Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Enviar por email
Irreversible

Wine Country

Autor: Santiago Rivas. Imagen: Daniel Cruz Valle
Miércoles, 5 de junio de 2019

“Wine Country”. O como han traducido libremente en España con, me temo, algo de mala intención: “Amigas con Solera”.

Si en mi anterior texto en Sobremesa hacía la crítica de una novela gráfica de hace unos años, hoy sí que ofrezco un contenido de actualidad al ponerme con el último largometraje estrenado en Netflix que tenía pinta de tratar, en algún aspecto, del mundo del vino.

 

Y escribo en pasado porque después de verla ya os avanzo que no; esta peli no pertenece al marginal subgénero vínico. Para nada. Es cierto que la trama se desarrolla en el Valle de Napa, pero también se podría haber localizado en Fukushima o Estocolmo y en nada afectaría al argumento.

 

Por lo tanto mi intención para con el sobremeser, al que me debo, es que a través de esta lectura eviten caer en la trampa mortal que supone el título original de esta obra y se ahorren los 103 mínutos de vida que yo he desperdiciado. Que ya no volverán.

 

En fin, al lío: esta comedia de amistad empieza con una de ellas, la gran Amy Poehler, que también es la directora del largometraje (nunca te lo perdonaré, Amy Poehler), convocando a su grupo de amigas para celebrar el cincuenta aniversario de una de ellas en Napa Valley. Las seis amigas que conforman el grupo aceptan y se van para allá. El winegang ya está presentado.

 

Las amigas le dan al vaso con fruición, cosa fina. Desde el minuto uno están con la copa que, sorprendentemente para unas no iniciadas, cogen bien. Eso sí, las llenan muchísimo, lo que ya es una señal de que el vino les importa, exclusivamente, porque tiene alcohol, lo cual no es nada winelover.

 

Y es que ya solo sueltan la copa para dormir (eso sí es winelover), llevándoselas incluso al jacuzzi.

 

Lo que es la historia que desarrolla el film la hemos visto mil veces: sí, son muy amigas, pero hay un montón de conflictos por resolver que estallan en un momento dado para, después de la catarsis, acabar mucho más amigas que antes. Sí, esta crítica contiene spoilers, quizá lo debería haber avisado antes. Pero bueno, la verdad es que no veo la necesidad de rodar esto, más allá de que el equipo de la peli se lo habrá pasado muy criminal de wineparty un par de meses en la región.

 

Lo único que podría haber quedado, al tratarse de una comedia repleta de grandes cómicas incluyendo alguna leyenda viviente (anda por aquí Tina Fey), era la calidad de los chistes, pero ahí el resultado es muy irregular. De hecho el humor es bastante cuñado (ahí tiene que haber algún guionista español); y es que un recurso humorístico que utilizan bastante es que alguien de Napa les intenta explicar cosas de la zona y ellas pasan muy fuerte. Así nos enteramos, gracias a un guía excéntrico, que más o menos esta región comienza cuando un tal John Patchett, en 1854, planta unas cabernet sauvignon. El tipo no llega a decir más porque ellas deciden interrumpirle y poner musicón. También se ríen de los “organic wines” o, atención, del tiempo en que tarda en hacerse una “paella”. Sobre este tema aviso a nuestros sobremesers valencianos de que hay peligro de que sufran un ictus si ven la peli ya que aquí la paella lleva calamares.

 

Por ser justo, cabe decir que su perspectiva “sister in law” no se queda en el vino, porque en una escena en la que van a una galería de arte también montan una buena, no sin ausencia de razón.

 

La peli es más mala que el tabaco pero, como todo en la vida, tiene cosas positivas. Los paisajes de Napa son realmente espectaculares, por lo que mis ganas de visitarla, que ya eran altas, siguen creciendo. También dan un gran consejo, y es que, en las catas, alternes mucho con el agua para no pillártela ni tener resaca al día siguiente. Muy sabio y útil.

 

Y una tercera que ni se me había ocurrido: en Napa pueden aparecer serpientes venenosas. Si ya me parecía que lo de los viñedos de Asturias con los osos era algo peligrosísimo y heroico… un viñedo con ofidios es que, directamente, me parece viticultura suicida. Porque, supongo, a un oso se le ve venir, pero a una de estas sí que no.

 

Y hasta aquí mi sesuda crítica que se podría resumir en: no la veáis.

 

La cirugía ambulatoria sin anestesia es más agradable.

 

¡De nada!

 

 

*La imagen pertenece a los viñedos Schramberg, en Calistoga

 

Enlaces automáticos por temática
Compartir en:
Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Sobremesa: revista de gastronomía y vinos
Revista Sobremesa • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress