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Bodegas Jean Leon

Mireia Torres, de la innovación a la protección del legado

Autor: Luis Vida. Imágenes: Álvaro Fernández Prieto
Martes, 4 de junio de 2019

Es la directora general de Jean Leon, histórico del Penedès que hoy está en manos del grupo familiar, y directora de innovación y conocimiento en Bodegas Torres, además de ser la quinta generación de esta gran familia vinatera.

Licenciada en Ingeniería Química en 1994, no tenía muy claro lo qué quería hacer en la vida, pero su padre Miguel Torres la convenció para estudiar Enología y Viticultura en Montpellier, algo que él mismo había hecho poco antes en un año sabático que decidió invertir refrescando sus estudios. “Fue donde el mundo del vino me enganchó y me dije: Esto es lo mío, a lo que me quiero dedicar”.

 

¿Qué ha cambiado en Jean Leon desde su fundación en 1963 hasta hoy?

 

En el año 1994 mi padre compró la bodega a Jean Leon, que era un gran amigo suyo y que le pidió que continuara con su legado. Recuerdo que, cuando yo era pequeña, venía muchas veces a casa a comer con mis padres y les contaba que había intentado que sus hijos continuasen con la bodega, pero ninguno estaba muy interesado. Desde 2010 soy la directora y es un gran orgullo para mí. Es una bodega muy pequeñita dentro del grupo, somos 15 personas que formamos como una pequeña familia con gran espíritu de equipo en la que todo el mundo hace un poco de todo. El legado del fundador continúa, pero ha habido cambios, claro, a veces involuntarios porque la climatología no es la misma que en los años 70 y 80 y esto se refleja en el estilo de los vinos. Hemos continuado con los vinos de finca que él hacía y que son reservas y grandes reservas de perfil tradicional, pero hemos sacado una nueva gama de vinos más frescos que llamamos “3055” –el número de licencia de taxista que tenía Jean Leon en Nueva York– adaptada a un público más joven y, desde hace tres años, también unas pequeñas ediciones de unas 2000 botellas de vinos experimentales en las que exploramos otras variedades de uva o viñedos muy específicos para ver la reacción del mercado y diseñar nuevos vinos de cara al futuro.

 

Hablemos de esa finca Jean Leon: su terruño, sus uvas…

 

Es una finca de unas 150 hectáreas en total, de las cuales unas 65 son de viñedo, todo de cultivo ecológico, a unos 30 ó 40 km en línea recta del Mediterráneo. Estamos en Torrelavit, en el Penedés central, a 300 metros de altitud y con la cordillera litoral que hace un poco de barrera y refresca por las noches, porque un rasgo muy positivo de la finca es que siempre sopla algo de brisa o viento. Los suelos arcillo-calcáreos del mioceno son muy pobres y reposan sobre una base caliza, que puede a estar a un metro de profundidad o más. Jean Leon plantó en ellos en los años 60 cepas de cabernet sauvignon y cabernet franc que venían de Château Latour, en Burdeos, junto con algo de chardonnay de Borgoña y también pinot noir, que no funcionó y con la que no siguió. Mas tarde llegó el merlot y en 2010 plantamos petit verdot así que, en general, todas las variedades son francesas, pero tenemos en mente hacer una pequeña plantación de forcada y moneu, dos variedades antiguas recuperadas por la familia Torres, que podrían servir para un proyecto futuro.

 

¿Podemos seguir llamando “foráneas” a variedades como cabernet sauvignon y chardonnay que llevan más de 50 años plantadas allí?

