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Raíces rosas

Rosados de Cigales, vinos que van más allá de las modas

Autor: Álex Calvo. Imágenes: Arcadio Shelk
Jueves, 27 de junio de 2019
Noticia clasificada en: Vinos D.O. Cigales Vinos rosados

Mientras media España vinícola trata de subirse apresuradamente al carro de los rosados, en Cigales celebran que el color de sus vinos estrella se ha convertido por fin en tendencia, en una corriente que ha llegado para quedarse.

Denostados e ignorados por el consumidor medio español desde hace décadas, los vinos rosados están experimentando un merecido resurgir gracias a los enófilos más jóvenes y a los mercados internacionales, un tanto saturados de músculo y potencia tras la era de los tintos maderizados y ultra concentrados que tanto gustan al autoproclamado “abogado del vino” y su paladar del millón de dólares. La paradoja nacional en cuestiones vinícolas es de sobra conocida –somos el tercer país productor del mundo, pero en lo referente al consumo y la difusión de la cultura del vino no tenemos mucho de lo que presumir–, y hasta hace muy poco era más fácil ver a un español alternar con un lambrusquito en la mano antes que con un rosado de calidad elaborado en nuestro país. Afortunadamente, desde hace unos años una corriente procedente de Francia ha vuelto a poner en el punto de mira unos vinos nacidos para divertir y seducir que pueden ir mucho más allá de la simple frivolidad enológica si se les dedica la atención que merecen. Pintones y atractivos, sí, pero también complejos, elegantes, y profundos. ¿Por qué no? Hemos viajado hasta Cigales, una de las grandes cunas del rosado español, para analizar este fenómeno de la mano de algunas de sus bodegas más importantes, muchas de las cuales han vivido en primera persona el ascenso, caída y resurrección de un vino tan querido en aquellas tierras como incomprendido fuera de ellas.

 

Vinos para no pensar


La Denominación de Origen Cigales nació en 1991 con el objetivo de sanear y modernizar una región condenada al ostracismo, y es que la inmensa mayoría de los responsables de estas bodegas hablan de la década de los 80 como el momento más bajo de su historia vinícola, con especial mención a sus prestigiosos rosados –los populares claretes, que tuvieron que reinventarse con la entrada de España en la Unión Europea–, cuya calidad había caído en picado. “En Cigales perdimos mercado hace aproximadamente 40 años porque se seguía una política en la que primaba la cantidad por encima de todo”. Lo dice Carlos Moro, propietario de Valdelosfrailes y muy ligado desde siempre a un pueblo en el que su abuelo, destinado allí por cuestiones laborales, plantó viñedos pese a que en los 60 (“una época oscura”) la tónica era arrancarlos. Gregorio Martín, de Thesaurus, va más allá y afirma con rotundidad que “hasta hace 30 años no se cuidaba la calidad ni se vendía bien, por eso vino el declive”. Gregorio, la cabeza visible de una bodega familiar que lleva casi un siglo al pie del cañón, se lamenta de las consecuencias de aquella situación: “Todavía lo estamos remontando”. Inés Muñoz, de Hiriart, se muestra más diplomática y recuerda, con cierta timidez y una sonrisa irónica, que “antes las bodegas no estaban tan bien acondicionadas como ahora”.


El rosado de Cigales no solo tuvo que luchar contra las malas prácticas en bodega y el abuso de los rendimientos de los viñedos, sino que también se vio eclipsado por el vino tinto a partir de los años 70, una época dorada que sirvió para que España se asentara definitivamente en la élite enológica mundial. Aquellas regiones vinícolas que tenían al rosado por bandera, principalmente Navarra y Cigales, se volcaron en producir tintos con mayor o menor fortuna. ¿Dejó Cigales de lado a sus rosados? Es una cuestión que invita al examen de conciencia, y frente a ella hay disparidad de opiniones. Inés Muñoz lo tiene muy claro: “Por supuesto que sí, el rosado era el hijo pobre y además no se estaba elaborando con la calidad necesaria”.  Fernando Caballero, gerente de Bodegas Frutos Villar, discrepa abiertamente y cree que “los rosados no se quedaron en un segundo plano, existe una dualidad en Cigales y cada uno tiene su camino”. Ignacio Príncipe, hijo y nieto de viticultores y actual responsable de la bodega que lleva el nombre de su padre, César Príncipe, ofrece una visión bastante lúcida sobre este tema y da pistas sobre el origen del auge que están experimentando actualmente los rosados: “Cuando el vino español se revolucionó, el rosado se hizo viejo. Ahora se reivindica porque se lleva lo vintage, pero siempre han sido unos vinos especiales, bonitos, para no pensar”, argumenta.

