acha. Así como el tempranillo es más estable y “fácil” porque se amolda a todo, la garnacha es más loca y varía radicalmente de unos suelos a otros. Eso la hace intrigante, rica, muy compleja, y nos encantan su balance, frescura y suavidad. Tenemos un mini documental que se puede ver en la web del proyecto en el que entrevistamos a viticultores, catedráticos de universidad y gente que comercializa vinos en distintas zonas para saber su opinión, entender por qué habíamos llegado a este punto y ubicar el lugar de la garnacha en el mundo.

 

Parece que el “garnachismo” va asociado a un tipo de trabajo ecológico o de “mínima intervención” que supone hoy casi un movimiento dentro del mundo del vino.

 

Son viñas cultivadas de forma artesanal con técnicas ancestrales de respeto a la naturaleza, parcelas pequeñas, únicas, con un encanto que te lleva a ese modo de cultivo que te pide el cuerpo cuando las ves. Cualquier zona en la que haya viñas muy viejas te pide trabajarla de la manera más natural posible porque hay un bagaje de siglos con el que te apetece continuar. Si quieres que se exprese el terroir tienes que empezar por la viticultura: con menos herbicidas y pesticidas, la uva va a ser más auténtica y más pura. Nos gusta la mínima intervención en la viña y en la elaboración, no añadimos levaduras porque el vino tiene que fermentar con las que han crecido en este medio, las maceraciones las hacemos suaves, bastante estáticas y no demasiado largas porque no tratamos de extraer. Luego, la garnacha es una variedad a la que no le van muy bien las barricas, sobre todo si son pequeñas, así que es mucho mejor usar barricas grandes, fudres, tinajas o cubas de hormigón. Todo eso se traduce en un vino que expresa lo mejor de sí y del terreno.

 

¿Son los sulfitos el chivo expiatorio de muchas otras cosas?

 

En este tema tengo mis reservas. Me encantan los vinos sin SO2 y he probado muchos excepcionales, pero quiero ver más allá porque aún no tengo el histórico suficiente para saber lo que pasará décadas después. Me daría mucha pena si mis vinos no consiguiesen llevar bien los años por no haber puesto un toque de sulfito. Soy partidario de la reducción de cantidades y de hacer sin SO2 vinos jóvenes o de consumo en pocos años, pero quiero ver lo que pasa con el tiempo en vinos de mucha guarda porque aún me resulta una incógnita.

 

 

 

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