 

El tema “autóctono” es muy confuso. ¿La garnacha es francesa o española? Cuando estudiaba en Francia tenía grandes discusiones sobre el tema con mis compañeros. Jean Leon no fue el primero en plantar cabernet: Marqués de Riscal y Vega Sicilia ya lo habían hecho allá por 1900, después de la plaga de filoxera. Pero sí es verdad que Jean Leon fue el primero en elaborar en España un monovarietal de cabernet sauvignon y abrió camino para que luego otros como Torres hicieran grandes vinos en esta línea. Yo definiría como “autóctona” una variedad que se cultiva únicamente en una región dada y como “foránea” una que viene de otra zona y que se ha extendido por todo el mundo, independientemente de si lleva en un sitio más o menos tiempo. Creo que en España tenemos que explorar porque tenemos una gran diversidad. Fui a unas conferencias de Félix Cabello, una eminencia, en las que dijo que hay más de 140 variedades de uva autorizadas, pero un 75% de la superficie de viñedo se reparte entre sólo 10 de ellas. Esto significa que el resto son muy minoritarias, aunque podrían ser potencialmente muy interesantes. En las bodegas de la familia Torres cogimos ese camino a finales de los años 80, cuando mi padre empezó el proyecto de recuperación de variedades ancestrales catalanas. Entonces se buscaba recuperar una parte de la historia, pero en los 90 se hizo evidente el cambio climático y vimos que esta recuperación había que enfocarla en las variedades de maduración más tardía, con mayor acidez y, por tanto, mejor adaptadas a un clima más extremo, con más sequía y temperaturas más altas. Ahora tenemos resultados muy interesantes, como las dos que te mencioné, y sería estupendo que esta labor se hiciese también en otras regiones españolas.

 

Este lado experimental suena muy interesante. ¿Tenéis otros proyectos en marcha?

 

Sí. Y en varios terrenos. Estamos llevando a cabo uno en colaboración con otras bodegas y con la Universidad Politécnica de Cataluña de aplicación de nuevas tecnologías para hacer mediciones del vigor de las viñas mediante drones. Así podemos cuantificar por geolocalización la cantidad de un producto que se aplica a cada zona de la parcela, lo que permite crear algoritmos para aplicar dosis mucho menores. También estamos aislando e identificando las levaduras autóctonas de cada viñedo y estudiando que combinaciones de ellas pueden ser más interesantes para conseguir el mejor carácter aromático y más cualidades en boca de los vinos de estas fincas.

 

¿Existen los vinos “femeninos”? ¿Hay una sensibilidad especial en las mujeres a la hora de elaborar?

 

En el equipo de innovación de Torres somos unas 15 personas, la mitad mujeres. Creo que los equipos en los que hay hombres y mujeres, porque funcionan mejor siempre y se complementan. En Jean Leon la responsable de viticultura y también la enóloga, Roser Catasús, son mujeres. Además, otras tres trabajan en el centro de visitas. Pero no es algo que yo busque, me es indiferente que un o una profesional sean de un género u otro. Busco el mejor perfil, la persona mejor preparada. Puede ser un tópico y hay muchísimas excepciones, pero personalmente creo que las mujeres tenemos una sensibilidad a la hora de elaborar que va por el lado de la finura, de la elegancia, aunque hay hombres que también la tienen. De hecho, el mercado va hoy en esta dirección. Cuando entré como enóloga en Torres se llevaba el “estilo Parker” de tintos contundentes, de grado alto y con la madera bien presente, pero hoy se buscan vinos con menos extracción, más frescos, más finos.

 

¿Cómo se puede llegar a un público que considera al vino como demasiado complejo o difícil para el día a día?

 

Cada vez más, el vino se entiende a través de la experiencia personal, la gente tiene que ver de dónde viene. Estamos fomentando el enoturismo con actividades y visitas a bodega y las redes sociales son cada vez más importantes. En nuestra web publicamos entrevistas con distintas personalidades del mundo de la investigación, el deporte, la cultura… Queremos transmitir el espíritu emprendedor del fundador, plasmar que si crees en algo y luchas por ello puedes conseguirlo como lo hizo Jean Leon.

 

Ya sé que es una elección difícil, pero me gustaría que eligieses uno de tus vinos que te emocione especialmente y un momento en el que tomarlo.

 

El vino icono de la casa es el Cabernet Sauvignon Gran reserva y una añada a la que le tengo especial cariño es la 2001, porque lleva una etiqueta de mi madre, que es pintora, así que es un vino que une dos partes muy emocionales de mi vida. Lo tomaría en casa, cenando con mis hijos.

 

 

 

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