 

El dilema del color


Si en el mundo del rosado las diferentes opciones cromáticas generan controversia, en Cigales mucho más. Ahora está de moda el rosa pálido, provenzal, elegante y delicado; el ojo de perdiz y la piel de cebolla. Enfrente, el rosa frambuesa, frutal, intenso, vivo y primario, o lo que es lo mismo, el color del clarete de Cigales de toda la vida. Lo que hace unos años hubiera resultado casi un sacrilegio, hoy es norma habitual en esta pequeña denominación castellanoleonesa. En realidad, la tradición vino impuesta por los medios con los que contaban antiguamente los viticultores, tal y como recuerda Sergio Vaquero, responsable del viñedo de Bodegas Sinforiano: “El color tradicional de los rosados de Cigales es más intenso porque antiguamente se tardaba más en prensar la uva y el mosto adquiría más color de los hollejos; eran vinos más intensos y frutales en aromas y sabores”.  A Sergio no le supone ningún problema que en Cigales se elaboren rosados de todo tipo y prefiere que “el abanico sea lo más amplio posible”. No es su caso, pero a día de hoy muchas bodegas de la denominación cuentan con un clarete “de los de toda la vida” y un rosado más pálido enfocado al turismo y a la restauración. Tomás Jurío, gerente y director técnico de Finca Museum, es de los que creen que el rosado pálido es mucho más que una moda. “Son más fáciles de beber, más frescos y con menos grado alcohólico, su consumo está subiendo muchísimo en detrimento de los rosados más tradicionales que, aquí en Cigales, han sido absorbidos por los tintos”, señala. Inés Salas, la enóloga de Bodegas Hijos de Félix Salas, se muestra más tajante con este tema. La nieta del fundador, criada entre cepas y barricas de roble, insiste en mantener sus raíces cueste lo que cueste. Su marca Viña Picota tiene casi 30 años de antigüedad y responde al concepto de clarete clásico de Cigales. “No estoy en contra de los rosados pálidos, los acepto, pero yo no los elaboraré, no entra dentro de nuestra idiosincrasia”. Inés desconfía del futuro comercial del estilo provenzal: “Hay rosados pálidos que solo son fruto de la moda, como ha ocurrido en Alemania”.

 

Un viñedo único


Aunque las condiciones de suelos y clima hacen de Cigales un terruño idóneo para elaborar vino, su mayor patrimonio es el viñedo. “Tenemos mucho viñedo viejo y necesitamos que no se arranque –dice Inés–. En otras zonas de España el rosado se elabora con la uva sobrante de los tintos, pero aquí se utiliza el mejor viñedo para el rosado, por eso tienen tanta calidad”. La uva mayoritaria es la tempranillo, pero cada vez se planta más garnacha tinta, la variedad de moda en España, muy apropiada para dar frescura al ensamblaje debido a su elevada acidez. Entre las blancas, las cepas más viejas y más utilizadas son las de verdejo y albillo, por este orden. En 2011, el consejo regulador autorizó el cultivo de nuevas variedades de uva  (syrah, merlot, cabernet sauvignon y sauvignon blanc), pero su uso entre los elaboradores de rosado es mínimo. Pese a todo, fue un paso más hacia la modernidad de un vino que quiere reverdecer viejos laureles. “Ahora mismo se están haciendo aquí los mejores rosados de la historia”, advierte el veterano Gregorio Martín, “aunque el consumo aún tiene que despegar”. Si lo hace, a los elaboradores de Cigales no les pillará desprevenidos, porque siempre estuvieron ahí.

 


 


¿Rosado o clarete?

 


Bajo este mismo titular, Tomás Jurío publicó en 2018 un interesantísimo y más que recomendable artículo en la revista ARGI en el que, tras aleccionar al lector sobre la historia de estos dos tipos de vinos, concluye que, a día de hoy, un rosado y un clarete son exactamente lo mismo “desde el punto de vista legal de designación y elaboración”, ya que el último decreto ley publicado al respecto (1363/2011) no especifica ninguna norma de elaboración ni de composición varietal.


 

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